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Golpistas acorralados frente a la resistencia popular y la condena internacional

Crónica de un golpe derrotado

Mariano Saravia

Alainet.org

8 de agosto del 2009

 


Lección: acorralados y condenados internacionalmente, los golpistas han apelado a una violencia sistemática que recuerda al terrorismo de Estado de los años 1960 y 1970. Luego de los golpes fracasados en Venezuela (2002), Bolivia (2006) y los intentos permanentes de desestabilizar al gobierno de Ecuador, el golpe militar del 28 de junio no fue sólo contra el país centroamericano sino contra todo el continente. Adiferencia de otros momentos de la historia, los ciudadanos y los Estados latinoamericanos resisten y luchan inagotablemente por restituir al gobierno democrático de Manuel Zelaya. En esta cobertura especial de América XXI en Honduras y Nicaragua, los detalles de la resistencia de un pueblo que se niega a bajar los brazos. Más de dos mil campesinos y obreros caminaron por las selváticas montañas durante siete horas para llegar a la frontera entre su país y el territorio nicaraguense. Los gobiernos de Venezuela y Nicaragua, junto a la canciller Patricia Rodas, apoyan desde el primer momento la organización de la resistencia. Entrevistas a la Ministra de Relaciones Exteriores, al canciller venezolano, Nicolás Maduro, a Xiomara Castro, primera dama, a la madre y a la hija de Zelaya completan esta exhaustiva cobertura.

Luego de los golpes fracasados en Venezuela (2002), Bolivia (2006) y los intentos permanentes de desestabilizar al gobierno de Ecuador, el golpe militar del 28 de junio en Honduras no fue sólo contra el país centroamericano sino contra el Alba (Alianza Bolivariana de nuestra América). Ese domingo 28 de junio debía realizarse una consulta popular para auscultar al pueblo en relación a una eventual cuarta urna para las elecciones programadas para el 29 de noviembre. ¿Por qué una cuarta urna? La primera sería para la elección presidencial, la segunda para elegir diputados al Congreso unicameral, la tercera para alcaldes y la cuarta, para preguntarle a la ciudadanía sobre una eventual reforma constitucional que asegurara una democracia más participativa y que terminara con algunas estructuras de poder anquilosadas, como el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, donde se refugian la corrupción y la explotación del pueblo. Ante la posibilidad de la consulta popular, la clase política y empresaria puso el grito en el cielo. Era una traición más de uno de los suyos, a quien ellos mismos habían depositado en el gobierno para que cuidara sus intereses.

De hecho, José Manuel “Mel” Zelaya es un acaudalado empresario agrícola y ganadero del departamento de Olancho, y un político de trayectoria dentro del Partido Liberal, una de las dos fuerzas tradicionales de Honduras (la otra es el conservador Partido Nacional). Zelaya siguió toda la carrera política que debe hacer quien aspira a ser presidente de la nación: fue desde consejero comunal hasta diputado nacional y ministro. Pero una vez en la presidencia, comenzó a desviarse de la senda preestablecida. Empezó por pedirles la renuncia a algunos ministros corruptos. Siguió por suspender algunos beneficios a los dueños de los grandes medios de comunicación y les cobró impuestos a las multinacionales. Luego, aumentó el salario mínimo de los trabajadores y terminó cometiendo un pecado mortal: unirse al Alba, lo que se tradujo en beneficios concretos para el pueblo hondureño, sobre todo en materias de salud y educación. Pero para los de su misma clase social, Zelaya era un traidor o se había vuelto loco, juntándose con “comunistas y narcotraficantes”, como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. Por eso, consultar al pueblo en cuanto a la cuarta urna fue la gota que colmó el vaso.

Recapitulación de los hechos

La semana previa a la consulta se sucedieron las reuniones. El propio embajador de Estados Unidos en Honduras, Hugo Llorens, convocó a varios encuentros en su residencia a los principales actores políticos hondureños (ver entrevista a Xiomara Castro, primera dama). Allí, todos (el representante del imperio, los de las clases dominantes locales en el candidato del Partido Liberal, Elvin Santos y del Partido Nacional, Porfirio “Pepe” Lobo y el jefe de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vázquez Velázquez) intentaron hacer “entrar en razones” a Zelaya de que “no le convenía” insistir con la consulta por la cuarta urna. Otra vez la eternal combinación: imperialismo más oligarquías locales. Pero él siguió adelante con ese proyecto, que ya había sido lanzado y no podía detenerse. El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Romeo Vázquez Velázquez, dijo que sus soldados no colaborarían en la logística para la consulta por lo que el jueves 25 de junio, Zelaya lo destituyó.

