Edward SaidPalestina: Tenemos que abrir el segundo frente

Edward W. Said

Al-Ahram Weekly On-line - Rebelión

15 de abril del 2001

 

Traducción para Rebelión: Germán Leyens

Mientras la Intifada no sea comprendida en Occidental como una insurrección civil contra la opresión colonial, escribe Edward Said, los palestinos no podrán obtener igualdad y justicia.

Durante las últimas semanas, el gobierno israelí ha manejado vigorosamente sus políticas en dos frentes, en el terreno, y en el extranjero. El primero es típico de Sharon, o realmente típico de los militares israelíes. La idea es atacar a los palestinos de todas las maneras posibles, haciendo que sus vidas se vuelvan intolerables y tan confinadas y estranguladas que los haga sentir que ya no pueden seguir viviendo allí. Las razones para esto, como lo ha señalado el erudito palestino Nur Masalha en tres importantes obras, son que el sionismo siempre ha querido más tierra y menos árabes: desde Ben-Gurion a Sharon, pasando por Rabin, Begin, Shamir, Netanyahu, y Barak, hay una continuidad ideológica ininterrumpida en la que el pueblo palestino es visto como una ausencia deseada por la que se combate.

Esto es tan obvio y, al mismo tiempo, tan cuidadosamente ocultado de la vista del público internacional (e incluso regional) que exige algunos comentarios adicionales. La idea central es que si los judíos tienen todos los derechos a "la tierra de Israel," entonces cualquier no judío que esté allí no tiene ningún derecho. Es así de simple, y así de unánime ideológicamente. Ningún dirigente o partido israelí ha jamás considerado al pueblo palestino como nación o por lo menos como una minoría nacional (después de la limpieza étnica en 1948.) Culturalmente, históricamente, humanamente, el sionismo considera a los palestinos como de menor valía o inferiores. Incluso Simon Peres, que a veces parece hablar un lenguaje humano, nunca se deja llevar a considerar a los palestinos ni siquiera como merecedores a ser tratados como iguales. Los judíos deben seguir siendo una mayoría, poseer toda la tierra, definir las leyes tanto para judíos como para los no judíos, garantizar la inmigración y la repatriación sólo para judíos. Y aunque existen toda clase de inconsecuencias y contradicciones (por ejemplo, ¿por qué debe valer la así llamada democracia para un pueblo y no para otro en un estado "democrático?") Israel continúa sus políticas – etnocéntricas, exclusivistas, intolerantes – a pesar de todo. Ningún otro estado del mundo, fuera de Israel, podría haber mantenido una política tan odiosamente discriminatoria contra un pueblo nativo sólo sobre bases religiosas y étnicas, una política que prohíbe a la gente nativa que posea tierras, o que las mantenga en su poder o que exista libre de represión militar, si no fuera por su sorprendente reputación internacional como un país liberal, admirable y avanzado.

Esto me lleva al segundo frente de la política israelí, que por ello debe ser contemplado usando un doble lente. Mientras sitia las localidades palestinas utilizando técnicas medievales como zanjas y bloqueos militares totales, lo puede hacer con el aura de una víctima sitiada por una violencia peligrosa, DE exterminio. Los soldados israelíes (denominados una "fuerza de defensa") bombardean hogares palestinos con helicópteros artillados, misiles tecnológicamente avanzados y descargas de artillería de los tanques, los soldados israelíes matan a 400 civiles, causan 12000 víctimas, reducen la vida económica a un nivel de pobreza de un 50 por ciento y a un 45 por ciento de desempleo, las aplanadoras israelíes destruyen 44000 árboles palestinos, demuelen casas, crean fortificaciones que imposibilitan todo movimiento, los planificadores israelíes construyen más asentamientos y carreteras que llevan a ellos – todo esto mientras mantienen la imagen de un pueblo pobre, indefenso y terriblemente amenazado. ¿Cómo? Mediante una campaña internacional coordinada, especialmente estadounidense, tan cínica como efectiva.

Sólo la semana pasada Sharon, Peres, y Abraham Burg (el presidente del Knesset [Parlamento israelí, N.d.T.]) estuvieron en los Estados Unidos para consolidar la imagen israelí como una combate justo contra la violencia terrorista. Los tres pasaron de una plataforma pública influyente a la otra, ganando a cada instante más apoyo y simpatía para la política israelí. Al mismo tiempo, los medios anunciaron que el gobierno israelí ha contratado dos empresas de relaciones públicas para que continúen promoviendo sus políticas a través de anuncios en la prensa, de las presiones coordinadas de los lobbys, y de las relaciones parlamentarias en Washington. Las noticias sobre la Intifada palestina han gradualmente desaparecido de los medios. Después de todo, ¿por cuánto tiempo puede una "violencia" que no parece estar dirigida ni contra injusticias que vienen de largo (tales como son la ocupación militar y el castigo colectivo) ni contra una política en particular (tal como la negativa total de Israel a considerar las reivindicaciones palestinas como si tuvieran algún mérito), ocupar a reporteros a los que se castiga por la más mínima desviación de la política editorial pro-israelí aceptada? No es sólo que los reporteros no tengan historias importantes que publicar (como por ejemplo una simple descripción de la liberación palestina), también sucede que Israel no ha sido firmemente acusado durante años y años por sus masivos abusos contra los derechos humanos, contra toda la población palestina.

