Pablo Neruda 1904-1973Llegará el día

Pablo Neruda, Chile 1904-1973

 

Libertadores, en este crepúsculo

de América, en la despoblada

oscuridad de la mañana,

os entrego la hoja infinita

de mis pueblos, el regocijo

de cada hora de la lucha.

 

Húsares azules, caídos

en la profundidad del tiempo,

soldados en cuyas banderas

recién bordadas amanece,

soldados de hoy, comunistas,

combatientes herederos

de los torrentes metalúrgicos,

escuchad mi voz nacida

en los glaciares, elevada

a la hoguera de cada día

por simple deber amoroso:

somos la misma tierra, el mismo

pueblo perseguido,

la misma lucha ciñe la cintura

de nuestra América:

¿Habéis visto

por las tardes la cueva sombría

del hermano?

¿Habéis traspasado

su tenebrosa vida?

¡El corazón disperso

del pueblo abandonado y

sumergido!

 

Alguien que recibió la paz del héroe

la guardó en su bodega, alguien robó

los frutos

de la cosecha ensangrentada

y dividió la geografía

estableciendo márgenes hostiles,

zonas de desolada sombra ciega.

 

Recogen de las tierras el confuso

latido del dolor, las soledades,

el trigo de los suelos desgranados:

algo germina bajo las banderas:

la voz antigua nos llama de nuevo.

Bajad a las raíces minerales,

y a las alturas del metal desierto,

tocad la lucha del hombre en la

tierra,

a través del martirio que maltrata

las manos destinadas a la luz.

 

No renunciéis al día que os entregan

los muertos que lucharon. Cada

espiga

nace de un grano entregado a la

tierra,

y como el trigo, el pueblo

innumerable

junta raíces, acumula espigas,

y en la tormenta desencadenada

sube a la claridad del universo.

 

De Canto General, 1950.

 

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