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¡Qué juventud aquella, la ácrata!

Luis Ferrero

Lospobresdelatierra.org

1998

 

Al amigo Lic. Mario Oliva-Medina

Suelen visitarme algunos jóvenes estudiantes para platicar acerca de temas actuales. Para leer interpretativamente algún documento de la historia de Costa Rica o para comentar novedades literarias o exposiciones de arte.

Y llegan sin avaricia de ideas. Y juntos vivificamos el espíritu con las pláticas donde las ideas vuelan como palomas. Cada reunión es un convivio. Pensamos juntos en las cosas reales o imaginarias y en todo cuanto humano es. Sin egoísmo, reflexionamos buscando una mayor comunicación entre nosotros para formar opinión. Y nos guía el consejo de José Martí: "El que cree en una cosa, crece, y al crecer, crea. El que guarda lo que sabe, lo pierde; el que sabe y lo da, lo gana". Creyente de este apotegma, busco la tradición que debemos conservar, enriquecer y trasmitir a quienes nos han de seguir.

¿Por qué coger aire con redes? No contemplemos el pasado inmóvil. Busquemos los instrumentos para encontrarnos en nosotros mismos y estimular nuestra capacidad de pensar y sentir para construir nuestros cambios, según nuestro fluir histórico americano.

De mis jóvenes contertulios me llama la atención su vital añoranza. Y aún no sé cómo su poder de asimilación reconstruye en ellos la imagen de una patria apenas nebulosamente entrevista, deseando acercarla a sí mismos. Y al enfrentarla a su realidad y sentimiento, fermenta en ellos la posibilidad de una utópica (más bien eu-tópica) nacionalidad. Su método es, pues, asimilar y recrear.

***

Y he aquí el resultado de algunas pláticas sugeridas por unos recuerdos de García Monge.

En 1930, don Joaquín recordaba las fogosas, arriesgadas y clamorosas campañas de Máximo Fernández: "Don Máximo organizó, hombre de acción, partido fuerte y cobijó con su bandera a una juventud rebelde y apasionada, mucho más viril que la de hoy" (Destacado mío).

Y uno de los jóvenes exclamó: "Cada vez que se muere un viejo se pierde un archivo". Entonces aproveché la ocasión para decirles:

¿como puede la tradición llamarse tal, si ya no se la siente? Y hubo una reacción para bucear en la Costa Rica de comienzos del siglo 20 y comparar lo hallado con nuestro presente. A ello los movió la aseveración de don Joaquín. ¡Sin duda les picó lo de la virilidad!

Por la interacción de factores externos, hacia 1885 Costa Rica fue definiendo su debilidad periférica, complementaria y dependiente, ha señalado el sociólogo José Luis Vega Carballo.

Entonces se definían estratos urbanos y rurales que desencadenaba un cambio sustancial, que lentamente, adquirirá conciencia de la realidad costarricense. Se presentía la importancia de la cultura como factor político. Se abrían nuevos espacios para definir el destino propio y el de nuestro pueblo. Indudablemente se operaba un cambio en el gusto, el patrón estético elitista para los oligarcas. Y con destino al pueblo acampesinado fue aflorando pujante el cuadro de costumbres. Realismo y popularismo dirigidos a todos. Arte que hablaba en una lengua que todos entendían. Y en esas páginas se recogen costumbres y tipos sociales, retratados con exactitud o exageradamente caricaturizados. Por ende, el costumbrismo vino a ser el documento de la historia viva de una sociedad en la cual predominaba un espíritu campesino.

Mas en las letras costarricenses de principios del siglo 20 fueron apareciendo algunos gérmenes del género ensayístico. La memoria ensayística es una vía cultural que se debe descifrar simbólicamente. En realidad, el ensayo es el género eutópico hispanoamericano por dignidad, con cohesión ética por ser el "discurso" no oficial pues surgió por la necesidad de la interpretación histórica.

En Hispanoamérica, desde finales del siglo 19, el ensayo se caracteriza por ser género de confluencias y posibilidades de orientación reordenadora, cuyo tema central es la identidad. Como se puede deducir, la identidad tan anhelada, es un proceso del autoconocimiento, como contextualización dinámica, temporal y espacial. Sucede esto porque antes que táctica, el ensayo es estrategia y traducción simbólica de relaciones entre campos culturales. Como señala Liliana Weinberg de Magis, el ensayo retoma el sistema simbólico de una comunidad dada y lo retrabaja a conciencia, crítica y productivamente.

Significación y representación se vuelven a confrontar en aras de una búsqueda del sentido general inscrito en una simbólica, y, por tanto, en una sociabilidad.

Y, reitero, desde finales del siglo 19, el ensayo hispanoamericano es profético porque:

• Define una tierra donde fundar la patria.

• Imagina el país.

• Se compromete con una identidad.

• Bosqueja la proyección del continente.

• Fija una unidad que nos convierte en protagonistas de la Historia.

Por creer en lo anterior, Brenes Mesén y García Monge y Omar Dengo, conforme escribían ensayos, pretendían y aspiraban capturar eso que Aristóteles define como el phantasma, la imagen, lo que se muestra como multiplicidad indefinida de elementos amasados. Eso que ahora muchos llaman imaginario. Imaginario que no es un conjunto de símbolos míticos sino un conjunto de instituciones que cumplen unas funciones vitalmente creadoras sin las cuales es inconcebible la existencia de una sociedad. Y forjaban ese imaginario para posesionarse de él y no sentirse desarraigados.

Por ende, entendieron que el imaginario nacional es un enfrentamiento de sociedades distintas, pues no hay un solo tiempo. Todos los tiempos, todos los pasados son presentes, aunque políticamente ha habido una línea histórica de centralidad para someter a un mismo mando los plurales tiempos y espacios, las culturas y las tradiciones.

