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Ecuador: hacia el “buen vivir” (sumak kawsay)

José Steinsleger

La Jornada

20 de mayo 2009



Febrero 1997. La casi totalidad de las fuerzas políticas y populares de Ecuador se movilizan contra el presidente Abdalá Bucaram. ¿Está loco el gobernante?

En siete meses de ejercicio, Bucaram ha instalado la generalizada sensación de que algo anda muy mal en su gobierno El pueblo asegura que el presidente está loco, y Bucaram asegura que “coincide” (sic) con la opinión del pueblo. Así es que resulta difícil disentir de lo dispuesto por el Congreso Nacional: destitución por “insania mental”.

Agosto 1998. El democristiano Jamil Mahuad asume la presidencia. A diferencia de su antecesor, Mahuad parece cuerdo. Pero acaba con la moneda nacional, impone el curso legal del dólar, y permite que Estados Unidos, en el marco contrainsurgente del Plan Colombia para la subregión, construya una gigantesca base naval en Manta, ciudad puerto del Pacífico.

Enero 2000. El pueblo ecuatoriano vuelve a movilizarse. Un nuevo y vigoroso actor social irrumpe en el escenario: la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Movimientos sociales y partidos de la izquierda ocupan el Palacio Nacional. Mahuad busca refugio en la embajada de Chile y luego parte con rumbo a Miami.

La sucesión constitucional resuelve el vacío de poder. Luego, un grupo de oficiales liderados por el coronel Lucio Gutiérrez (quien pinta de “progresista”) sella la alianza con Pachakutik, brazo político de la Conaie.

Noviembre 2002. Gutiérrez se impone en los comicios presidenciales y rápidamente deja en claro lo que es: un agente de la CIA en el interior de las Fuerzas Armadas. Gutiérrez se declara “socio” del gobierno de George W. Bush y busca el apoyo de la derecha socialcristiana y de Abdalá Bucaram.

Abril 2005. Por enésima vez, el pueblo sale a las calles. Gutiérrez huye del país. Alfredo Palacio, vicepresidente, lo sucede en el mando. En su equipo de asesores, Palacio elige a un joven políticamente desconocido, aunque formado en la llamada “teología de la liberación”. Poco después, Rafael Correa ocupa la cartera de Economía y Finanzas.

Noviembre 2006. Al frente del movimiento Alianza País (Patria Altiva y Soberana), Correa (quien ha renunciado al cargo) gana los comicios presidenciales con 57 por ciento de los votos.

Enero 2007. Las consignas “Poder Ciudadano” y “¡Que se vayan todos!” encuentran respuesta. El gobierno convoca a un referéndum con el propósito de refundar el país. La consulta es aprobada por 82 por ciento de la ciudadanía.

Correa se revela como fenómeno político que desconcierta a la derecha y, sobre todo, a ciertas izquierdas que nada quieren por debajo de la revolución mundial. No obstante, a regañadientes, le dan el apoyo, en tanto (y con reservas) los indígenas, que aún no se reponen de su experiencia con Gutiérrez, también se lo dan.

Septiembre 2008. Tras ocho meses de debate, 9.7 millones de ciudadanos concurren a las urnas para aprobar o negar el nuevo proyecto constitucional. El sí consigue 70 por ciento de los votos.

El nuevo texto constitucional refuerza el papel del Estado en la economía, legitima los mecanismos de participación directa y reserva al sector estatal el manejo de los recursos naturales, punto de ardua polémica con los indígenas.

Al igual que en Venezuela y Bolivia, la nueva Constitución ecuatoriana permite revocar (a mitad de periodo y por voto popular) el mandato a todos los representantes, incluido el presidente. Desde las pautas de “socialismo del siglo XXI”, la nueva Constitución se concibe como instrumento político para la instalación de un nuevo modelo de desarrollo.

El texto constitucional refunda Ecuador. La política vuelve a ocupar el lugar que le había quitado el pragmatismo economicista, y la economía retoma su sentido: cómo se distribuyen los recursos, para quiénes y para qué.

En el preámbulo de la novedosa Carta Magna, la Pacha Mama (Madre Tierra) aparece nombrada antes que Dios. La Iglesia católica eleva sus plegarias: ¿la naturaleza por encima de Dios? Con todo, el documento invoca la “protección de Dios” y, asimismo, registra una expresión de los pueblos milenarios: sumak kawsay (“buen vivir”).

El concepto de “soberanía” retoma su sentido: no sólo se la entiende como “protección del territorio”, sino que clava la bandera nacional en asuntos energéticos, alimentarios, educativos y culturales.

“Solidaridad”, “vida”, “inclusión” son las palabras más nombradas en los 444 artículos de la Constitución. El término “jóvenes” (inexistente en la Constitución vigente hasta entonces, 1998) se cita en ocho ocasiones.

Abril, 2009. Los ecuatorianos refrendan el mandato de Correa. El presidente obtiene poco más de 52 por ciento de los votos. Dice Correa: “No somos estatistas, pero tampoco somos ingenuos para creer que, con menos Estado, mejor. En sociedades como las nuestras, peor”.

http://www.jornada.unam.mx/2009/05/20/index.php?section=opinion&article=021a2pol

 

 

 

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