En ese momento empezó el golpe propiamente dicho con la desobediencia y el desacato de Vázquez Velázquez y la crisis institucional que se desató. Y que tuvo su punto culminante cuando el domingo 28 de junio a las 5.30 de la madrugada, unos 200 soldados entraron en la residencia presidencial y a punta de pistola y metralleta, secuestraron al Presidente, lo subieron a un avión y lo llevaron a San José de Costa Rica. Ahí empezó otra historia, la del golpe de Estado con todas las letras que, como tal, se complementó con una repression brutal a la resistencia popular que ya lleva más de un mes y que no da signos de declinar. A eso se suma una condena internacional unánime, que tiene a Honduras aislada políticamente y asfixiada económicamente.

Sin embargo, conviene distinguir las actitudes asumidas por los distintos países: mientras los miembros del Alba pusieron el cuerpo y estuvieron contundentemente con Honduras desde el inicio, ha habido posiciones intermedias como la de Costa Rica que propició la negociación con los golpistas, o abiertamente permisibles con ellos como las de Colombia y Panamá. Ni hablar de Estados Unidos, cuya participación en el golpe es clara, aunque también allí hay diferentes actitudes al menos en el discur so. La CIA y el Pentágono son los más involucrados, mientras que el presidente Barack Hussein Obama y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, han condenado el golpe, aunque sea de palabra. En los últimos días se incrementó la presión mediática con el retiro de las visas y el anuncio de congelamiento de las cuentas bancarias de varios funcionarios del régimen de facto. Sin embargo, falta ver todavía si esos anuncios se convierten en realidad. El ultimo gesto fue la reunión del jueves 30 de julio del propio embajador Hugo Llorens con Zelaya en Managua.

Represión y resistencia

Desde el domingo 28 de junio, el pueblo hondureño estuvo todos los días en la calle, resistiendo al golpe de Estado y exigiendo la restitución del orden constitucional y de su presidente legítimo, Manuel Zelaya. Uno de los primeros episodios trágicos de esta larga resistencia se produjo el domingo siguiente al golpe, el 5 de julio, cuando el presidente Zelaya intentó volver a su país a bordo de un avión facilitado solidariamente por la República Bolivariana de Venezuela, y a bordo del cual también iba el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel d’Escoto. Ese día se reunieron en el aeropuerto de Toncontín más de 300 mil personas y la represión fue brutal: Isis Obed Murillo, un muchacho de 19 años fue asesinado por el Ejército hondureño. “Yo estaba a dos metros del muchacho, estoy seguro de que esa bala era para mí”, relató a el golpe de Estado. Mientras tanto, Manuel Zelaya fue a Washington, luego a San José de Costa Rica, donde aceptó discutir el Acuerdo de San José por el que Oscar Arias golpistas. Después de deambular por distintos foros internacionales, el presidente hondureño anunció que volvería a intentar entrar a su país, pero esta vez por tierra, desde la frontera con Nicaragua. El viernes 24 de julio, intentó el regreso pero fue frustrado por la gran presencia de policías y militares en el paso fronterizo de Las Manos y la amenaza de que lo detendrían ni bien traspasara el límite entre su país y Nicaragua.