Conscientes estaban que las ideas trabajan para el futuro, fueron leyendo mucho y aprendiendo la lengua viva que ya se sabe, pues el cimiento de toda cultura debe buscarse en el lenguaje. El lenguaje es un legado vivo, expresador de una cultura que compartimos todos quienes hablamos español en este mundo de unidad y diversidad.

Y en la forjación del imaginario costarricense contrasta la concepción heredada de la oligarquía liberal. El año de 1900 marcó el inicio de la emergencia de una nueva intelectualidad en Costa Rica.

Roberto Brenes Mesén había regresado de Chile. Su regreso coincidía con la oleada hispanoamericana modernista que renovaba las letras. Él venía empapado de las novedades literarias de Lugones y de Herrera Reissig. Sentía la urgencia de combatir el realismo y el popularismo de las letras costarricenses. Sus poemas, llenos de incógnitas, sugieren la opinión de Mallarmé cuando hablaba del carácter enigmático de los simbolistas. También sentía hervores de rebeldía de los fuegos encendidos en el trato con jóvenes chilenos... Es recordadísimo su grito inicial: "Hacia la regeneración vamos". Y desde el principio establece que la educación tiene el eje social alrededor del cual debe girar un nuevo proyecto de sociedad valiéndose del sistema educativo renovado. Y proclama la educación porque estaba consciente de que las reformas de Mauro Fernández necesitaban una renovación total. Él tiene un proyecto de transformar a Costa Rica, valiéndose del sistema educativo renovado. Por supuesto, esto alarma por el sacudimiento a las estructuras de la sociedad, los más conservadores, tanto liberales como clericales que se levantan en contra de la cabeza que inculca los esfuerzos a la juventud ácrata. Es decir, Roberto Brenes Mesén se ha convertido en el símbolo de "cambio".

Los nuevos conceptos de la joven intelectualidad coincidían también con la oleada de pérdidas y recuperaciones de la fe. Esto era consecuencia del proceso de desmiraculización del mundo provocado por las ciencias, especialmente por la tesis de la evolución biológica defendida por Charles Darwin y por las ideologías del liberalismo, el racionalismo, el utilitarismo y el positivismo. Desmiraculización que animó a Nietzsche a gritar estremecido "Dios ha muerto".

Y la oleada de laicismo o des-miraculización también afectaba el campo laboral, dividiéndolo en sectores antagónicos:

• Por un lado, los afiliados a la encíclica Rerum Novarum;

• Por el otro, quienes influidos por el movimiento socialista internacional, eran impactados por la agudización entre el capital y el trabajo y la incipiente organización obrera-artesana. Prontamente los artesanos-obreros, en su concepción de cambio y métodos de lucha usados, organizaron mutualidades y cooperativas. Para defender sus ideas, los socialistas fundaron periódicos en cuyas páginas aparecían en artículos incendiarios al denunciar la miseria, la explotación y la injusticia.

Y el enardecimiento se acrecentaba en las huelgas donde los trabajadores cantaban la letra de nuestro segundo himno nacional:

Sepamos ser libres

no siervos menguados,

derechos sagrados

la patria nos da.

¡Qué temple! Desgraciadamente hoy el Estado bonofactor y paternalista lo mató. Ahora los ticos son blandengues domesticados como dijo un político. Precisamente el que los domesticó al sustituir sólidos programas de educación por erráticas y caóticas novelerías reformistas del sistema educativo.

***

A principios del siglo 20 la rebeldía de los trabajadores manifestaba el sector radicalizado. Y en esta coyuntura, la fuerte personalidad de Roberto Brenes Mesén atrajo a algunos jóvenes quienes habían militado en los movimientos populistas y radicales aglutinados en 1892 por Félix Arcadio Montero. Éste había organizado el Partido Independiente Demócrata, progresista y radical en su pro­grama. Él proclamó:

• La urgencia de suprimir el ejército.

• Descentralizar la administración pública.

• Impulsar el gobierno municipal como única institución de desarrollo de las comunidades del país.

• Fomentar la instrucción pública pues por entonces el 80,17% carecía de instrucción.

• Establecer el sufragio directo porque el sistema de elecciones de segundo grado no era democrático, pues las constituciones a partir de 1871 negaban a casi todos los ciudadanos, con la excepción de la élite, el derecho de ejercer puestos en todos los niveles. Así, los cafetaleros mantenían el monopolio ya que solo podían participar los grandes terratenientes, los que poseían capitales y los profesores, es decir, exclusivamente la élite.

Cuando iba desterrado y en alta mar, misteriosamente murió el líder Félix Arcadio Montero. Y los jóvenes rebeldes se fueron aglutinando alrededor de Máximo Fernández quien ya para 1904 había organizado un partido fuerte, concebido con un espíritu de servicio al país y a los ciudadanos y no para usufructuar puestos públicos dominados por el interés de lucro, la insania y el egoísmo.

Los jóvenes ácratas siguieron vibrantes a Máximo Fernández porque el ambiente estaba saturado de ideas de Saint Simón, Bakunin, Fourier, Pi y Maragall, Pablo Correa, Tomás Michelena, César Lombroso, Emilio Zola, Tolstoi y Ruskin, entremezcladas con el sermón laico del Ariel de José Enrique Rodó. También, conceptos de Platón, Emerson, Renán, Guyau y Spencer. Los jóvenes leían obras de autores de tal calibre, movidos por el deseo de transformar al hombre por la cultura, con un espíritu más universal. Exteriorizaban sueños de una sociedad distinta, no ubicada en islas imaginarias como la Utopía, sino en el futuro donde la esperanza, los proyectos, estuvieran al alcance de la mano. Buscaban un idealismo humanitario que los encaminase a una filosofía social.

El imaginario de los jóvenes ácratas no es más que una forma específica de ordenamiento de un conjunto más amplio de representaciones que las sociedades se dan para sí. Sueñan con una sociedad cuyos principios fundamentales se encontrarían en cada uno de los detalles de la vida cotidiana de sus miembros, una sociedad cuya representación sería la imagen fiel de su realidad.

