Mordaza en la tierra de las libertades

Robert Fisk

The Independent - La Jornada

25 de abril del 2004

 

He aquí que Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, ex titular del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, presunta oradora en la ceremonia de graduación de la Universidad Emory, en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, ha cometido un grave error. Se atrevió a criticar a Israel. Insinuó -horror de horrores- que "la causa de fondo del conflicto árabe-israelí es la ocupación".

¡Eh, un momento, Mary! ¿"Ocupación"? ¿No es esa palabra un poquito antisraelí? ¿Insinúa usted que la ocupación militar de Cisjordania y la franja de Gaza por Israel, sus ejecuciones extrajudiciales de guerrilleros palestinos, el ametrallamiento de escolares que arrojan piedras, el despojo de tierra árabe con el fin de construir casas para judíos, todo eso es en alguna forma indebido?

Tal vez no la escuché bien. Estoy seguro de que no. Porque su respuesta a esos vulgares libelos, a esos insidiosos comentarios sobre su libertad de expresión, a esos procaces ataques a su integridad, fue como el ronroneo de un gatito. Dijo sentirse "muy lastimada y desmoralizada". Era, según declaró al Irish Times, "perturbador que se hicieran acusaciones totalmente infundadas".

Debió amenazar a sus acusadores con emprender acciones legales. Cuando a quienes me envían virulentas tarjetas postales, en las que afirman que mi madre era la hija de Eichmann, les advierto que recibirán una carta de mi abogado -Peggy Fisk estuvo en la Real Fuerza Aérea en la Segunda Guerra Mundial, pero eso no viene al caso-, de inmediato se quedan callados.

Pero no, usted se sintió "lastimada". "Desmoralizada." Y permitió al profesor Kenneth Stein, de la Universidad Emory, declarar que está "preocupado por la aparente ausencia de la diligencia debida por parte de quienes tomaron la decisión de invitarla (a Mary Robinson) a hablar en la ceremonia". Me encanta eso de la "diligencia debida". Pero en serio, ¿cómo puede usted permitir que esta versión distorsionada de su integridad quede sin castigo? Desmoralizada. Ay, Mary, pobre diddums* .

Traté de verificar la grafía de "diddums" en el Webster, el diccionario más importante e inspirador de Estados Unidos. No tuve suerte. Pero qué caso tiene, cuando el Tercer Nuevo Diccionario Internacional de Webster define "antisemitismo" como "oposición al sionismo, simpatía con los opositores al Estado de Israel". ¿Cómo dice? Si usted o yo sugerimos -o de hecho, si la pobre de Mary sugiere- que los palestinos están pasando un mal rato bajo la ocupación israelí, entonces somos "antisemitas".

Desde luego, es de estricta justicia citar la lastimera respuesta del publicista oficial del Webster, Arthur Bicknell, cuando se le pidió explicar tan grotesca definición. "Nuestro trabajo", respondió, "es reflejar con veracidad el inglés que está en uso. No hacemos juicios; no somos políticos." Fue aún más histéricamente gracioso y repulsivo cuando añadió que los editores del diccionario tabulan "la evidencia citacional (sic)" referente al antisemitismo que se publica en "libros y revistas cuidadosamente escritos en prosa". Ridícula como es, esta aseveración al estilo de Jano merece la más hueca de las carcajadas. Incluso los solecismos del inglés estadunidense se arrodillan ahora ante los censores que sacarán del aire a los críticos de la política israelí hacia Medio Oriente.

Y es en serio eso de "sacar del aire". Acabo de recibir una nota en la que Bathsheba Ratskoff, productor y editor de la Fundación de Educación en los Medios Estadunidenses (MEF, por sus siglas en inglés), expresa su justificada indignación porque su nuevo documental sobre "la cancelación del debate en torno al conflicto palestino-israelí" -en realidad una película relativa a los despachos israelíes de relaciones públicas en Estados Unidos- ha sido objeto de ataques de la "Fuerza de Tarea de Acción Judía (sic)". La cinta, titulada Paz, propaganda y la tierra prometida, iba a ser exhibida en el Museo de Bellas Artes de Boston. ¿Y qué ocurrió? La "Fuerza de Tarea" exigió que se presentaran disculpas a la comunidad judía y se "jurara mostrar mayor sensibilidad (sic) cuando se abordara en lo futuro el tema de Israel y el conflicto en Medio Oriente". Los miembros de esa agrupación "podrían considerar amenazar con cancelar sus membresías y retener aportaciones".