Para poder pisar su tierra, Zelaya hubiera necesitado el acompañamiento de varios miles de compatriotas que le garantizaran no ser apresado por los esbirros de la dictadura. Pero la represión desatada en Honduras y los innumerables retenes policiales y militares, ubicados desde Tegucigalpa hasta la frontera, impidieron la llegada masiva del pueblo al límite fronterizo. El epicentro de las protestas fue la localidad de El Paraíso, una pequeña población a 10 kilómetros de la frontera, donde ese viernes se congregaron cientos de personas. Uno de ellos, Pedro Magdiel Muñoz Salvador, era un muchacho de 23 años, albañil de un barrio pobre de Tegucigalpa. Pedro estaba en primera línea, frente a frente con los soldados y policías apostados y armados hasta los dientes. Dicen algunos testigos que hizo una fogata y les tiraba el humo a los militares, hasta que lo detuvieron, cerca de las siete de la noche de ese viernes. Ala mañana siguiente, apareció su cuerpo, en el mismo lugar, con 36 puñaladas en la espalda y signos de haber sido torturado. En tanto, los campesinos y obreros seguían pasando por las selváticas montañas, evitando los retenes. Eran grupos de 10 o 15: casi todos dejaron a sus familias y se aventuraron con lo puesto. Caminaron entre seis y ocho horas por las montañas, harapientos, con hambre y sed y con los pies deshechos; muchos de ellos sufrieron enfermedades dermatológicas o respiratorias. Con un grupo de militantes sandinistas, este cronista se metió en la selvática montaña a buscar a un grupo de campesinos perdidos. El piso es arcilloso y cubierto en gran parte por hojas y gramilla, con una tupida vegetación que en muchos lugares dificulta el paso. Pero lo que más entorpece el camino es la falta de luna, que hace que la noche sea cerrada, y no se puede abusar de las linternas porque sería peligroso ante la cercanía de la línea fronteriza y la posibilidad de que haya patrullas hondureñas por la zona. Después de una hora de dificultosa caminata encontramos a un grupo “enmontañado”; la alegría contenida se reflejó en comentarios en voz baja: “Bienvenidos compañeros, están en el territorio libre de Nicaragua, ya no se preocupen”.

“Fue terrible –dijo César Ham, diputado y candidato del partido de izquierda Unión Democrática para las elecciones de noviembre– no sólo por lo complicado del camino, sino también por el seguimiento del Ejército, éramos un grupo grande, algunos se lesionaron y no habíamos comido en todo el día, pero estamos contentos porque aquí nos están recibiendo compatriotas nicaragüenses. Quiero decirte que no venimos aquí huyendo, ni exiliados, venimos a seguir organizándonos porque la lucha continúa. Vale la pena cualquier calambre, cualquier sacrificio, cualquier dolor, siete horas de caminata, porque aquí no sólo se juega el futuro de Honduras sino el de toda América Latina”. Vitalino Álvares, uno de esos tantos campesinos que llegaron por la montaña y que no saben cómo volverán porque Micheletti ha dicho que son traidores a la patria, es de la zona Norte del país, cerca de San Pedro Sula. En su juventud fue guerrillero del Movimiento Revolucionario Francisco Morazán. Pero en el campamento de refugiados de la localidad nicaragüense de Ocotal, a 22 kilómetros de la frontera, miró a sus compañeros de lucha y dijo: “Nos falta organización, y me da pena ver que los que están rodeando al Presidente son burócratas, sin embargo, sigo creyendo en mi comandante Mel, por ahora”. Vitalino recordó las épocas de lucha armada: “Acá tendrían que estar todos, pero por ejemplo mi comandante de aquella época, ahora se olvidó de todo. Yo sigo luchando por lo que creo, como tantos hondureños que pueden verse aquí”. Es cierto todo lo que dice Vitalino, hay una resistencia heroica de muchos hondureños pero se nota la falta de organización, tanto en Tegucigalpa, como en El Paraíso y también en Ocotal, del lado nicaragüense. Es que en el contexto centroamericano, Honduras ha sido una excepción: no tiene la historia de luchas sociales y políticas que atesoran Nicaragua, El Salvador o Guatemala. Por el contrario, Honduras fue siempre la plataforma del imperialismo estadounidense. Desde allí se gestó la destitución del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz en 1954; en Honduras se organizó, en parte, la invasión a la Bahía de los Cochinos en 1961; desde ese país se gestó la contrainsurgencia contra El Salvador y la contrarrevolución en Nicaragua. El pasado tiene su correlato en esta hora histórica, en la que se combinan un terrorismo de Estado bestial, con una resistencia voluntarista, rayana con lo heroico que ya ha dejado más de 11 mártires. Pero el pueblo hondureño ha avanzado más en un mes de martirio que en años, ganando un alto grado de conciencia y unidad.