Su pensar renovador refleja que eran intelectuales extraños al movimiento espontáneo de las masas. Y sus aspiraciones, ideales y sistemas valorativos son visiones globales del mundo, coherentes y estructuradas y representan la necesidad profunda de una época. Y, vistas a la distancia, en muchas de sus páginas que ellos publicaban en los periódicos "Vida y Verdad" y "La Aurora" se entrevé aquello que Mannheim distingue en cuatro estructuras:

• El quialismo, de la voz griega quia con que se denota incredulidad o negación del sistema en que se está inmerso.

• La idea humanista-liberal.

• La idea conservadora y

• La utopía socialista.

Y en sus escritos utilizan mucho el vocablo porvenir lo cual revela el símbolo del movimiento de reacción contra la oligarquía y el positivismo, y en esto había mucho del sentimiento krausista.

En efecto, entonces en casi toda la América española el Krausismo establecía nuevas formas de sociedad y del Estado.

La filosofía de Karl Christian Friedrich Kraus retomaba el planteamiento kantiano en torno a la razón práctica y añadía como Hegel, la aspiración de sistematizar el conocimiento y la realidad y la concepción dinámica de la Historia. De ahí que la filosofía de Krause incitara a los grupos americanos más concienzados moralmente, y que su influencia fuera profundamente renovadora. Para el Krausismo, la sociedad es un complejo organismo de comunidades, cada una dotada de personalidad en virtud de sus principios configuradores: moralidad, armonía y amor que los ácratas sintetizaban en la tríada:

• Belleza (bien).

• Amor (armonía) y

• Verdad (justicia).

Como pensamiento político, el Krausismo proponía una mínima intervención del Estado, y sí una gran participación de la ciudadanía en su propio gobierno. Apoyaba radicalmente el igualitarismo y la solidaridad, la nacionalidad y el derecho de asociación.

El krausismo defendía la plena autonomía moral del individuo y su capacidad para decidir su vida.

Proporcionaba bases renovadoras a la pedagogía y al sistema educativo, insistiendo en la importancia social de la red escolar.

Defendía la educación moral y científica como medio para el ple­no desarrollo de todos los individuos y, por tanto, de los grupos marginados. Por eso, para los krausistas tuvo un rol decisivo la educación de la mujer, del obrero, del amerindio y del negro.

Influidos por el Krausismo, estaban algunos jóvenes, entre ellos Roberto Brenes Mesén, Fabio Baudrit González, Luis Cruz Meza, Ernesto Martín, Teodoro Quirós, José María (Billo) Zeledón, Arturo Castro Saborío, Rogelio Fernández Güell, Joaquín García Monge, Claudio González Rucavado, Solón Nuñez Frutos, Rubén Coto, Ricardo Falcó, Juan Ramón Bonilla, José Fabio Garnier, Octavio Montero.

Al expresar su inconformismo con el sistema oligárquico los jóvenes demócratas luchaban por romper y cancelar lo que daba vida a la íntelligentzia oligárquica. Según palabras de Pío J. Víquez, vocero de la oligarquía, la Íntelligentzia se daba en un estricto orden jerárquico: desde arriba hacia abajo y no se debía cuestionar nada.

Y liderados por Roberto Brenes Mesén, Billo Zeledón y Joaquín García Monge, aquellos jóvenes ácratas introducían la modernidad. "Modernismo epocal" lo califica la Dra. Ana Cecilia Barrantes de Bermejo por ser un movimiento profundo, surgido de la primera gran crisis de identidad del mundo moderno, como movimiento estético-social, y por ser una renovación apasionada con una moralidad a toda prueba.

En efecto, aquella fue una renovación apasionada, iconoclasta y hasta hereje, movida por un acentuado acratismo. Sin embargo, los oligarcas para desprestigiarlo dieron en llamarlo anarquismo que siempre se asocia con dinamita. Aún algunos estudiosos siguen confundiendo el acratismo y lo llaman anarquismo, en un aparente e inocente juego de vocablos.

Para Lily Litvak, el acratismo

"no pretendía la anulación del orden y la imposición del desor­den sino la formación de una sociedad natural que no tiene reglas ni leyes porque éstas no son necesarias. En tal medio, la solidaridad y la ayuda mutua entre los hombres se desarrollan espontáneamente. Las superpuestas no hacen más que asfixiar esos fenómenos sustantivos y naturales".

Por ende, tal "modernismo epocal" tomó dos grandes cauces:

• En lo religioso, herejía, heterodoxismo, iconoclastia;

• En lo político, acratismo con cierta agresión implícita a los pilares del orden oligárquico al plantear la cuestión social como ingrediente explosivo.

Por consiguiente, surgió una nueva escala de valores. En esta lucha, los obreros y artesanos también hicieron oír su atronadora voz. Por ello, el gobierno hablaba de "movimiento subversivo", calificativo típico de cualquier dictadura.

Precisamente en esos días nebulosos para la democracia, surgía en Costa Rica el concepto intelectual, en su sentido moderno surgido a raíz del caso Dreyfus, definido por dos marcos:

• Su inconformidad con el sistema social y político;

• Su intento por influir con su obra en la sociedad al articular los temas y los problemas de una nueva cultura política, lo cual es una ruptura dentro de la línea dominante de la cultura oligárquico-liberal.

Y así, los jóvenes intelectuales Brenes Mesén, Billo Zeledón y García Monge adoptaron una posición ácrata de abierto rechazo frente a la sociedad en que vivían y aspiraban influir en ella con el instrumento que poseían: la palabra. 1

Y en efecto, con la palabra escrita y viva, en conferencias al pueblo, pudieron llegar a los obreros y campesinos para ilustrarlos mediante la crítica de sus vicios e intentaron regenerarlos para constituirlos en sujetos de su propia historia. Con esto se manifestaba al intelectual comprometido, iconoclasta y redencionista que sabía que un cambio profundo requiere, -junto a la renovación de las estructuras sociales-, una "humanización" del individuo. Y esta misión de sensibilización es responsabilidad del artista. Y para "humanizarlo", se dedicaron a combatir la inquinidad, según escribieron ellos, "radique ella en el taller o en el bufete, en el campo o en el laboratorio, en la calle o en el hogar, en el templo o en el cuartel".

