www.Lospobresdelatierra.org - Inicio
Enlaces
Correo
 
Búsqueda:



un servicio cortesía de Freefind

-Consejos para las búsquedas-

 

Omar DengoMi anarquismo claudicante

Omar Dengo

Los pobres de la tierra.org

1923

 

Ojalá pudiera florecer mi vida en las bellas excelencias que se me atribuyen.

Con muy poco más vengo a ser yo, en el concepto exagerado de La Prensa, el fundador del Partido Reformista. Sus ideas, dicen ellos, nacieron en gran parte de una siembre que hice yo, años atrás, en el "Centro Germinal". Siembra fecunda a lo que parece. Sólo que fueron muchos los sembradores y mis manos apenas si dejaron caer alguna simiente.

La simpatía con que se me honraba, no obstante ser escasa mi edad y excesiva mi ignorancia, me permitía ser oído por los trabajadores. Y, es claro, cuando advertía que mi opinión tenía ante ellos un prestigio, la vanidad o el entusiasmo —no lo sé bien— le daban a mi voz la entonación de la voz del maestro. Pero esta voz no se levantó nunca para enardecer las concupiscencias del instinto, sino que siempre se esforzó por llevar en lo alto, como un penacho, una idea. Si algo hice, [ja]más pretendí enseñar que intenté exaltar pasiones. Y si alguna vez acaricié los leopardos de la pasión, nunca fue para uncirlos al carro de mis egoísmos. No rehuí tampoco las más graves responsabilidades, no esquivé los riesgos, no negué los sacrificios. Modesto todo, si se quiere, pero todo generoso. Toda mi primera juventud, con su ardor de fuego, estaba allí palpitante y bella.

Ella se expandía en una vasta ansiedad de luz, y su sed se llenó con el fulgor rojo de aquel fuerte pensamiento demoledor que agitaban los Bakounine, los Kropotkine,* los Gorki, Luisa Michel y cien príncipes más de la Revolución Social. Era la hora del anarquismo en el mundo y las más fuertes juventudes empuñaban el pendón rojo. En el Continente, los Lugones y los Ingenieros, en La Montaña, nos habían dado con Ghiraldo y Ángel Falcó, el ejemplo.

¿Qué hice yo allí? Leer, pensar, soñar, amar la justicia y la libertad; creer y, lo confieso, hasta blasfemar. En el fondo, buscar en mi conciencia, poblada de lampos rojos, al hombre que en mí pudiera servirle a su país, sencillamente, en el corazón de los humildes entre los cuales nací con el dolor con que tantos de ellos vienen al mundo.

Y hubo momentos preñados de tempestad. El país no se daba cuenta aquella silenciosa ebullición de ideas, que era como una colmena en mitad de la pampa. Pero, sin embargo, pudo haber estremecido al país. Las audacias llegaron a ser muchas, las responsabilidades gravísimas, y sólo la casualidad, oportuna y sabia, pudo evitar a veces que de las ideas surgieran las llamaradas. ¡Bárbaro error! Mas no ha llegado ni llegará nunca, por mis labios, la voz delatora de las revelaciones.

¿Qué hacían mientras tanto los más de los trabajadores y qué hacían muchos de los que más cerca de mí estaban? Aquéllos, combatirnos; éstos, salvo muy raras excepciones, desconfiar y dudar, en la creencia de que la gestión de los que predicábamos buscaba arteramente alguna prebenda. Don Omar, como me llamaban, quería ser Diputado. Como si el camino, en aquellas circunstancias, hubieran podido ser ellos. El camino estaba claramente trazado en el seno de las Directivas de los Partidos Políticos. No en aquello que iba contra esto. La vida que después he hecho les ha demostrado que no buscaba curules.

Pero, desgraciadamente, ésta ha sido una característica de la actitud de nuestros trabajadores, en la mayoría de los casos. Si alguien los llama para servirles, es que quiere engañarlos; si los llama para servirse de ellos, entonces acuden sin vacilaciones. Uno tras otro, casi todos los hombres que aspiran a ayudarlos en la solución de sus problemas, han terminado por alejarse de allí maltratados y desencantados. Y no se diga que a tales hombres les faltó fuerza para sobreponerse a las desilusiones, sino que les faltó ambiente para construir una obra útil. Las dificultades primeras suelen presentarse una vez [...] para plantear los problemas como realmente son, hay necesidad de apelar a la franqueza y declararle a los trabajadores cuáles son sus derechos pero también cuáles sus deberes; cuáles sus méritos, pero también cuáles sus defectos; cuáles sus aspiraciones legítimas y cuáles las bastardas.

¡Cuántos de los reformistas pertenecieron al "Centro Germinal"! ¡Cuantos lo combatieron! ¡Cuántos fueron desleales! ¡Y hoy todos vienen a reclamarme mis palabras de entonces!

Si me diera por preguntar concretamente cómo se justifican las actitudes de mis compañeros, en diferentes ocasiones posteriores a la muerte del Centro, no terminaría en pocos momentos la ingrata tarea. Mas nunca he querido empequeñecer mi mente en la búsqueda estéril de contradicciones a las cuales imputar culpas mezquinas.

