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Memorias de Instrucción Pública

(fragmentos)

Miguel Obregón Lizano

Costa Rica, 1861-1935

Los pobres de la tierra.org

1896-1901

 


Párrafos de algunos INFORMES presentados por el INSPECTOR GENERAL DE ENSEÑANZA, don Miguel Obregón Lizano, en los años: 1896 - 1897 - 1898 - 1900 y 1901, respectivamente, publicados en las "MEMORIAS DE INSTRUCCIÓN PUBLICA".


"Que la enseñanza debe ser fundamentalmente educativa, gradual y armónica, desde la escuela infantil hasta la Universidad, es cosa ya indiscutible.

De esta premisa parten las naciones que más desviven por la difusión de las luces para llegar a esta irrefutable conclusión: que la piedra angular de la Educación Pública no es otra que el maestro de escuela. Modelarlo, pues, en consonancia con la ardua misión que le confía el Estado, —misión que trasciende a los más claros intereses del individuo, de la colectividad donde y de la humanidad entera—, es hoy el objetivo de todos los gobiernos ilustrados.

Estéril o de mediocres resultados es la Educación Pública cuando le falta esa base esencial, cuando los encargados de impartirla no están a la altura de su deber, cuando en su profesión no miran un verdadero apostolado —todo abnegación y sacrificio— ni, por otra parte, saben estimar en su justo valor los goces íntimos que el Magisterio proporciona a quien sabe ejercerlo sin parar mientes en intereses mezquinos.

Maestro que no sepa hermanar y equilibrar en sus enseñanzas lo intelectual a lo moral, los intereses del cerebro a los intereses del corazón, dista mucho de merecer ese nombre. Supeditar la educación a la instrucción, como acontece muchas veces, es dar muestras de no conocer la naturaleza humana, atrofiar el alma del niño.

Sigúese de aquí la necesidad de pensar seriamente en la formación de buenos maestros; buenos, así en cuanto a saber como en cuanto a moralidad y buenas costumbres. Si hay algo peor que un maestro inepto, es un maestro inmoral, ha dicho uno de nuestros más entendidos Inspectores".

"Mientras la educación no conduzca al desenvolvimiento integral del niño, mientras no tome en cuenta por parejo y armónicamente su vida física, intelectual y moral, entiendo que no satisface a las aspiraciones del patriotismo ilustrado. Nuestra juventud recibe instrucción en las escuelas del Estado, Instrucción más o menos buena; pero Educación, propiamente dicha, casi ninguna. Hemos constituido un como mayorazgo a favor del cerebro, olvidando que el niño, antes que pensar, debe vivir y que los intereses del corazón están por encima de los intereses del entendimiento. La vida física, primero, después la vida moral, y en último término la vida intelectual; en ese orden las colocaría yo, según su importancia, por más que el ideal es la igualdad y armonía absolutas, la supresión de jerarquías, siendo como son miembros esenciales de un mismo organismo.

La Instrucción por sí sola tiende a mutilar al niño, desarrollando en él cierto orden de aptitudes en detrimento de todas las demás. Cuerpos sanos y vigorosos, corazones bien templados y "cabezas bien hechas y no cabezas llenas", como quería Montesquieu, es decir, la Educación Integral, el equilibrio perfecto de todas las facultades del hombre, debe ser el tópico de la escuela.

Entre nosotros se acentúa cada día más la tendencia a dar a la Educación fisonomía netamente científica, a conceder al intelectualismo un papel preponderante. Los maestros, con la vista siempre fija en el examen final, y, conocedores del criterio regularmente extraviado del público y aún de la comisión examinadora, en cuanto a los legítimos fines, de la escuela, concentra toda su habilidad en poner fuertes a sus discípulos en Aritmética y Geometría, en Gramática y en todas aquellas materias que caen bajo el dominio de la instrucción propiamente dicha, sin empeñarse mayor cosa en fortalecerles los músculos, en enseñarles de un modo razonado y sistemático [de] higiene, moral e instrucción cívica, asignaturas que les parecen de inferior categoría, fuera de que, al término de la jornada, no suelen ellas afectar el promedio global de la escuela.

En que el maestro yerre el verdadero camino influye, por otra parte, el exorbitante número de asignaturas obligatorias que comprende la Educación Moderna y la exagerada amplitud y marcada preeminencia que dan los programas oficiales a las que revisten carácter científico. En estas condiciones la escuela instruye, pero no educa; su misión queda restringida a amoblar el espíritu del niño, a rellenarle el cerebro con un sinnúmero de nociones, tal vez de inmediata utilidad, peso de un valor pedagógico muy discutible. Los conocimientos científicos adquiridos atropelladamente, por el procedimiento de estampación y con fines utilitarios, ahogan en el niño toda originalidad, toda espontaneidad intelectual y le convierten en un verdadero autómata. La escuela debe formar pensadores y no eruditos.

