Martin Luther King 1929-1968"Tengo Un Sueño"

Rev. Martin Luther King Jr.

1929-1968

Marcha del millón de personas, Washington D.C.

28 Agosto 1963

Tomado de www.americans.net


Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en esta que será la más grande demostración para la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadunidense, bajo cuya simbólica sombra estamos hoy
reunidos, firmó la Proclama de Emancipación. Este trascendental
decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos
negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Vino como un
lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien años
después, los negros aún no son libres; cien años después, la vida de los negros aún
está tristemente limitada por las esposas de la segregación y las cadenas de la
discriminación; cien años después, los negros viven en una isla solitaria en
medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, los
negros todavía languidecen en los rincones de la sociedad estadunidense y se
encuentran desterrados en su propia tierra.

Entonces hemos venido hoy día aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En
un sentido hemos venido a la capital de nuestro país a cobrar un cheque.
Cuando los arquitectos de nuestra República escribieron las magníficas
palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia,
firmaban un pagaré del cual cada estadunidense sería heredero. Este pagaré
era la promesa que todo hombre, sí, el hombre negro y el hombre blanco,
tendría garantizados los derechos inalienables de la vida, la libertad, y
la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy día que Estados Unidos ha incumplido este pagaré en lo que concierne a
sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos
ha dado a la gente negra un cheque defectuoso; un cheque que ha regresado con el
sello "fondos insuficientes." Pero nos rehusamos a creer que el Banco de Justicia
esté en quiebra. Nos rehusamos a creer que no haya suficientes fondos en las grandes
bóvedas de la oportunidad de este país. Y entonces hemos venido a cobrar este
cheque, el cheque que nos dará sobremanera la riqueza de libertad y la
seguridad de justicia.

También hemos venido a este sagrado lugar para recordarle a Estados Unidos la
urgencia impetuosa de hoy. Este no es el momento de darse el lujo de
enfriarse o tomar tranquilizantes de reformas graduales. Ahora es el momento de
hacer realidad las promesas de la Democracia; ahora es el momento de salir del
obscuro y desolado valle de la segregación al camino luminoso de la
justicia racial; ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas
movedizas de la injusticia racial, a la piedra sólida de la hermandad; ahora
es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de
Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento.
Este verano ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta
que no haya un otoño vigoroso de libertad e igualdad. 1963 no es el fin, sino el principio. Y los que pensaban que los negros necesitaban desahogarse para sentirse contentos, tendrán un rudo despertar si el país regresa a las mismas prácticas. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo las bases de nuestra nación
hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decirle a mi pueblo, de pie en el tibio umbral que conduce al palacio de la justicia. En el proceso de ganarnos el sitio que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de las tazas de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha
en el plano alto de la dignidad y la disciplina. No podemos permitir que
nuestras protestas creativas degeneren en violencia. Una y otra
vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza
física con la fuerza del alma. La maravillosa y nueva militancia que ha
envuelto a la comunidad negra no debería llevarnos a desconfiar de toda la
gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy día
por su presencia aquí, han venido a darse cuenta que su destino está
ligado al nuestro. Se han dado cuenta que su libertad está inseparablemente unida a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos prometer que siempre marcharemos hacia adelante. No podemos volver atrás.

Algunos le preguntarán a los devotos de los Derechos Civiles,
"Cuando estarán satisfechos?" Nunca podremos estar satisfechos mientras que
los negros sean víctimas de horrores indescriptibles de brutalidad policial;
nunca podremos estar satisfechos mientras que, pesados por
la fatiga de viajar, no podamos alojarnos en los moteles de las carreteras y
en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que
la movilidad básica de los negros sea de un barrio pequeño a uno más grande;
nunca podremos estar satisfechos mientras nuestros hijos están
despojados de su personalidad y privados de su dignidad por un letrero
que diga: "Sólo Para Blancos," no podremos estar satisfechos mientras que el
Negro de Mississippi no pueda votar y los negros de NuevaYork crean que no tienen
a nadie por quién votar. ¡No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos
satisfechos hasta "que la justicia corra como el agua y las virtudes como
una fuente quebrada,"

Yo no desconozco que algunos de ustedes han venido hasta aquí con grandes
esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recién salidos de unas
estrechas celdas. Algunos de ustedes han venido de áreas donde su búsqueda de
libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de persecución y
derrumbados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes han sido los
veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la fe de que el
sufrimiento inmerecido redime. Regresen a Mississippi; regresen a
Alabama; regresen a Carolina del Sur; regresen a Georgia; regresen a
Louisiana; regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades
norteñas, sabiendo que de alguna manera esta situación podrá y será
cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperación.

Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las
dificultades de hoy y de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño
profundamente arraigado en el sueño Estadunidense, que un día esta nación
surgirá y vivirá verdaderamente su credo: "mantenemos estos
derechos patentes: que todo hombre es creado igual." Yo tengo un sueño que
ese día en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e
hijos de dueños de esclavos anteriores se podrán sentar juntos a comer en la mesa de
la hermandad. Yo tengo un sueño que un día aún el estado de Mississippi, un
estado ardiente por e1 calor de justicia, ardiente por el calor de la
opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un
sueño que mis cuatro pequeños hijos algún día vivirán en una nación donde no
serán juzgados por el color de la piel, sino por el contenido de su
personalidad.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que un día en Alabama, con sus racistas crueles, con su
Gobernador cuyos labios gotean palabras de interposición y nulificación,
un día allí en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las
manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que algún día todo valle será elevado, y toda colina y
montaña serán allanadas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los
lugares torcidos serán enderezados, "y la gloria de Dios será revelada y
todo género humano estará unido".

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al sur. Con
esta fe podremos labrar de la montaña de la desesperación, una piedra de
esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra
nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe podremos trabajar
juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres, y este es el día.
Este será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos
sentidos "Mi País es tuyo, dulce tierra de libertad a ti te canto. Tierra
donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de
la montaña, dejemos resonar la libertad." Y si Estados Unidos va a ser una grande
nación, esto tendrá que hacerse realidad.


Entonces que resuene la libertad desde la cima de los montes prodigiosos
de Nueva Hampshire; que resuene la libertad desde las poderosas montañas de
Nueva York; que resuene la libertad desde las alturas de las Alleghenies de
Pennsylvania; que resuene la libertad desde las rocas cubiertas de nieve
de Colorado; que resuene la libertad desde las empinadas cuestas de
California. Pero no sólo esto. Que resuene la libertad de la Montaña de
Piedra de Georgia; que resuene la libertad desde la montaña Lookout de
Tennessee; que resuene la libertad desde cada colina y montaña de
Mississippi. " Que resuene la libertad de cada lado de la montaña." Y cuando
esto pase y cuando resuene la libertad, cuando resuene desde
cada aldea y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, podemos apresurar el
día en que todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y
cristianos, protestantes y católicos, podemos unir nuestras manos y cantar
en las palabras del viejo espiritual negro:
"Libre al Fin, Libre al Fin; Gracias Dios Omnipotente, somos libres al fin."


El Proyecto de Preservación de los Escritos del Dr. Martin Luther King, Jr.
aprecia la colaboración de José R. Tejada en esta traducción.


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