Por eso, su lucha los condujo a la búsqueda de una nueva forma expresiva. Su habla se enriqueció léxicamente y no fue un bal­buceo ideológico, tardo y vacilante. Y con prosa modernista atemperada, en parte muy cercana a los clásicos españoles, la idea del artista se cargaba de religiosidad al margen de toda liturgia eclesiástica y se expresaba en "sermones laicos", tal su libro de cabecera, el Ariel de Rodó o Prosas profanas de Rubén Darío.

Por ende, por esa carga de religiosidad abundaron los términos de "vate", "adivino", "sacerdote del arte", "profeta", "intérprete de la divinidad" como se designaba al poeta.

A su vez, esta espiritualidad se ligaba con la cuestión de la "religión del arte". Era idea aprendida del Krausismo: la belleza finita tiende a identificarse con la belleza infinita de Dios, en un intento por llegar a abarcar toda la creación. Así, la belleza en su forma más pura coincide con la verdad y el amor.

Esta sacralización del artista evidencia síntomas de la crisis causada por la des-miraculización del mundo que trajo la secularización. Por consiguiente, muchísimos ácratas se enrumbaron hacia la teosofía; unos, al ocultismo; otros, al panteísmo y no faltaron pitagóricos o agnósticos. Y en ese ambiente de pérdidas y recuperaciones de la fe los jóvenes ácratas iniciaron la revisión crítica de la sociedad costarricense. Y esto representa una nueva forma de encararse a la realidad para fijar claramente la posición del intelectual y la del artista.

Por consiguiente, en la emergencia de temas y problemas nuevos marcados por la universalización de un cierto espíritu de época, hubo una lucha antiacademicista y antiburguesa. Y los

temas iban dirigidos a reformar la realidad cotidiana que giraba alrededor del café, el banano y la caña de azúcar.

Y con los nuevos aires urgía orquestar el cambio ideológico, pues el ambiente estaba saturado de ideas diferentes y contradictorias entre sí. La batalla por la libertad y la justicia civil se presentaba muy difícil. Durísima. Exigía hombres de temple, con ideas sólidas. Y en el batallar, los jóvenes ácratas desplegaron sus ideas ante los conservadores, provocándolos al combate.

En respuesta, algunos conservadores refugiados en algunos periódicos proclericales llamaron anarquistas a los ácratas. Así los llamaron para desacreditarlos, pues el anarquismo es sinónimo de violencia y muerte. De esta manera respondían, entre otras razones, al atrevimiento de implantar la coeducación y el que don Roberto propiciara el que el profesor José María Orozco Casorla, en las lecciones de Ciencias Naturales, explicara la teoría de la evolución biológica defendida por Charles Darwin. Esto trajo debates, caricaturas y publicaciones en los periódicos locales y nacionales. El juntar en una misma aula a niñas y niños y el explicar el darwinismo sucedió en el Colegio san Agustín, en la ciudad de Heredia. Y ante esta "novedad herética" -como decían los periódicos— la conservadora vida provinciana se perturbó al extremo que los oponentes quemaron la casa donde vivía Brenes Mesén y uno de los pontífices de la cultura oligárquica, el Dr. Valeriano Fernández Ferraz, tildó a la renovación educativa de "modernismo pedagógico impúdico y criminoso... que tiende a destruir a la vez el equilibrio mental y sus convicciones morales".

Pero los jóvenes ácratas no se amilanaron. Al poco tiempo fueron surgiendo nuevas realidades, entre ellas, las siguientes:

• Apoyaron la fundación de bibliotecas públicas en todas las poblaciones.

• Criticaron instituciones sociales.

• Defendieron el derecho de los ciudadanos para reunirse a discutir los asuntos públicos sin temor del sable policial persiguiendo las ideas.

• Lucharon por la prensa libre como agencia formadora de opinión pública para defender la democracia.

• Despertaron el interés del pueblo por la renovación de los poderes públicos.

• Presionaron por el sufragio universal.

• Para combatir el sufragio por grados, aconsejaron una posición concreta: el abstencionismo político.

• Y para defender la soberanía nacional no dudaron un momento en la lucha antiimperialista...

• Igualmente combatieron la militarada, las bajas pasiones de los abogados y las "malas artes" o mala praxis de los médicos.

• Impugnaron al dictador guatemalteco Estrada Cabrera y lo vapulearon.

• Combatieron el alcoholismo y a los pontífices literarios.

• Lucharon por una educación liberadora de los fanatismos y prácticas ritualistas eclesiásticas proponiendo algo así como las comunas del paleocristianismo o las comunidades tolstoyanas.

• Lucharon contra el irrespeto a los recursos naturales: principalmente la deforestación y la siembra indiscriminada de coniferas y eucaliptos.

• Combatieron los concursos de belleza porque utilizan la imagen de la mujer con propósitos comerciales degradándola al convertirla en objeto sexual.

• Combatieron la concepción machista de la sociedad costarricense.

A la vez, el furor de la iconoclastia dominaba a los colaboradores inconformes con la pasividad del medio costarricense. Ellos fundaron un periódico de radicalismo intelectual: Vida y Verdad (1904). Este periódico abriría el camino para otros que luego le sucederían: La Aurora (1905), Sanción (1908), El Rayo (1909), Germinal (1910), Hoja Obrera (1911), Renovación (1912), La Lucha (1913), etc.

Los tres editores de Vida y Verdad 2 (Brenes Mesén, Zeledón Brenes y García Monge), declararon que ellos eran "Una pléyade de conciencias, no de inteligencias que fácilmente se sobornan o corrompen". Obsérvese el uso de término conciencias; es decir, por la reflexión de las cosas tenían conocimiento interior del bien que deseaban hacer y del mal que se debe evitar.