La lucha continúa

En estas circunstancias, el primer objetivo es la restitución del orden constitucional y del presidente Zelaya al mandato que le confirió el pueblo. Pero la lucha trasciende a Zelaya: el objetivo final del pueblo es la reforma constitucional. Un punto clave es la construcción de una herramienta política que no sólo consolide los avances producidos por Zelaya, sino que signifique un paso más. Hasta el cierre de esta edición, dentro del campo popular, hay dos candidaturas ya lanzadas para el 29 de noviembre: la de César Ham por Unión Democrática y la de Carlos H. Reyes, candidato independiente, sin partido. Todos coinciden en que deberán ir juntos, en el orden que sea, para tener alguna posibilidad contra la partidocracia que dio el golpe y que se podría legitimar en el poder con Elvin Santos (Partido Liberal) o Porfirio “Pepe” Lobo (Partido Nacional). En lo que no hay coincidencia dentro del campo popular es en qué hacer si no vuelve la democracia. Algunos piensan que participar en elecciones sería avalar el proceso golpista. América XXI les hizo la misma pregunta a César Ham y a Carlos H. Reyes: ¿retirarían sus candidaturas si Micheletti es quien convoca a elecciones? Ham dijo que en principio sí la retiraría, aunque debe analizarlo con sus bases. Reyes, a quien le quebraron un brazo en la represión de la marcha del jueves 30, algo más evasivo dijo: “La candidatura no es mía, es de la gente, y la gente en la calle me pide que me presente sea como sea”. Así las cosas, en Honduras está en juego algo más que la vuelta de Zelaya. También el proceso democrático y la posibilidad de profundizar los cambios iniciados hacia una verdadera revolución en paz, que de una vez por todas cambie el estado de situación en un país donde el 80% es pobre y el 30% de su presupuesto debe mendigarse en el exterior mientras que las multinacionales rapiñan sus riquezas forestales, mineras, agrícolas y pesqueras. En la bandera de Honduras hay cinco estrellas que simbolizan a los cinco países de la Federación Centroamericana: Guatamala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. El destino de Honduras está fuertemente ligado al Alba y la consolidación del Alba está atada al triunfo del pueblo hondureño.

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La palabra de Xiomara Castro, primera dama de Honduras
“Nos pasó lo mismo que a Allende con Pinochet”

En el paraje Jacaleapa, a unos 40 kilómetros de la frontera con Nicaragua, un nuevo retén militar interrumpe la carretera. En este caso son muchos más los hombres de verde, armados hasta los dientes. Es que a un costado de la ruta está acampando la familia del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, depuesto por el golpe de Estado el pasado 28 de junio.

El gobierno de Rusia manifestó su disposición de participar en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), iniciativa integracionista promovida desde Venezuela. “Hemos seguido con interés y con simpatía el desarrollo de este proceso.

Allí está la primera dama, Xiomara Castro, también la madre de Zelaya y la hija de ambos, Xiomara, apodada “la Pichu”. No están solas: hay un centenar de personas, sobre todo humildes, apoyándolas. La Primera Dama se acerca y atiende amablemente a este cronista, hasta fuerza una sonrisa aunque se le nota el cansancio. Ya lleva tres días allí, pasando todo el día en las camionetas y yendo a la noche a comer, bañarse y dormir a una casa que le ceden amablemente unos lugareños.

También desde fines del año pasado, en ocasión de un encuentro formal a nivel ministerial entre el Alba e Irán, las autoridades de este país afirmaron su disposición a emprendimientos conjuntos. El primer vicepresidente iraní Parviz Davoudi sostuvo que Irán y el Alba pueden usar su abundante potencial en beneficio de las naciones latinoamericanas. “Nuestras economías pueden complementarse”, dijo, aludiendo a unos 200 acuerdos firmados entre Irán y Venezuela, por alrededor de 4 mil millones de dólares, y al hecho de que en conjunto estos países poseen un quinto de todas las reservas probadas de petróleo y gas. En consecuencia, Irán solicitó su incorporación al Alba como miembro observador.