La comisión de investigación del senador George Mitchell y el equipo similar de expertos en los derechos humanos de Mary Robinson, formado por un distinguido grupo que incluye al profesor Richard Falk de Princeton, llegarán indudablemente a conclusiones similares. He leído el informe Robinson y condena sin ambages la crueldad y la respuesta militar desproporcionada de Israel a lo que es en efecto un levantamiento civil anticolonialista. Pero se puede estar seguro de que pocos verán o serán afectados por esos excelentes informes. La máquina israelí de relaciones públicas, especialmente en los EE.UU., se asegurará que así sea.

Semejantes campañas de propaganda en los EE.UU. son mucho más efectivas de lo que son en el Reino Unido, por ejemplo, Robert Fisk, el excelente periodista sobre el Oriente Próximo del Independent, se ha quejado de los ataques en su contra y contra su periódico por parte del lobby israelí en Gran Bretaña, pero continúa valerosamente sus publicaciones. Y cuando el potentado de los medios canadienses Conrad Black trató de detener o censurar las críticas contra Israel en el Daily Telegraph o el Spectator, ambos de su propiedad, un coro de sus propios periodistas y otros, como Ian Gilmour, pudieron responderle en sus propios periódicos.

Algo así no podría ocurrir en los EE.UU., donde la mayoría de los principales periódicos y periodistas simplemente prohíben todo comentario editorial pro- palestino. El New York Times ha publicado solo una o dos columnas editoriales de esa tendencia, comparadas con docenas de comentarios "neutrales" o pro-israelíes. Una conducta similar se repite en cada uno de los mayores periódicos de los EE.UU. Así, el lector promedio se ve inundado con docenas y docenas de artículos sobre la "violencia" como si la violencia fuera algo equiparable, o peor, que los ataques israelíes con helicópteros, tanques y misiles. Si bien es tristemente verdadero que una muerte israelí parece valer muchas muertes palestinas en el terreno, también es cierto que a pesar de todo su indiscutible sufrimiento y su diaria humillación, en los medios parece que los palestinos fueran apenas más humanos que las cucarachas y los terroristas con las que han sido comparados.

La simple realidad es que la Intifada palestina continuará sin protección y sin efecto mientras no sea vista en Occidente como una lucha por la liberación. Los EE.UU. son el principal apoyo de Israel con 5 mil millones de dólares por año, y si hay una cosa que los israelíes han comprendido hace tiempo es el valor directo de su propaganda, que les permite que hagan inequívocamente lo que quieran y que a pesar de ello sigan conservando una imagen de justicia serena y corrección segura. Nosotros los palestinos, como pueblo, tenemos que hacer lo que hizo el movimiento anti-apartheid en África del Sur, es decir conquistar legitimidad en Europa y especialmente en los EE.UU., y deslegitimar consecuentemente el régimen del apartheid. Todo el principio del colonialismo israelí debe ser desacreditado de la misma manera para que la autodeterminación palestina pueda lograr algún progreso.

Esta tarea ya no puede ser postergada. Durante el sitio de Beirut en 1982 por los ejércitos de Sharon, un grupo importante de hombres de negocios e intelectuales palestinos se reunieron en Londres. La idea era ayudar a aliviar los sufrimientos palestinos, y también establecer una campaña de información en los EE.UU.: la resistencia palestina en el terreno y la imagen palestina fueron consideradas como dos frentes iguales. Pero con el pasar del tiempo, el segundo esfuerzo fue abandonado por entero, por razones que aún no puedo comprender en su totalidad.

No hay que ser Aristóteles para relacionar el marco propagandístico que presenta a los palestinos como terroristas alarmantes, fanáticos, con la facilidad con la que Israel comete todos los días horrendos crímenes de guerra, y logra seguirse presentando como un temerario pequeño estado en lucha contra el exterminio y conserva el apoyo incondicional de los EE.UU., pagado en su totalidad por el atónito contribuyente estadounidense.

Es una situación intolerable, y hasta que la lucha palestina se enfoque resueltamente en la batalla por presentar su valiente lucha por la supervivencia contra el colonialismo israelí, no tendremos ninguna posibilidad de conquistar nuestros derechos como un pueblo. Cada piedra lanzada simbólicamente en apoyo a la igualdad y de la justicia debe por lo tanto ser interpretada como lo que es en realidad, y no ser deformada como un acto de violencia o un rechazo ciego de la paz. La información palestina debe cambiar el marco de referencia, debe asumir su responsabilidad y debe hacerlo de inmediato. Tiene que haber un objetivo colectivo unificado.

En un mundo globalizado, en el que la política y la información son virtualmente equivalentes, los palestinos ya no pueden seguir eludiendo una tarea que, por desgracia, su dirigencia es sencillamente incapaz de comprender. Tiene que realizarse si se ha de terminar con la pérdida de vidas y propiedades, y si el verdadero objetivo es la liberación, no la servidumbre frente a Israel. La ironía es que la verdad y la justicia están del lado palestino, pero que hasta que los palestinos mismos no hagan que esto sea fácilmente comprendido – por el mundo en general, por ellos mismos, por los israelíes y por los estadounidenses en particular -- ni la verdad ni la justicia pueden prevalecer. Un pueblo que ya ha sufrido un siglo de injusticia, tiene que tener una política de información adecuada. Lo que se necesita es una voluntad redirigida y reenfocada para lograr la victoria sobre la ocupación militar y el desposeimiento basado en razones étnicas y religiosas.

http://www.ahram.org.eg/weekly/2001/527/op2.htm

 

Volver arriba
Lospobresdelatierra.org - Inicio