El grupo libertario editor de Vida y Verdad, juzgaba a sus semejantes en sus opiniones, sentimientos y acciones, y el ambiente lo que los capacitaba para tomar posiciones ante problemas como la explotación de los trabajadores, la niñez, la política, el militarismo, la educación, la cultura, la naturaleza oprimente del poder, el conservadurismo clerical, la revolución rusa de 1905, el abstencionismo político y otros tópicos.

En defensa de la libertad y en uso de ella, criticaron el concepto imperante de patriotismo impuesto por los ideólogos de la oligarquía, las relaciones sociales. El periodismo de esos días salió perniquebrantado.

Propusieron mejores normas de conducta convivencial en que la belleza, la salud y la fuerza animarían a los obreros. En esto, el ansia de lucha y redención los llevó a organizar giras de conferencias para difundir las doctrinas políticas y sociológicas y el popularizar los medios legales y morales con que el ciudadano cuenta para hacer valer sus derechos...

No les interesaba el "arte por el arte" por ser algo así como la isla del arte en el mar de la vida banal. No se sentían satisfechos con las pinturas de los cielorrasos del Teatro Nacional, tan llenos de efectos barrocos: escorzos y otras ilusiones ópticas. Preferían el arte al servicio de las ideas, es decir, la fusión de la estética con la ética, un arte humanizado. Defendieron la belleza porque creían y sostenían que el arte tiene una función social. Querían conmover las emociones y a la vez, comunicar lo inefable, lo cual, en el caso de la literatura, resultó en una renovación lingüística porque ejercieron entre materia y espíritu.

Los animó un espíritu de lucha por dignificar a la mujer en su combate de la concepción machista de la sociedad costarricense. Esto asustó a los hombres vanidosos, competitivos, dominadores y violentos. En Vida y Verdad pregonaron un feminismo que asustó a los machistas de entonces que veían en la mujer una cosa tomada y poseída, incapaces de imaginar una concepción distinta de las relaciones humanas que la fundada en la fuerza y explotación del código de honor masculino. Se asustaron porque era una nueva concepción del feminismo: amplio, profundo y humano.

También sugirieron la inmigración que venga a ayudar a poner atención al problema de la tierra y a redimir al campesino de su ignorancia con una educación agrícola eficaz porque hay que conservar la tierra, sin venderla al trust extranjero.

Lucharon por la educación integral y la libertad de cátedra y en mucho se ampararon al espíritu de la novela Germinal, de Emil Zola.

Todo lo anterior contribuyó a la formación de un nuevo campo intelectual costarricense que recogía ideologías, creencias, etc., de la más variada procedencia, pero que ellos unificaron en el carácter contestatario de sus planteamientos y el deseo que sentían por crear una nueva cultura y una nueva sociedad. Y comprendían que las doctrinas no constituyen proyectos globales de la sociedad sino fragmentos de posibles sociedades que permi­ten vislumbrar elementos del nuevo proyecto de sociedad.

Puede señalarse que lo anterior fue la nota dominante del ideario de la juventud ácrata entre 1900 y 1914. Muchas de las ideas habría de permear a otros jóvenes como Anselmo Lorenzo, Antolín Segundo Chinchilla Gutiérrez, Rómulo Tovar, Juan Ramón Bonilla, Ornar Dengo, Carmen Lira, Daniel Ureña, Mario Sancho, José Albertazzi Avendaño, Víctor Manuel Salazar, Octavio Jiménez, etc. Y de ahí que algunos de estos jóvenes fundaron clubes juveniles como "La Vanguardia" en 1908 o el "Centro de Estudios Germinal" en 1912. Y ellos habrían de recoger las aspiraciones que Brenes Mesén, Billo Zeledón y Joaquín García Monge sostuvieron en Vida y Verdad y en La Aurora especialmente. De ahí que, por ejemplo, el Grupo Germinal cristalizara los anhelos de los jóvenes ácratas, el Io de mayo de 1913 al celebrar por primera vez en Costa Rica el Día del Trabajo. Día realmente de trabajo en pro de la comunidad, y no de holgaza­nería. Ese día, obreros y artesanos, maestros y alumnos, fueron a La Sabana a sembrar arbolitos, lo que luego sería conocido como el Laguito de los Niños.

Sin embargo, ocurrió entre 1915 a 1928 la cosecha de los mejores frutos de todo el ideario de Brenes Mesén y García Monge. En los años anteriores fue de redencionismo social. En esta segunda etapa lo fundamental fue el problema educativo como idea-fuerza de su ideario de cambio social y cultural. Y, el culto al hombre solar Simón Bolívar y su visión del futuro de América también los alentaba.

Y en esta etapa se suma el proyecto creador de Ornar Dengo, mediante la educación es posible contribuir a la formación de una nueva sociedad y una nueva cultura. Educar a los jóvenes dentro de nuevos idearios garantiza la formación de un ciudadano de nuevo tipo aunque no se abandonan los vínculos con las clases trabajadoras y, en general, con los sectores o agrupaciones cívicas antiimperialistas, por ejemplo a partir de 1919, el Partido Socialista de Aniceto Montero, el Partido Reformista de Jorge Volio y el Bloque de Obreros y Campesinos.

Los jóvenes ácratas pusieron mucha atención al proceso educativo y le incorporaron el análisis sociológico en la comprensión de la relación escuela-sociedad. Mas los oligarcas los acusaron de introducir metodologías extrañas como la coeducación y algunas ideas de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer y Guardia, y no entendieron que los jóvenes ácratas buscaban la construcción de una sociedad más democrática.

