Lisímaco Chavarría, 1878-1913Sombras humanas

Lisímaco Chavarría,

Costa Rica, 1878-1913

Los pobres de la tierra.org

 

 

Cantarle a la indigencia fue mi culto

y nunca mi incensario

perfumó ni al tirano ni al estulto,

pero al huérfano sí y al proletario.

Amo la pobreza...

Esos seres que discurren por las escabrosidades de la vida llevando a cuestas enorme fardo de penurias, privaciones y desdichas, son mis hermanos. Por eso a tí, oh, mísero chinito de pupilas apagadas! dedico estos renglones, quizá los más ingenuos que haya escrito en mi existencia, los más dolorosos, los más profundamente sentidos, los más prolongadamente puros.

Cuando te contemplo allí en la puerta del mercado, con el bordón grotesco empuñado en tu mano exangüe y temblorosa, cuando te encuentro allí cubierto con harapos que te dio tal vez otro mendigo, cuando te miro la faz marchita como un cardo envejecido, como una escultura asiría y me fijo en tu sonrisa tan amarga, allí tan solo, en medio del desfile de tantos y tantos mortales que apenas descubren tu presencia, en apariencia más dichosos que tú, me parece que sueñas; sí, acaso sueñas con tu choza humilde que dejaste allá, muy lejos, en un extenso campo de Nan-Kin, tal vez sueñas con las bandadas de grullas, o con la vuelta de las palomas sagradas que se fueron una tarde de canícula en que el sol, como un rubí gigantesco, rodó sobre grandes planicies alfombradas de arrozales rubios y trigales blondos.

Los enormes eucalyptus perfumados, los susurradores bambúes: que fingen el gru gru de la seda, al ser agitados por el viento, las pagodas de techos curvilíneos, las fuentes misteriosas, los sacros cocodrilos, los quitasoles de palma, los enormes y grotescos Budas sentados a la sombra de bosquecillos de morales, el azul de las mañanas asiáticas y las tardes escarlatas del gran imperio del té, de las sedas y las lacas, con todas sus bellezas ignoradas, van desfilando en tus recuerdos, como un raro jardín que renovara incesantemente sus frondas y sus flores.

Tus vigilias y tus hambres se adormecen en el fondo de tu ser cuando piensas en tu madre que quedó allá muy lejos... muy lejos, llorando tu partida a un país desconocido.

Yo sería tu lazarillo para ver desde la altura de tus pobrezas el desfile de las soberbias humanas, cubriendo sus llagas morales con el oro y con las sedas.

Y tú también, viejo alegre, vagabundo, mereces una flor de mi jardín, tómala y póntela en la solapa de tu saco hecho girones.

Tú, más estoico que el hijo de la China, requiebras a las chicas de servidumbre que apaciguan tus hambres callejeras y cuando pasas a guisa de mozo de cordel, te sientes con los bríos de tu fresca juventud ,que se fue hace muchos lustros.

Cuando los vapores del aguardiente penetran en los rincones de tu cerebro, y los granujas limpiabotas te fastidian y te gritan — ¡muera Bolaños!- te pones en facha, tus ojos despiden relámpagos de tormenta, estallas en denuestos y apretando los puños, desafías, como un Santán, hasta al mismo Júpiter Tonante.

¡Oh, viejo alegre, bohemio josefino venido de los campos heredianos! la alegría no te ha abandonado; mientras Baco te prepara coronas de hojas de pámpano, el hada alegría te besa tus pupilas gorilescas y pasas dando tumbos por las calles de la capital, sintiéndote el más dichoso de los mortales y capaz de hacer añicos al universo entre tus manos.

Así como los banqueros se congregan y en sus banquetes epicúreos brindan por el placer y la riqueza en la copa de fino bacarat, tú, allá una mañana alegre, te uniste al taciturno ciego del país misterioso, a escanciar el vino de tus alegrías en el vaso de sus penurias harapientas, y bebisteis juntos el rico naxos de la amistad ...

Mientras la deslumbrante pedrería, la seda y el vil metal de la riqueza encubren muchas úlceras morales, vosotros, viejos en desgracia, mostráis a las humanas soberbias la piel exangüe al través de las roturas de vuestros desgarrados trajes y marcháis por la estepa de la vida en medio del desdén de las multitudes, endulzando la amargura de vuestras hondas pesadumbres con un bálsamo generoso, el bálsamo de la concordia, el bálsamo de la fraternidad. Sólo vosotras, almas no envenenadas por el egoísmo, sois capaces de comprenderos y dignas de penetrar en el alcázar encantado de la Felicidad, de la Bienaventuranza soñada por todos y encontrada por los humildes solamente.

Esas dos sombras humanas que se unen y se comprenden son uno como símbolo:—Un anciano cuasi inválido guiado por un ciego. Mejor no podría nadie representar la realidad de la existencia humana. En la vida así van las buenas intenciones, que son ciegas, guiadas por la tristeza de la impotencia, avanzando trabajosamente, pero avanzando entre la indiferencia general.—

En el carmen de mis cariños os señalo un lugar para los dos, sentaos en la glorieta que más os plazca en ese sitio.


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