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La gran oscuridad Joaquín García Monge 1881-1958

Joaquín García Monge

Los pobres de la tierra.org

1904

 

(No. 11, 26 de noviembre de 1904)

Como hemos empezado a preocuparnos por iniciar y proseguir la propaganda oral, desinteresada de la cultura en este pueblo, es preciso que apuntemos algunas de las razones que nos impulsan en este sentido.

La mayoría de la masa obrera y campesina del país jamás ocupa al día ni un cuarto de hora para su cultivo intelectual. Viven en la oscuridad y tristeza de las gentes que ignoran los asuntos de más interés para su tiempo. No tienen más motivo espiritual para reunirse que el que les proporciona cada domingo la iglesia con la misa. A esta ceremonia van muchos por temor a sus creencias o por costumbre. En ambos casos falta generalmente un sentimiento religioso fuerte que eduque o que dignifique. Acostumbrados a un ceremonial invariable desde niños, a escuchar las mismas frases, mecanizan sus sentimientos y su entendimiento, de tal modo que uno ve salir de la iglesia sombras vivientes que han aprovechado muy poco con una hora o más de estar reunidos. La misa constituye, pues, la única asociación de nuestro pueblo para fines espirituales desinteresados. Después no se reúne más para nada, ni aun con fines económicos. Es cierto que cada cuatro años se arrebañan en los clubs políticos para oír la palabra de un montón de charlatanes que se proponen sólo engañarlo. Verter en sus oídos frases sonoras que entusiasman, pero que no hacen pensar, ni dejan un rastro educativo redentor y duradero. Al contrario, lo que hacen es un cultivo de odios y de malas pasiones. Si no, oyen discursos, leen hojas sueltas van de la ciudad al campo barridas por un viento pesado de odios, y de sentimientos mezquinos. ¿Qué más leen en los meses tranquilos? El Almanaque de Bristol o El Parisiense que se los regalan en las boticas o el de la Familia Cristiana que se lo recomiendan los sacerdotes. Todas estas publicaciones se nr ponen lucrar; de modo que su influencia no será tan provecho al espíritu. ¿Qué más leen? Los diarios del país. En cada barrí hay 6 ó 10 que se suscriben, y eso, a los diarios de gacetillas de fácil digestión; si es diario de propaganda de cultura general se suscriben 2 ó 3.

Aquí está el gran mal: nuestro pueblo no puede leer, le hace mal gesto a todo artículo que pase por su espíritu limándolo haciéndolo trabajar. Le gusta el artículo que rastrea, que deja una impresión pasajera, sin que despierte al pensamiento Y digo que no puede, porque le falta la disciplina mental suficiente para comprender una cosa, tratar de asimilarla hasta hacerla material de su pensamiento. Esta disciplina mental no la ha adquirido en los 3 ó 4 años de escuela primaria porque sus educadores o no la tienen tampoco o son incapaces de infundírsela. Nuestro pueblo no sabe leer, en el sentido de comprender con claridad lo que lee hasta machacarlo y digerirlo. En la escuela primaria sólo se ha ocupado en andar cazando reglas de género, plurales incorrectos, palabras castizas y familias de vocablos. Es también un pobre mecanizador de la lectura.

La otra gran mancha de esta sombra oscura es la carencia de la educación pos escolar. Este problema ya lo han resuelto, Inglaterra, Suecia y los demás países cultos de Europa. Aquí estamos sin rumbo y muchos hombres de Estado ni lo han echado de menos siquiera. ¿Qué es la educación pos escolar?

Es la que sigue a la escuela primaria. El muchacho de la ciudad y del pueblo que concluye sus 4 ó 5 grados de la escuela primaria debe hallar por las tardes y noches, y días de fiesta, centros de cultura abiertos para que continúe su educación de hombre con más independencia. ¿Existen aquí esos centros? Algunos me dirán: las escuelas nocturnas que sostiene el gobierno. Más adelante me encargaré de probar que las escuelas nocturnas como las de aquí, organizadas según prácticas añejas hoy en desuso en Francia y España, para no citar los países sajones, no tienen ningún valor educativo, ni utilidad alguna.

Vamos detrás de la organización de esos Centros de Cultura para campesinos y obreros. Las conferencias de vacaciones de que hablamos otra vez son el principio de esa obra, en la que debemos poner todas nuestras energías, porque es indispensable. Sin una educación pos escolar racional, el empeño del Estado en formar hombres instruidos de sus escuelas, es vano. Se gasta piucho y nada se cosecha, desde luego que estos niños salidos ¿el aula y ya en sus ocupaciones no vuelven a coger un libro (nuestra escuela primaria no infunde el menor cariño por el libro y el estudio) para continuar aprendiendo, olvidan poco a poco lo que malamente habían digerido y entran de nuevo en la gran oscuridad y tristeza de la ignorancia.

 

 

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