En efecto, tanto Brenes Mesén como García Monge y luego Ornar Dengo, llenaron el sistema educativo de doctrinas o de tesis pedagógicas con ideas que ellos reflexionaron de Johann Friedrich Herbart, Herbert Spencer y Pestalozzi entre los grandes pedagogos orientadores. Y de la pedagogía herbartiana y de la inglesa cuyo líder proclama y da base filosófica y científica al concepto de educación integral, a la vez pusieron atención al conocimiento objetivo del lado síquico del educando. Con Spencer destacaron la necesidad física y estética como aspectos imprescindibles en el desarrollo armónico del individuo, sujeto de educación. A la vez, se inspiraron en ideas e ideales pedagógicos de grandes americanos, desde Bolívar y su maestro Simón Rodríguez, pasando por José del Oro y Sarmiento y Hostos, hasta José Martí, Varona, Masferrer... Pero esta ferviente admiración de lo americano no opacaba otras devociones como las de Tolstoi, Tagore, Ruskin, Giner de los Ríos, Manuel B. Cossío, Goethe...

Para ellos, la educación no significaba comunicar conocimientos sino formar seres humanos libres, inteligentes y sensibles. Según su criterio, era urgente crear en el costarricense tres virtudes cardinales, a saber:

• La inventiva.

• El espíritu de empresa.

• La confianza en sí mismo.

Y estas tres virtudes presidieron conceptualmente los Programas de Educación Común que Brenes Mesén y García Monge prepararon en 1908. Según palabras introductorias de dicho programa:

"Hay que despertar en este pueblo la fe en sí mismo, para darle la conciencia de su riqueza y de su poder, de su posibilidad de autonomía absoluta en el concierto de naciones; de darle capacidad para todas las cosas grandes, que no es el cuánto sino el cómo hacemos lo que da majestad a los actos humanos".

Y para afianzar las actividades y relaciones humanas, tanto en la vida del hogar como en la de la comunidad, en 1918, Brenes Mesén preparó otros programas diferenciados para las escuelas urbanas y las rurales. Estos nuevos programas tuvieron intención pedagógica constructiva, de tipo práctico, con base en una teoría de la educación. Sustentaban el propósito de cultivar desde la escuela el recto sentimiento político. En estos programas se piensa en el ser humano. Junto a su crecimiento, éste debe contribuir conscientemente al robustecimiento físico y espiritual del país.

Con estos programas Brenes Mesén establecía un mutuo vínculo entre educación y política, al sostener que es necesario imbuir el deber nacional en el individuo. Recíprocamente, la ciudadanía ha de comprender que en la educación reside la potencia de su desarrollo material y de su ser espiritual. Por eso, ha de fomentarla y vitalizarla. Pero se ha de llegar a un equilibrio entre el individuo y la esfera político-social.

Por tanto, la educación ha de ser integral y armónica y simultáneas han de ser la formación moral, la intelectual, la estética y la industrial, pero no debe soslayar la física y la económica, siempre a cargo de maestros y profesores con asidero ideológico que realmente crean en la idea del educador como formador y difusor cultural que defina claramente la relación con el proceso democrático y la importancia social en el futuro desarrollo institucional de nuestro país.

Y por ello, los programas de 1918 se fundamentan en cuatro aspectos filosóficos:

Capacitación para vivir, el ser humano, sujeto a todas las necesidades biológicas: salud, nutrición adecuada, vestido, habitación, etc, debe comprender este problema: el trabajo de sus manos, le adiestra y le da la noción de que es capaz de mejorar su vida mediante su propio esfuerzo.

Capacitación para pensar y cuestionar. Para que la inteligencia del hombre proceda es indispensable la libertad. La educación debe desenvolver la personalidad para crear el ciudadano completo, el hombre de mente activa, el creador.

Capacitación para sentir. La importancia moral de la belleza es indiscutible y constituye elemento principal en el desarrollo de la cultura. Don Roberto, al tratar de interesar a la escuela en todo. Aquello que signifique belleza pura: música, pintura, las mil y mil formas de belleza natural, sus sentimientos se afinan, ama las cosas, se acerca a Dios y adquiere bondad, virtud, limpieza moral.

Capacitación para construir. Mediante un ejercicio constante de la inteligencia el ser humano adquiere hábitos, aptitudes, habilidades, y así se capacita para construir.

Todo el plan educativo de don Roberto va encaminado a esas dos metas: construir y sentir.

En síntesis, Brenes Mesén luchaba por una escuela democrática con justicia y bondad, y no por una educación anémica.

¡Cómo duele que se haya echado por la borda la lucha educativa de los jóvenes ácratas! Ellos pelearon limpiamente por una educación formadora del desarrollo del hombre, por su crecimiento espiritual. Es decir, auto-educación para producir un cambio esencial y poner de manifiesto las posibilidades de cada persona. 3

***

Y ahora, tratemos algo del ambiente en que vive la actual juventud.

Cada época es diferente. Sería injusto comparar a los jóvenes de hoy con los de principios del siglo 20. Los cambios experimentados por las estructuras políticas y sociales tuvieron repercusiones que no se pueden soslayar. Sin embargo, un mutuo acercamiento puede ser acción provechosa para apreciar en qué cojeamos, pues la perspectiva histórica debe ser clarificada para entender nuestro hoy, ya que el marco de referencia en que se sitúan es significativamente diferenciado.

En la actualidad, el mundo entero, con el proceso llamado globalización que es mundialización, redefine la política, fija nuevos límites de lo privado y de lo público, las esferas de la sociedad civil y de la sociedad política.

Los jóvenes que me visitan, por mi recomendación, pudieron hurgar en viejos periódicos que son parte de nuestro patrimonio histórico cultural. Se enteraron de cómo los jóvenes ácratas no dudaron en desafiar los temas imperantes de la sociedad oligárquica y enfrentaron a la democracia las exigencias morales.

Concluyeron en que muchos ideales de los ácratas están sin cumplir. Y se interrogan cómo continuar enriqueciéndolos para crear un mundo nuevo y un hombre nuevo.