El jefe de las Fuerzas Armadas, el general Romeo Vásquez Velázquez le ofreció un helicóptero para cruzar la frontera y encontrarse con su marido. ¿No confía en ese ofrecimiento?

Imagínate tú que yo voy a confiar en las personas que arrestaron al Presidente, que ingresaron a mi casa a punta de bala, que rompieron las puertas y lo sacaron amarrado de las manos y de los pies. Pretenden que vuelva a confiar en ellos, y digo vuelva porque cuando el Presidente destituyó al general Vázquez Velázquez y lo anunció en un medio de comunicación el miércoles 24 de junio, el general estuvo llamándome tres, cuatro veces al día y su última llamada fue a las dos de la tarde del sábado anterior al golpe. Me dijo: “Comandanta le quiero informar que aquí está todo controlado, que todo está tranquilo, el hecho de a que las urnas las distribuyan a través de la sociedad civil nos puede permitir a nosotros los militares acompañar a la policía y resguardar el proceso, dígale al Presidente que lo esperamos en el Estado Mayor, que aquí estamos reunidos todos los generales, y que queremos tomarnos un cafecito con él”. Yo llamé al Presidente y le pasé el mensaje. Creo que él se confió después de mi llamada porque durante todos esos días previos había estado durmiendo en diferentes casas, pero esa noche volvió a nuestra casa.

Es decir que esos días previos ustedes preveían la posibilidad de un golpe

Los militares le deben obediencia al Comandante General que es el Presidente. Pero hubo una desobediencia con el pronunciamiento militar ante la destitución de Romeo Vázquez Velázquez. Desde ese momento comenzamos a temer la posibilidad de un golpe de Estado.

Y antes de esa semana, ¿cómo era la relación de su familia con Romeo Vázquez Velázquez? ¿Era un hombre de confianza para ustedes?

Sí, pensábamos que era un hombre leal. Cuando hablábamos con él y lo escuchábamos, nos inspiraba confianza. De hecho el Presidente lo ratificó en este gobierno.

¿A ustedes les pasó lo mismo que a Salvador Allende con Augusto Pinochet?

Exactamente. Lo que está pasando aquí es lo mismo que sucedía en las décadas de los ‘70 y ’80 en todos los países de América Latina. Era casi una tradición que los militares estuvieran gobernando ¡Pero cuánto luchamos nosotros por la democracia! ¡Cuánto les ha costado a ustedes como país (en referencia a Argentina) cambiar la historia. Ustedes han luchado por eso, cuántos muertos, cuántos vejámenes han pasado por causa de estas mismas cosas. Nosotros también. Pero nunca habíamos visto una reacción popular como la que tenemos ahora: los golpes de Estado duraban 15 minutos y la gente sólo miraba y aceptaba. Hoy la gente tiene conciencia, sabe lo que significa tener un golpe de Estado en nuestro país. La gente se ha rebelado.

Y en todos esos golpes que usted menciona, estaba siempre Estados Unidos. Ahora también se habla mucho de una reunión crucial en la Embajada de Estados Unidos, previamente al golpe…

Sí, antes del golpe hubo reuniones con el Presidente en las que estaban los candidatos de los partidos Liberal y Nacional, estaba el propio Roberto Micheletti como presidente del Congreso y el embajador de Estados Unidos, Hugo Llorens. Ellos estuvieron buscando una solución a algo a lo que no podían oponerse: la consulta por la cuarta urna, que no era nada más que preguntar a la población si quería que en las elecciones generales de noviembre se instalara una cuarta urna en la que se consultara a su vez la posibilidad de una Asamblea Constituyente.

Pero en esas reuniones estaban los principales actores políticos hondureños, ¿por qué tenía que estar ahí el embajador de Estados Unidos?

Ha existido una relación desde que el embajador Hugo Llorens llegó a nuestro país, y a través de él se pudo lograr sentar a estas personas. Él prácticamente era quien convocaba y estaba allí y escuchaba. Quienes hablaban eran los políticos hondureños; Llorens era como un mediador, era la persona que tenía la capacidad de convocar a uno y a otro. Y las reuniones eran en la residencia del Embajador, no en la Embajada.