A su debido tiempo, una tal Susan Longhenry, del Museo de Bellas Artes, escribió una tímida carta a Sut Jhally, del MEF, en la cual se refería a las preocupaciones de "muchos miembros de la comunidad de Boston" -a los que por supuesto no identificó- y sugería programar la exhibición en otra fecha (porque la original habría caído en el sabbath judío), junto con un debate que permitiría a los críticos condenar la película. La carta concluía -y aquí exhorto al lector a aprender las retorcidas palabras del poder- con la advertencia de que "hemos llegado a extremos para evitar la cancelación definitiva de esta película; sin embargo, si usted no puede apoyar la revisión sugerida, me temo que no tendremos más remedio que hacerlo así".

¿Querrá la señora Longhenry ser un ratón? ¿O pretende que su apellido se incorpore al diccionario Webster como sinónimo de "timorato"? ¿O por lo menos en el Oxford? No teman, el jefe de la dama anuló su pusilánime carta. Al menos por el momento.

Pero ¿dónde acabará todo esto? El domingo pasado me invitaron a hablar en el programa que el canal irlandés de televisión TV3 transmite a la hora del almuerzo; el tema era Irak y el apoyo del presidente estadunidense George W. Bush al nuevo muro de Ariel Sharon en Cisjordania. Hacia el final del programa, Tom Cooney, profesor de derecho en el Colegio Universitario de Dublín (UCD, por sus siglas en inglés), afirmó de pronto que yo había llamado "chusma" a los integrantes de una unidad del ejército israelí (absolutamente cierto: eso es lo que son) y los acusé de haber cometido una masacre en Jenin en 2002. No dije que cometieran una matanza, pero debí hacerlo: una investigación subsecuente mostró que los soldados israelíes dispararon a sabiendas contra civiles inocentes, asesinaron a una enfermera y le echaron encima un vehículo a un parapléjico en silla de ruedas. "¡Libelo sangriento!", gritó Cooney. De inmediato TV3 se deslindó de esa acusación. Una vez más noté cómo se involucraba a una eminente universidad -el UCD es una de nuestras mejores instituciones en Irlanda- y sólo espero que Cooney ejerza mayor disciplina académica sobre sus jóvenes alumnos que la que mostró en sus injurias por televisión. Y, por supuesto, capté el mensaje. Cállese. No critique a Israel.

Permítaseme, entonces, concluir con una nota positiva. Así como Bathsheba es judío estadunidense, los judíos británicos son también prominentes en una organización llamada Deir Yassin Recordado, que conmemora la matanza de palestinos árabes por milicianos judíos en las afueras de Jerusalén, en 1948. Este año recordó a las víctimas árabes de esa masacre el 9 de abril, que coincidió con el Viernes Santo de los cristianos. Ese día era también el cuarto de la Pascua hebrea, que dura ocho. Asimismo, coincidió con el aniversario de la ejecución del pastor Dietrich Bonhoeffer por los nazis en el campo de concentración de Flossenburg, en 1945. La liberación judía hace 3 mil años, la muerte de un palestino judío hace 2 mil, la muerte de un cristiano alemán hace 59, y la masacre de más de 100 hombres, mujeres y niños palestinos hace 56 años.

Por desgracia, Deir Yassin Recordado no recibe la publicidad que merece. En su estilo de meretriz, el diccionario Webster definiría como "antisemitas" a sus partidarios, y sin duda "muchos miembros de la comunidad de Boston" los objetarían. "Libelo sangriento", gritaría el eminente profesor de derecho de la UCD.

Esperemos a oír qué piensa la UCD, pero no nos sintamos "lastimados" ni "desmoralizados". Sigamos diciendo las cosas como son. ¿Acaso no es eso lo que la escuela estadunidense de periodismo pretendía enseñarnos?

* Expresión británica con la cual se da entender que no se siente ninguna compasión por alguien que se comporta como un niño.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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