Mis jóvenes contertulios se sorprendieron de la apabullante actualidad que aún tienen muchísimos de aquellos planteamientos. Descubrieron que la verdad anda por otros caminos.

Y conforme profundizaban en esos años contradictorios, los jóvenes pudieron ir comprendiendo que la lucha de los ácratas de principios del siglo 20 no iba contra el cuadro de costumbres. No era renegar del americanismo. Mas bien, era transformar su propia cultura en una cultura moderna, con ambiciones de universalidad.

Alborozados me comunican muchos de sus hallazgos, y me confiesan que ahora se sienten en una encrucijada y no saben dónde empezar. Sin embargo, a los jóvenes de hoy no les ha faltado virilidad: han derrumbado muchísimas vetusteces y están creando una modernidad de fuerza transformadora, transfiguradora, aún no asimilada ni comprendida por la inmediatez y magnitud de los hechos. Y por eso, me recuerdan que tanto ellos como nosotros, vivimos metidos en una sociedad cuyos medios de comunicación nos bombardean modificando nuestra visión de las cosas, uniendo a todos en una conciencia planetaria.

Por ello, están conscientes en que no somos una aldea. Somos un numeroso pueblo nuevo. Somos la resultante de la mezcla de antecedentes humanos, de muchas sangres paternales y ma­ternales, distintas y alejadas.

También están conscientes en que ahora la idea nacional se debilita, y las fronteras se van disolviendo en un concepto diferente de lo nacional, haciendo crujir principios básicos del Derecho Internacional: conceptos de soberanía, no-intervención, y el libre determinismo de los pueblos.

Presienten que no tarda en llegar el día en que la idea de nación sea sustituida por la de comunidad, pues saben que la noción raza ha sido sustituida por la de grupo social. Y así, querámoslo o no, ya empieza a generarse entre nosotros una comunidad global mexicano-centroamericana como un mosaico de "grupos sociales" no desligados entre sí sino en interacción, en este anillo de microelectrónica y de la biotecnología que se abre ofreciendo oportunidades y definiendo políticas, tanto internas como externas.

Y suelo aconsejarles la defensa de la identidad para resistir los furibundos ataques que sufrimos de la globalización o mundialización. La cuestión actual no es cómo integrar lo propio en el movimiento de lo universal, sino cómo injertar la diversidad del mundo en lo costarricense. Solo así, para romper el conflicto entre lo universal y lo particular. Y, por supuesto, que recuerden que ahora más bien somos universales y que no hay particularidades y universalidades, sino universalidades históricas.

En carne viva sienten que la generación mayor los considera apáticos, conformistas, de primitivismo síquico, adoradores de los sentidos, despreocupados, inconstantes e incoherentes. Y los jóvenes se burlan de los mayores que omiten la rebeldía a los prejuicios y a los intereses mezquinos, a las pasiones y al qué dirán, al acomodarse para tener un futuro seguro, etc. Pero los jóvenes reconocen en que no han podido desarrollar sus virtudes para transformarlas en carácter.

Al reconocerlo, lanzan acusaciones muy graves: "Nos anulan cuando queremos demostrar nuestras capacidades. Faltan políticas coherentes". "Nos gobiernan políticos light, que prometen una cosa y hacen lo contrario". "Ya no hay realmente un periodismo viril, sino revistas noticiosas mediocremente light".

Y con el término light se burlan de la indecisión, la falsedad, lo no auténtico: pues ya las hamburguesas son light, los diputados y jueces son light, la educación es light, etc. Para ellos, en Costa Rica, todo es light.

Dicen que por lo light ya no hay opinión pública. No se cuestiona lo esencial. Para engañar la conciencia, hay la simple crítica de cosas intranscendentes y triviales de hechos cotidianos.

Y lo peor, eufemismo hipócrita y cómplice de la demagogia. Y angustiados me preguntan: "¿Se ha declarado un muera la inteligencia y hay una prohibición para pensar?" Salgo del aprieto diciéndoles que cuesta encontrar en nuestros periódicos la opinión pública porque los personajes que suelen aparecer en periódicos, por lo general, la mayoría, se inclina siempre para donde calienta el sol.

También me dicen: "Somos una generación huérfana. No hemos tenido conductores espirituales insobornables, con suficiente capacidad para inspirarnos grandezas". Es decir: nos acusan a la generación mayor de no haber dado un mentor como García Monge a quien no pudieron corromper con dádivas para conseguir de él una cosa. Acusación muy grave y dolorosa porque indica ruptura. No se integran las generaciones, la vieja y nueva. La vieja ha sido incapaz de trasmitir un mensaje que podría orientar a la nueva. No se ha trasmitido o enseñado la sabiduría de los viejos. Por otro lado, la nueva generación se ha encontrado un mundo relativamente construido, pero no se ha percatado que estamos penetrando en un mundo táctil, visual y sonoro que nos lleva a la mesocracia que es la moda. Pareciera que nada le importa que esta época atómica nos está resultando frivola y mugrienta, y que al destruir la naturaleza juega con la supervivencia humana.

Señalan cuan falsa es la pregonada retahila de su incapacidad. Ellos arguyen que salen de los colegios sin capacidad para enfrentarse a los retos ambientales. Quieren disipar el tramo de nieblas sociales en que la expresión fetiche es "hacer dinero". ¡Cuan arraigada está la avaricia por el dinero! Poderoso caballero es Don Dinero, dijo el inmortal Quevedo. Y en efecto, en la Costa Rica de hoy Don Dinero da éxito social según la moda fugitiva y transitoria, según el capricho del momento consumista que equipara la dignidad humana con cualquier mercancía. Por eso, desaladas andan las almas por "hacer dinero" a cualquier precio, ya sea sevicia o abuso del poder o echar por la borda la moralidad al "lavar dinero" del narcotráfico. Y esto alimenta el subdesarrollo. Recuérdese: subdesarrollo mental es subdesarrollo económico.