Cuando la gente, incluso los golpistas, se refieren a Manuel Zelaya, hay varias expresiones como ex presidente, presidente depuesto, y muchas más. Pero cuando se refieren a usted, siguen diciendo Primera Dama. ¿Por qué será?

Mire, yo no me había dado cuenta de esto, pero la verdad es que nosotros en estos tres años hemos trabajado por los más humildes como nunca antes se hizo y la oportunidad de ser parte del Gabinete Social y de hacer tareas sociales fue decisión del Presidente. Hicimos acciones para atender a 170 mil personas que vivían en la extrema pobreza, y en el lapso de tres años redujimos un 10% la extrema pobreza. Probablemente por todo esto me he ganado un respeto especial.

¿Encabezaría una alternativa electoral en el futuro?

Lo que hace falta para construir una alternativa a los partidos tradicionales es darle más participación al pueblo. Bueno, eso era lo que se estaba haciendo y por eso nos dieron el golpe de Estado. Se le ha dado más poder al pueblo y se les han dado razones para luchar y exigir por sus derechos y vamos para allá independientemente de lo que suceda. Independientemente de si el Presidente regresa o no, esa ya es una lucha que lo trasciende, es una lucha de la gente, del pueblo. Podemos regresar a la casa con el orgullo de decir que no sólo dejamos obras físicas, sino también una nueva mentalidad en el pueblo.

Usted habla de regresar a su casa. Desde el plano humano, ¿se arrepiente de haberse metido en política? Porque ustedes eran una familia acomodada, con sus negocios...

Yo no me voy a arrepentir de acompañar al Presidente en todo el esfuerzo que ha hecho. Tampoco de la lucha que se ha logrado. Honduras tiene siete millones de habitantes y sólo uno es Presidente. Cuando uno llega a estas posiciones una vez en la vida, tiene la oportunidad de cambiar la historia del país. Entonces no debe haber arrepentimiento, y menos cuando uno ve la respuesta del pueblo. Hoy más que nunca me siento orgullosa de ser hondureña y de vivir en esta tierra, con esta gente. El pueblo es el que nos sigue apoyando. Sabe la cantidad de gente común que me dice: “En este país hay muchos puntos por donde el Presidente puede entrar, dígale que sólo nos diga por dónde y hacia dónde, y ahí estaremos”. Eso es lo que me da Fortaleza.

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Entrevista a Nicolás Maduro, canciller de la República Bolivariana de Venezuela
“La dictadura hondureña está acorralada”

El canciller de Venezuela acompañó a Manuel Zelaya en su regreso a su país. Fue su copiloto en el jeep que los llevó a la frontera entre Nicaragua y Honduras. “Estoy aquí como muestra del compromiso y la solidaridad del pueblo y el gobierno de Venezuela con el pueblo y el gobierno de Honduras”, dijo en diálogo exclusivo con América XXI, el ministro de relaciones exteriores del gobierno venezolano.

Allí está la primera dama, Xiomara Castro, también la madre de Zelaya y la hija de ambos, Xiomara, apodada “la Pichu”. No están solas: hay un centenar de personas, sobre todo humildes, apoyándolas. La Primera Dama se acerca y atiende amablemente a este cronista, hasta fuerza una sonrisa aunque se le nota el cansancio. Ya lleva tres días allí, pasando todo el día en las camionetas y yendo a la noche a comer, bañarse y dormir a una casa que le ceden amablemente unos lugareños.

También desde fines del año pasado, en ocasión de un encuentro formal a nivel ministerial entre el Alba e Irán, las autoridades de este país afirmaron su disposición a emprendimientos conjuntos. El primer vicepresidente iraní Parviz Davoudi sostuvo que Irán y el Alba pueden usar su abundante potencial en beneficio de las naciones latinoamericanas. “Nuestras economías pueden complementarse”, dijo, aludiendo a unos 200 acuerdos firmados entre Irán y Venezuela, por alrededor de 4 mil millones de dólares, y al hecho de que en conjunto estos países poseen un quinto de todas las reservas probadas de petróleo y gas. En consecuencia, Irán solicitó su incorporación al Alba como miembro observador.

¿Estados Unidos está detrás del golpe de Estado?

