Joaquín García Monge, 1881-1958Unas palabras

Joaquín García Monge

Repertorio Americano 25:224

1932

Dos de los jóvenes que hacen esta revista 1 me piden que les escriba algo para este número. Ya lo estoy haciendo, por complacerlos, pero en realidad ni sé qué decirles.

¿La unión de los estudiantes? Muy buena sería, pero no la veo. Unos estatutos, un reglamento tal vez obliguen pero difícilmente unen. Educados nuestros jóvenes en el sistema de la competencia y el egoísmo, y no en el de la cooperación y la simpatía, es difícil que comulguen. Cada uno va por su lado. Y es posible que así sigan, hasta hacerse mayores. Sin más preocupación que las notas bimestrales, las promociones, no es fácil que estos jóvenes vayan unidos a parte alguna que exija sacrificio. Nada los liga, y de las ligas salen las religiones: ni un ideal, ni una devoción, ni un autor, ni una vocación. En las devociones, la comunión. Lo demás es en parte robinsonear: lechar una cabrita y amaestrar un loro. Y de ahí no pasan.

Fiesta de la raza. ¿Cuál raza? Raza, raya; esto es, frontera, desunión, isla. No se aíslen, muchachos; eso déjenselo a Robinson. Más bien, la fiesta de la cultura, de la cultura hispánica definida como catolicidad, como eternidad.

Es mejor que se pongan a leer los clásicos inmortales, con amplia e intensa curiosidad, y a meditarlos, y con ello llegarán a la universalidad, a la comunión en los intereses verdaderos y permanentes del Espíritu. Júntense a leerlos por las tardes o por las noches y a su divino resplandor aprenderán ustedes a ser amigos y a dialogar; a discutir sin enojarse. Porque pueden discrepar en los pareceres y sin embargo, ser muy buenos amigos. Por no haber hecho esto, así viven estos pueblos: en discordia civil, desunidos, aniquilados. Tierras de la cizaña que empobrece y esteriliza.

Sí, jóvenes; don Andrés Bello, por ejemplo, los está esperando; agrúpense en torno 2 de su luz y de sus luces, trátenlo a fondo y se sentirán crecer en la unión y en el estudio. ¡Y como don Andrés, tantos otros! Santos tenemos, santos hay; lo que no hay son devociones; y sin devociones no hay ni entusiasmos, ni sacrificios, ni fe, ni admiración, ni religiones, ni vocaciones, ni ideas, ni ideales; esto es, se llega a carecer de lo fundamental, de lo que hace celestiales y eternos a los pueblos.

Más cultura: más cooperación, más unión, más fuerza. Lo otro es aldeanismo, esto es, suspicacia, desunión, zancadilla y enemistad. Y al final... que llegue alguien y nos engulla, y de dueños pasemos a inquilinos, y de patrias descendamos a factorías; algo, desde luego, sin señorío propio.

J. García Monge.

Octubre, 1° de 1932

 


1. Arlequín, revista estudiantil.

2. Esta mesa redonda, de nuestra época, por ejemplo, tan antigua como las culturas, que no la de los rotarios, sí que vale la pena y nos place y nos conviene! N. del autor.

Nota del recopilador: Unas palabras recibió el siguiente comentario de Gabriela Mistral: "Querido García Monge: Unas palabritas para decirle dos cosas: que leí hace meses una muy breve y perfecta prosa de usted, sacada de una conversación suya con jóvenes de San José, tan apretada de doctrina y tan densa de humanidad, que me hizo pensar en el absurdo de que usted no quiera escribir..." Rep. Am. 26:151, 1933.

 

 

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