Un repentino interés por los niños palestinos

Gideon Levy

Haaretz - Rebelión

8 de abril del 2004

 

Traducido para Rebelión por Carlos Sanchís

De repente, los israelíes se preocuparon por el amargo destino de un niño palestino. A juzgar por la pública conmoción sobre Hussam Bilal Abdu, que fue capturado llevando un cinturón de explosivos en el puesto de control militar de Hawara, podría parecer que nada de la naturaleza humana nos es ajeno, aún cuando pertenezca a un enemigo y a sus niños. Pero eso es una muestra enfurecida de interés. El destino de un niño palestino solo nos afecta cuando se ajusta a nosotros, cuando sirve a nuestros propósitos y cuando nuestras manos no están implicadas.

Los cientos de niños que han sido asesinados, los cientos que han sido lisiados, y los cientos de miles que viven bajo condiciones de asedio y pobreza, y que están expuestos cada día a la violencia y la humillación, han fracasado, todos ellos, en conmover al público israelí. Solo el niño con el cinturón.

¿Por qué no nos conmovimos por el asesinato de Christine Sa'ada, que fue tiroteada a muerte en una emboscada de las IDF(Fuerzas Israelíes de Defensa) mientras viajaba en un coche con sus padres en Belén, hace exactamente un año hoy?. ¿Por qué no hubo un clamor público a continuación de las muertes de Jamil y Ahmed Abu Aziz, dos hermanos que paseaban en bicicleta por Jenin a plena luz del día cuando un tanque les lanzó un disparo? ¿Es su asesino, el cual quedó documentado en un vídeo, menos cruel? ¿Por qué no hemos visto las fotografías de Basil y Abrir Abu Samoa, quienes junto a su madre fueron asesinados en su viñedo cerca de Nablus y solo mostraron fotografías de Husma Abu?. ¿ Por qué nunca hemos discutido los asesinatos de los niños a la entrada del campo de refugiados de Kalandia, donde un niño es muerto por la Policía de Fronteras cada pocas semanas? ¿Por que es más conmovedor que le pongan a un niño un cinturón de explosivos que dispararle un obús?

Las más crueles expresiones han sido pronunciadas aquí, con la más cacareada lengua: "cruzando la línea roja", "la cumbre de la crueldad", " un acto satánico". Y, ciertamente, es imposible entender tal crueldad hacía un niño inocente que era cínicamente enviado a su muerte. Pero los israelíes no tienen el derecho moral de criticar a los palestinos por su crueldad hacia los niños; nosotros no somos menos crueles.

Enviar a un niño a su muerte con un cinturón de explosivos es verdaderamente una acción satánica, pero la conmocionada reacción de la opinión publica está manchada de hipocresía y doble rasero. El intento barato de ganar puntos en las relaciones públicas internacionales ante las fotografías del niño es ridículo: el mundo sabe que las manos de Israel no están limpias, que están manchadas con la sangre de los niños.

Desde el 29 de septiembre del 2000 al 29 de Febrero del 2004, los soldados de las IDF(Fuerzas Israelíes de Defensa) mataron a 486 niños y adolescentes, 255 de ellos por debajo de la edad de 15 años, conforme al Grupo Palestino de Observación de los Derechos Humanos (PHRMG).

Esta horrenda cifra, hace tiempo que debería haber quitado el sueño de cualquier israelí decente y haber levantado una protesta pública. No puede haber justificación para la muerte de niños a tan gran escala. El argumento de que las IDF tratan de no matar niños hace tiempo que perdió su fundamento. La cuestión real es que es lo que están haciendo las IDF para evitar matar niños. La respuesta es corta, si es que hay alguna. Cuando arrojan bombas y misiles en centros poblados, como hicieron durante el asesinato del jeque Ahmed Yassin, y cuando envían tanques a los barrios residenciales, no pueden alegar que intentan no matar niños. Hay muchos niños viviendo en el barrio de Darj en la Ciudad de Gaza, donde vivía Mohammed Shehadeh. Sin embargo decidieron lanzar una bomba de una tonelada allí sabiéndolo muy bien. Es decir, a sabiendas decidieron matar niños. Ninguna excusa puede ser dada para eludir su responsabilidad por matarles.

Sin embargo, no sólo somos responsables de la muerte de niños palestinos. También somos responsables de sus vidas. La mayoría de los israelíes que se conmocionaron a la vista de Hassam Abdu no tienen ni idea, ni están en absoluto interesados entenerla, sobre las condiciones en que la próxima generación de palestinos está creciendo. Más del 25% de los niños palestinos, conforme a la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos(USAID), sufre malnutrición crónica.

Viven en un medio atrasado - sin centros comunitarios, ordenadores, actividades extraescolares, instalaciones deportivas, o parques para jugar. No menos serios son los traumáticos incidentes de los que cada niño palestino también ha sido testigo. Estos niños han visto a sus padres siendo humillados y han sido expuestos a la violencia y al horror diariamente. Sus noches están plagadas de pesadillas y sus días son deprimentes y vacíos.

Cada brutal registro de casas en medio de la noche y cada contacto con los soldados es una fuente de traumas. No hay un niño palestino que no haya visto una casa destruida, una operación de asesinatos, acoso severo o violencia. Viven con miedo constante- que en un momento lleguen los soldados, que los tanques entren y los aplaste, que la excavadora llegue y destruya y que el helicóptero dispare un misil.

Sus miedos quedan sin tratamiento, como su salud y desarrollo físico queda desatendido. Como ocupantes, recae en nosotros la responsabilidad de todo ello.

No hay necesidad de incitar a instilar el odio en estos niños. Las vistas diarias a las que ellos se exponen constituyen la incitación más grande. No se necesita prometer demasiado a un niño con este tipo de vida para hacerle desearle cometer suicidio. ¿Por qué no debe quererlo? ¿Debido a su vida actual? ¿Debido al futuro que le espera? Es difícil saber lo que motivó al niño Hussam Abdu a ponerse un cinturón de explosivos. ¿Vírgenes? ¿Los 100 sheckels que le prometieron para su madre? Pero en lugar de conmocionarnos por aquéllos que lo enviaron, sería mejor para nosotros centrar nuestra responsabilidad en sus condiciones de su vida. Quienquiera que este verdaderamente preocupado por el destino de los niños palestinos no sólo debe interesarse cuando los cinturones con explosivos son atados a sus cuerpos.

Estos niños merecen un destino diferente. Merecen no crecer entre los cascotes de sus casas como niños y no ser muertos como adolescentes - ya sea por un cinturón de explosivos palestino o por la bala de un francotirador emboscado israelí. Ambas muertes son crueles exactamente en la misma magnitud.

28 de Marzo 2004

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