No se infringen impunemente las leyes eternas e inmutables de la naturaleza. Estimular en el tierno cerebro del niño un desarrollo violento, precoz y anormal, es arruinarle física y moralmente, comprometer el equilibrio de su espíritu y herir de muerte, por tanto la generación que ha de sucedemos.

La enseñanza intelectual y científica, llevada al exceso, y sin contrapeso necesario de la educación física y moral, antes es nociva que útil al individuo y a la sociedad de que forma parte. Ella no da de sí más que seres débiles y enfermizos, propensos al suicidio, pesimistas y refractarios a todo sentimiento altruista, prontos a la sedición, y, llegado el caso, dóciles instrumentos de la tiranía".

"...Estimo que es un deber estricto para mí no cejar un punto, redoblar esfuerzos y cobrar nuevos bríos, hasta no ver convertida en realidad, para honra y gloria de esta Administración, la más trascendental, estable y duradera de las reformas educativas: la reforma del maestro de escuela. Persuadido como estoy, por otra parte, de que hago obra patriótica al trabajar con tesón por el triunfo de esta idea, incapaz seria yo de arriar bandera ante los obstáculos, de cualquier género que sean, que conspiren contra ésta o retarden el éxito final.

... No perdamos de vista que en el estado actual del espíritu humano el maestro de escuela desempeña un papel fundamental; no olvidemos que la vida moderna, informada por la ciencia, ha hecho de él el primer factor de la civilización.

Basta una ligera ojeada sobre el carácter, alcances y trascendencia de su misión, para persuadirnos de que el progreso no es, en último análisis, sino la obra de este modesto artesano. Humilde en su taller, pero de él sale modelado el ciudadano del mañana; la generación que vendrá después de nosotros llevará estampado su sello. Si queremos saber la suerte que nos tiene reservada el porvenir, en balde será que interroguemos al hombre de Estado, en balde que abramos códigos y nos forjemos ilusiones en vista de nuestros grandes recursos materiales. Encaminémonos sencillamente a la escuela y consultemos al maestro: en sus manos tiene él el timón de la nave.

En la escuela reside hoy la fuerza y grandeza de los pueblos. A su lado son factores accesorios la raza, el medio y las tradiciones sociales y religiosas. La Nación Japonesa, transformada, montada a la europea en un lapso asombrosamente corto, es una de tantas muestras de la potencia regeneradora de la escuela moderna; el maestro obró este milagro. Me refiero, por supuesto, al tipo genuino del maestro, al forjado y modelado, según la gran misión que debe desempeñar.

Imprimir solidez, intensidad y unidad a la Enseñanza que se imparte en las escuelas del Estado debe ser hoy el principal objetivo del Gobierno en punto de Educación Popular. Factor ineludible para alcanzarlo, es el maestro normal, el maestro formado en el medio especial y dentro de las condiciones y de acuerdo con los fines exclusivos que ofrecen las escuelas normales; centros que, repito, no admiten consorcio con los colegios de Segunda Enseñanza y cuya condición esencial de vida es la independencia, el aislamiento, un ambiente especial y exclusivo".

"...Hombres virtuosos, bien equilibrados, bien armados contra el vicio y la miseria física y moral, es lo que la Patria reclama legítimamente de las escuelas del Estado. Mientras la Enseñanza no eduque en el sentido amplio y genuino de esta palabra, mientras la acción del maestro no tome en cuenta todas las manifestaciones de la vida infantil, mientras la palabra del educador no haga vibrar en su auditorio las delicadísimas cuerdas del sentimiento y prender en el espíritu del niño la admiración entusiasta de la virtud, el culto a la Patria, el respeto a las instituciones, la conciencia de la solidaridad humana, tengo para mí que ha malogrado sus esfuerzos y perdido lastimosamente su tiempo".

"Cada escuela y cada clase es un reflejo del maestro que la regenta, a despecho de la vigilancia oficial, a despecho de leyes y programas. La influencia del obrero sobre la obra es incontrastable. Entre nosotros no existe un tipo uniforme, bien definido y caracterizado, de escuela nacional, ni existirá mientras no nos decidamos a formar un cuerpo docente que en lo intelectual y en lo profesional no desdiga de nuestra cultura y tomar en cuenta los grandes progresos pedagógicos de la obra presente".

 

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