Yo sí cambié de ideas... Abandoné la tribuna del taller y vine hacia la tribuna del aula, a servir a los humildes. Los puestos, puedo demostrarlo, no los solicité. Me llamaron a ellos. Comencé a trabajar con un sueldo de treinta colones y si hoy recibo uno que puede juzgarse lujoso no lo pedí, que lo pidió para mí un grupo de profesores. Y cuando ha habido que trabajar sin sueldo, así he trabajado. Con la misma devoción con que trabajo, en posición ostentosa, en la Escuela Normal, trabajé en posición oscurísima, en la escuela primaria de La Caja.

Mal aquí y mal allá, no lo dudo. Lo que no logro encontrar son los rastros de la conveniencia. Si otros los encuentran, pues que se deleiten convirtiéndolo en escarnio. No les envidio la faena.

Dos veces he tenido en mis manos la Dirección del Liceo de Costa Rica y dos veces he preferido la que ahora desempeño, dando por razón que prefiero trabajar al servicio de los hijos de obreros y de campesinos que desde todos los ámbitos vienen a la Escuela Normal. Y dentro de ésta, nada me satisface más que lo de saber que la señorita más rica y más distinguida y el varón más pobre y de más modesto origen, en mi espíritu son hermanos.

Y cambié de ideas en otro sentido. Llegué a creer que el odio y la violencia, la bomba y la daga, y la llama, no resuelven nada. Nada que pueda ser permanente.

Llegué a creer también que redimir al hombre de la miseria, sin redimirlo de la pasión y del vicio y de la ignorancia, no es ninguna seria solución de ningún problema.

Como llegué a creer que el mal más hondo, el profundo mal donde se forja la tragedia humana, no radica en la diferencia entre ricos y pobres, sino que arraiga tenazmente en la actitud del espíritu la cual, para mí, está determinada por designios cósmicos que no conocemos. Para mi pobre misión de ahora el problema está en si el miserable o el potentado tienen el corazón, independientemente de si poseen o no poseen bienes, atado a los impulsos del egoísmo, de la avaricia, de la crueldad, del mal, en suma.

Pero interminables se tornarían estas palabras, si hubiesen de explicar todas las mutaciones de mi criterio y las amplias razones que las motivaron.

Es verdad que el régimen capitalista está cargado de yerros, pero no lo están menos los sustitutos revolucionarios. Y en ambos sistemas, a más del error, suele haber infamia. Ni Philip Snowden, en el Parlamento inglés, ni Clemenceau ni Mussolini, tienen en la mano la clave de los destinos humanos. La cadena puede responder a una verdad, con su estridencia tenebrosa, como la tea puede responder a una verdad, con su fulgor libertario; pero ni aquélla mantiene atada, ni ésta ostenta encendida a la definitiva verdad subyacente en las naturales necesidades de donde los conflictos sociales emanan.

La dictadura del proletariado, apenas es el régimen capitalista invertido. Si remedio de un instante, remedia entonces el mal transitorio. Si doloroso comienzo necesario de una permanente transformación, no hay experiencia social ninguna, en el curso de la historia, no hay fundamento en lo que de la sociedad se sabe, que autorice a confiar en los resultados de aquel desarrollo, ni garantía de que la pretendida permanencia pueda constituir una realidad.

Son hermosos, no obstante, los leones de Lenine desgarrando sin piedad las entrañas del zarismo. Bárbaros, a veces, a veces iluminados, mitad bestias y mitad profetas, no dan hasta ahora ejemplo, sino de lo que puede la garra, pues de la sangre que ella derrama no logra todavía brotar la luz. El caso de Rusia no puede ser ejemplo ni lección. Si el soviet es algo ideal, sus supremas bellezas se pierden en medio de tanto monstruoso horror. Y si fuera la verdad absoluta, sólo por ser sangrienta valdría la pena negarla. El Dios de Moisés era Dios y en nombre de Dios lo negó Jesús.

Creo como ayer que los intereses del obrero, y más que éstos, mucho más que éstos, los del campesino, deben merecernos una intensa atención fervorosa y leal. Mas no que sus problemas se remedien con repartir las tierras del señor Soto o los caudales del Sr. Keith. Con estos bienes se pueden hacer obras de caridad a lo sumo. Lo que no sé es dónde se va a encontrar el standard que permita determinar cuál sea la primera, cuál la más urgente, cuál la medida en que deban cumplirse.

No; perdónenme los sociólogos del Reformismo. No creo en las soluciones simplistas. Creo que las fórmulas de nuestro antiguo credo han fracasado. Creo que las nuevas fórmulas se están elaborando lentamente en el crisol de la post-guerra; y que lo que cabe conservar íntegra, es la aspiración a la justicia, con más la libertad necesaria para trabajar empeñosamente, dentro del orden, por el ensayo sincero de las posibilidades que así es dable determinar.

Insisto en que sería interminable la explicación, como difícil para el Reformismo aclarar todas las necesarias retractaciones que su "Programa" supone, comparado con el decálogo ácrata del "Centro Germinal".

Ahorqué, pues, los hábitos rojos. Quedemos en que otros se encargarán de explicar las bajas razones que me movieron, y en que me impondrán, con su ira o su desdén, las sanciones aplicables al caso.

Señores jueces: permitid que en el banquillo, frente a vuestro pendón rojo, enclave erguido mi pendón sin odios.

 

* Según era común en la época, el autor usa la grafía francesa para transcribir estos nombres rusos que hoy se escribirían Bakunin y Kropotkin. Lo mismo vale para "Lenine" (Lenin).

 

Los derechos de autor pertenecen a sus respectivos dueños. Copyleft ©2003-2008. Los pobres de la tierra.org - San José, Costa Rica.


Volver arriba