Miguel de Unamuno y Jugo, 1864-1936En estas tardes pardas

Miguel de Unamuno, España, 1864-1936

1924

 

En estas tardes pardas,
mientras tardas las horas resbalando
van dejando tras sí huella de tedio,
el único remedio, ¡triste estrella!,
tan desterrado al verse
es acogerse al golfo del recuerdo
de lo que nunca fue.
Es soñar un pasado venturoso,
¡hermoso sueño!,
es con el sueño rehacer la vida
perdida ya.
Es volver a vivir del tiempo fuera,
en la esfera bendita
de la infinita libertad,
la de soñar que fue lo que no fuera.
No, no con Rosa, fue con Margarita,
y cerrando los ojos, ¡fácil cosa!,
a la verdad,
a la verdad tiránica, intratable,
cuán dable es construir un nuevo nido
prendido allá en las nubes irisadas
que mece el aura de la eternidad.
¿Fue lo que fue? ¡Quién sabe!...
La nave surca el infinito océano,
y en sus cristales,
iguales todos,
no deja trazo de su errante surco
ni huella en su regazo.
No, no es sino ella,
la nave misma, sí, rápida o tarda,
la que guarda esas olas que pasaron,
o las que sólo fueron
sueños del mar.
¿No llevamos en esta nave acaso
lo que al paso soñamos
y en sueños sólo fue?
De la ilusión al viento va la vela
y la estela borrándose,
mas las olas, las brisas,
sonrisas de los mares y los cielos,
de anhelos llenan la desierta nave
que no sabe do va.
Y en su carrera, corta o larga,
esos anhelos son su carga;
lo que soñamos es nuestro tesoro,
nuestro caudal,
el oro de ilusiones que ganamos,
ricos en sueños,
y dueños sólo del ideal.
Recuerda, pues, o sueña tú, alma mía
--la fantasía es tu sustancia eterna--,
lo que no fue;
con tus figuraciones hazte fuerte,
que eso es vivir, y lo demás es muerte.

De Rimas de dentro, 1924

 

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