Al preguntarles por qué dicen que se frustran sus cerebros, me dicen que el culto al diploma les cierra las puertas cuando quieren definir su vida. Se topan con una muralla inexpugnable donde se rinde culto a un "cartoncillo" y no se atienden las capacidades del individuo. Y sobran quienes ocultan su desnudez intelectual con un diploma dudosamente ganado pero que les sirve para ampararse como si fuera un hojita de parra. Y al criticar esta titulomanía dicen que ésta favorece el predominio del matapalo que es la mediocridad. Y a la mediocridad se une el palanganeo, o sea debilidad de voluntad y de carácter para resolver los problemas. Tanto la mediocridad como el palanganeo favorecen aquello que expresa el refranero: "Machete estáte en tu vaina", "El que venga atrás, que arree", "Hallarle la comba al palo", etc., etc. Por consiguiente, la mediocridad y el palanganeo alientan el proceso de deshumanización y la crisis de valores ha hecho del tico actual un ser des-individualizado y arrebañado y un muñequillo que zangolotean las empresas publicitarias a su antojo.

También se sienten atascados para combatir la corrupción en la cosa pública que ya invade la vida privada al generar multiplicidad de operaciones tecnológicas, distribuidoras y mercantiles que los avasalla. Por ello, se sienten desorientados, pues el entorno los anula sin que puedan arremeter y expresar sus dudas y proyectos.

Y cada vez que toco el problema juvenil con mis jóvenes contertulios, ellos me hacen sentir la urgencia que debe resurgir el espiritualismo o idealismo humanitario de los jóvenes ácratas de principios del siglo 20. Insisten: que debe resurgir en fuertes convicciones morales, mantenidas a prueba de fuego al luchar por contenidos políticos que defiendan al individuo y propongan su dignificación y su pleno desarrollo, sin olvidar la solidaridad. Y todos coinciden en que "esta vuelta a la moral", empiece por la vida política para que vuelvan las seguridades económicas, sociales y culturales. Para que asegure fuente de trabajo, alimentos, salud, medidas sanitarias preventivas, una educación adecuada a los tiempos modernos, vivienda digna y que no se malogren los talentos creadores.

También están convencidos que no debemos llorar por el pasado o reparar espíritus rotos. Que del pasado saquemos lo que sigue vivo y nos da identidad. Y concluyendo, me dicen: Meditemos en cuáles valores debemos conservar, pues no somos unas momias anquilosadas. Somos conciencias. Somos seres vivos y vivamos nuestra época anhelando la eu-topía.

***

Gracias al cielo, me dicen, vivimos una crisis que indica dinamismo. Alegrémonos que el sistema cultural funciona y al mismo tiempo evoluciona según las crisis.

Anhelemos la eu-topía, me dicen mis jóvenes contertulios. La idea de una sociedad eutópica justa y bien entendida. Una sociedad artística y no militar, como señaló Gyórgy Konrad. Sin eutopías, el hombre pierde todo atractivo.

Sí, jóvenes amigos, dije a mis jóvenes contertulios, hay que desear la eu-topía. Pero no dejemos de lado, como cosa inútil la tradición. Acudamos a ella con admiración creadora porque esto permite llegar a algo más elevado y al mismo tiempo más íntimo. Para entender la vida, junto al conocimiento, se afina el sentimiento para lograr una aspiración moral e intelectual que desemboque armónicamente en el afecto y en el carácter. Y sobre todo cultivar el carácter, porque haciéndolo, la juventud no se dejará arrastrar por los desmoronamientos que en estas naciones de América son tan comunes.

Y jóvenes con carácter serán la inyección de ideales que transformen la administración del país para estudiar los asuntos nacionales, y como los grandes hombres desde Pericles han sido los que devoraron su vida, inteligencia y corazón a servir a los olvidados de los poderosos. No se trata de un rompimiento con el pasado, sino de una transición a un estado de conciencia social más en armonía con la nueva concepción de las funciones vitales del organismo político. Todo debe girar alrededor del ser humano porque han olvidado los políticos -quienes se han preocupado más por el Estado como organización que del ser humano- razón de esa organización.

Jóvenes, no importan tropiezos. Siempre hay alguien dispuesto a meter hombro en las empresas generosas, aún cuando más solo cree estar uno. Y si se tienen ánimos y voluntad, las ansias no se desgajan y no se deshacen en humo.

 

Notas:

1. Por ejemplo, por la palabra, los ácratas obtuvieron en 1903 un triunfo inicial al aprobarse la actual letra del Himno Nacional, escrita por Billo Zeledón, que es un canto a la paz y al trabajo, en vez de la letra marcial anterior.

2. Es muy útil consultar del libro Roberto Brenes Mesén; conductor e ideólogo de la Costa Rica de 1900 a 1947, de Carlos Bermejo Martínez. EUNA, 2002. Allí, el lector podrá ampliar la enorme influencia de los periódicos Vida y Verdad y La Aurora.

3. Y les expliqué eso que ellos llaman "zangoloteos" que se debe a:

•Emma Gamboa Alvarado, quien al no ser nombrada directora de la Escuela Normal de Costa Rica movió cielo y tierra para que la naciente Universidad de Costa Rica creara la Escuela de Educación y la nombraran decana, con el propósito de formar administradores escolares.

•José Figueres Ferrer y Uladislao Gámez Solano, quienes cedieron ante presiones de los Estados Unidos para desmantelar los principios filosóficos del sistema educativo costarricense.

•Guillermo Malavassi Vargas, quien cerró el Instituto de Formación Profesional del Magisterio.

•Oscar Arias Sánchez, quien violando la autonomía universitaria, ordenó a las universidades estatales restringir las inversiones con el propósito de favorecer la aparición de Universidades privadas, que surgieron como abejones en mayo.

•Los diferentes ministros de Educación quienes cedieron a las presiones de grupos poderosamente económicos en vez de vigilar los intereses de la Patria.

 

 

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