Edward SaidEn memoria de Edward W. Said

Su vasta obra rompió la visión que tenía Occidente sobre el mundo árabe

Jim Cason y David Brooks

La Jornada - Rebelión

26 de septiembre del 2003


Edward W. Said, el mundialmente reconocido intelectual palestino, apasionado defensor de los derechos humanos, ensayista, crítico de música y colaborador de La Jornada, murió hoy en Nueva York a los 67 años de edad después de una larga lucha contra la leucemia.

Considerado uno de los intelectuales contemporáneos más prominentes en el mundo, Said fue una de las voces más reconocidas sobre la causa palestina, así como figura de influencia mayor en el foro intelectual a través de sus ensayos y libros en torno a la cultura sociopolítica mundial, sus críticas musicales y sus artículos, que aparecían frecuentemente en The Guardian de Londres, el diario árabe Al-Hayat, la revista The Nation en Estados Unidos y La Jornada en México, entre decenas de otras publicaciones.

Said nació en 1935 en Jerusalén, que formaba parte de la Palestina gobernada por Gran Bretaña. El y su familia fueron despojados y obligados a refugiarse en Egipto en 1948. Hizo su doctorado en la Universidad de Harvard y vivió la mayor parte de su vida adulta en Estados Unidos como profesor en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Durante su larga carrera académica, ofreció seminarios y ponencias en más de 150 universidades y escribió 10 libros. Orientalismo, su obra más reconocida, es una am- plia y profunda evaluación del trabajo intelectual occidental sobre el mundo árabe en donde argumenta, en esencia, que no existe conocimiento real y objetivo de la región árabe, sino más bien sólo una serie de clichés. "Cada europeo, en lo que podía decir sobre Oriente, era racista, imperialista y casi totalmente etnocéntrico", escribió.

Cuando se publicó el libro por primera vez en 1978, el New York Times describió Orientalismo como "no sólo persuasivo, sino concluyente". En un obituario, hoy, el rotativo agregó que esta obra "estableció al señor Said como una figura de enorme influencia en las universidades estadunidenses y europeas, hé-roe para muchos, especialmente para las fa- cultades jóvenes y los estudiantes de posgrado de la izquierda, para quienes Orientalismo era un tipo de credo intelectual, el documento fundacional del campo que después se llamaría de estudios poscoloniales".

Entre sus otras obras se cuentan los libros Cultura e imperialismo (1993) y Fin del proceso de paz: Oslo y después (2000). También fue dedicado pianista y durante varios años crítico musical de la revista The Nation.

Said nunca se limitó a sus quehaceres académicos, y fue igualmente reconocido tal vez como la voz más influyente en Estados Unidos de la causa palestina. "En simples términos numéricos, en los números brutos de cuerpos y propiedad destruida, no hay absolutamente nada para comparar lo que el sionismo le ha hecho a los palestinos y que, en represalia, los palestinos han hecho a los sionistas", escribió en La cuestión palestina.

Fue miembro del Consejo Nacional Palestino de 1977 a 1991, y frecuentemente fue atacado en los medios estadunidenses. La mayoría de sus artículos publicados en La Jornada en estos años no fueron publicados en Estados Unidos, aunque sí destacados en Europa y Medio Oriente.

De manera insistente se le demandaba que condenara a los suicidas palestinos, pero siempre respondía con una condena más amplia: "la situación del palestino es una de víctima", respondió Said en una entrevista en 1989. "Son los desposeídos, y lo que hacen por el método de la violencia y el terrorismo es entendible. Pero lo que hacen los israelíes, matar a palestinos a una escala mucho mayor, es una continuación del horrendo e injusto despojo del pueblo palestino".

Agregó: "yo repudio totalmente al terrorismo en todas sus formas. No sólo al terrorismo palestino; también me opongo al terrorismo israelí, al bombardeo de campamentos de refugiados".

A pesar de haber sido defensor de Yasser Arafat durante muchos años, Said rompió con el líder palestino después de los acuerdos de Oslo y criticó con vehemencia lo que interpretó como una concesión mortal a Estados Unidos e Israel. Para Said esos acuerdos eran "un instrumento de rendición palestina". Además, acusó que Washington era un "intermediario deshonesto" en el proceso de paz ya que era evidente y obvia su larga tradición de apoyo a Israel.

Esta creciente crítica al liderazgo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) desde una perspectiva de izquierda generó mucha atención en Medio Oriente. En 1994, después de la firma de los acuerdos de Oslo, Said acusó que Arafat había "vendido a su pueblo a la esclavitud". Refiriéndose a toda la dirección palestina indicó: "son un liderazgo sin credibilidad y sin autoridad moral, y no conozco a ningún palestino hoy que considere a la OLP en su forma actual como cualquier cosa más que una organización de perdedores y caducos".

En esta coyuntura crítica y compleja en Medio Oriente y en la región árabe, como en Estados Unidos, su voz era un faro en la oscura neblina de guerra, hipocresía y desesperación. Que hoy haya callado implica perder una voz que iluminaba caminos a la verdad, a la justicia y una paz con dignidad, no sólo para los palestinos, sino para todo ser consciente y comprometido en este mundo. Por ser el maestro de miles, tal vez hay esperanza de que los ecos de su voz continuarán abriendo esos caminos.

 

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