Por supuesto, éste es un plan de los sectores más reaccionarios de Estados Unidos. Están involucrados la CIA, el Departamento de Estado y la derecha republicana. Vamos a tener la capacidad de dilucidar este complot y demostrar la verdad al mundo.

¿Fue un golpe sólo a Zelaya y a Honduras o a todo el Alba?

Esto va más allá del Alba: fue un golpe contra todos los pueblos de nuestra América, por eso es tan importante no dejarlo pasar. En los años ’70, el imperialismo creyó que con el golpe de Estado en Chile y el asesinato de Allende se acabaría la rebeldía en América Latina, pero vino la experiencia revolucionaria de Nicaragua con el Frente Sandinista de Liberación Nacional. ¿Pero por qué los revolucionarios nicaragüenses tuvieron que tomar las armas y los fusiles en la mano? Porque no les dieron opción.

¿Y ahora cuál es la opción?

Acá juegan los golpes y los contragolpes y nosotros estamos en un contragolpe democrático, pacífico, constitucional contra los golpistas. ¿Es optimista? Sí, porque la dictadura está acorralada, acabada, sobre todo por la resistencia popular del pueblo hondureño al que estamos apoyando con lealtad y solidaridad. [Nota de la redacción: la delegación venezolana colaboró permanentemente en la difícil tarea de organizar la resistencia de más de dos mil hondureños llegados por las montañas al pueblo de Ocotal, en Nicaragua, a 22 kilómetros de la frontera.]

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Hortensia Rosales, madre de Manuel Zelaya, y su hija, Xiomara “Pichu” Zelaya, toman la palabra
“Nunca pensamos que lo iban a derrocar”

¿Alguna vez pensó que su hijo iba a ser Presidente?

Yo siempre le dije que él iba a ser Presidente, lo que nunca pensé es que lo fueran a derrocar. Ya desde el kinder le veía su personalidad de líder. Fue líder en todos lados: en su familia, entre sus amigos, en la escuela, en la universidad, pero siempre con buenas intenciones y queriendo ayudar a los demás. Yo siempre lo apoyé, no sólo como un deber de madre, sino también porque veía que él podía hacer cosas grandes para el pueblo hondureño.

Con tantos intereses y tan grandes en juego, ¿tiene miedo que a su hijo lo puedan matar?

Bueno, es una pregunta muy dolorosa para una madre. Sí, tengo miedo de que lo maten, pero también tengo fe en Dios y sé que está haciendo las cosas correctamente. Yo confío en la justicia divina porque la justicia de los hombres aquí en Honduras no existe. En la parte de atrás de una de las camionetas estacionadas al costado del camino, bajo la sombra de unos pinos, la “Pichu” se reincorpora. La tercera hija de Zelaya tiene 24 años y es estudiante de Comunicación Social.

Eres la única de la familia que estaba con tu padre el día del golpe. ¿Cómo fue?

Sólo mi papá y yo estábamos en la casa el día del asalto. Fue a las 5.30 de la mañana. Yo estaba en el baño y ahí escuché el primer disparo, luego otro y tres más y mi papá gritó: ‘Pichu, Pichu, nos están dando el golpe’. Me encerré en el cuarto, debajo de la cama y empecé a hacer llamadas: a mi hermano, que hizo el anuncio a la OEA; a un amigo del Bloque Popular y a otros alertando sobre la situación. Ellos (los militares) llegaron disparando, gritando ‘arriba las manos’, y mi papá les dijo que si la orden era matarlo que lo hicieran. Mi edecán saltó las verjas y cerró todas las puertas, por eso no pudieron encontrarme: allí me quedé más de media hora.

¿Cómo están los edecanes de la presidencia?

Con mucho miedo porque los están obligando a decir que hubo orden de allanamiento durante el asalto –lo cual es falso– y a afirmar que ocurrió a las 6.15, cuando fue a las 5.30. Esto es muy importante porque según la Constitución no puede haber allanamiento de morada entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana. Tengo miedo por ellos que se niegan a mentir, no por mí.
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America XXI, Año VII, No. 52, agosto 2009-08-07
http://www.americaxxi.com.ve/numeros/0052/index.html

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