A un año y medio de la rebelión popular

Nora Ciapponi

Argenpress.info

13 de junio 2003



Nora Ciapponi analiza el proceso electoral y sus resultados y sostiene que han puesto de relieve la necesidad de profundizar sobre el proceso abierto en el país a partir de la rebelión popular de Diciembre del 2001.

Que el motor fundamental de la rebelión popular tenía como telón de fondo la catástrofe económica y social que vivía el país, lo que fue sintetizada por Claudio Katz en tres componentes centrales: a) la crisis capitalista de conjunto; b) la de un país emergente en el proceso de globalización: c) las especificidades propias del modelo argentino: desnacionalización, privatización de los resortes básicos, acelerada destrucción del aparato productivo en beneficio de las grandes multinacionales y la banca, pérdida de independencia (recolonización) respecto al imperialismo, no sólo por la abultada deuda sino también por el control político y económico del Fondo y gobierno de EE.UU. Así -planteábamos- nuestro país había ido más lejos que ningún otro en las transformaciones neoliberales, lo que llevó no sólo al cuestionamiento del 'modelo' como introdujo el debate sobre el capitalismo mismo en sectores de la población.

Caracterizabamos el estallido como un movimiento profundamente democrático que cuestionaba al conjunto del régimen político y a cada una de sus instituciones, como identificaba a los organismos internacionales, las grandes multinacionales y al FMI como parte de los responsables de la destrucción del país y del conjunto de la sociedad.

Polemizando con distintas expresiones de la izquierda nos negamos a caracterizar el proceso con analogías extraídas de la experiencia rusa (para las cuales estábamos en el período de Febrero de 1917 en tránsito prácticamente inexorable a Octubre). Luego de algunos meses nos fuimos inclinando a definir la situación como 'crisis orgánica' (Gramsci) dada por la rebelión/irrupción espontánea de amplios sectores populares en las que la burguesía pierde el control y la representatividad, pero en la que los sectores obreros y populares no pueden ofrecer todavía una alternativa transformadora. Pensábamos que ello era así porque si bien había habido innumerables luchas previas antes de la rebelión (luchas provinciales, de movimientos de desocupados, etc.), la misma representaba algo nuevo y cualitativo y no una prolongación del proceso anterior. Para ello tomábamos las elecciones de Octubre del 2001 con la gran cantidad de votos bronca como un importante hecho anticipatorio del proceso abierto en Diciembre del 2001.

Señalábamos también que la rebelión iniciada no tendría un carácter ascendente, sino que estaría atravesado por un período relativamente largo de convulsiones, transiciones y mediaciones, de avances y retrocesos, ya que -como generalmente ocurre- las fuerzas populares no partían (aunque sí de experiencias muy valorables), de una acumulación previa de experiencia, organización y conciencia políticas.

La emergencia duhaldista

Debatiéndose en su crisis, la burguesía fue logrando a partir del gobierno Duhalde, dar pasos hacia el reestablecimiento del orden a través de distintas medidas: el inicio de una lenta recuperación económica luego de 5 años de aguda recesión que le permitieron atemperar en gran medida los críticos efectos que le siguieron a la devaluación; la estabilidad del dólar, el logro de las metas fiscales; el lanzamiento de extendidos planes de ayuda social; la reprogramación de los depósitos saqueados (separando de esta manera las reivindicaciones de los distintos actores sociales); el triunfo que significó dejar en pié a la Corte Suprema de Justicia; la reapertura de las negociaciones con el Fondo Monetario; y por último, el llamado a las elecciones. Aunque agudamente golpeada la burguesía (con sus partidos e instituciones en crisis) de la mano del gobierno Duhalde, se fue logrando paulatinamente un nuevo 'reordenamiento'. Claro que con momentos de grave crisis como los vividos en el mes de Julio del 2002 al desatarse la brutal represión (muertes de Maximiliano y Darío) lo que fue respondido por una contundente y combativa movilización popular. Acorralado así el gobierno, y sin más dilaciones, se concretó el llamado a elecciones.

Signos de recuperación económica

Los distintos indicadores vienen mostrando signos de recuperación económica, los que parecen ir más allá de 'un veranito', centrada fundamentalmente en la sustitución de importaciones y la agroexportación. Industrias como la metalmecánica, textiles, calzados y otros rubros alcanzaron aumentos que superan el 100%, generándose de esta manera un aumento global industrial en torno al 20%, Sin embargo -según lo reconocen diversos analistas- estos aumentos se estarían logrando por la vía de la sustitución de las importaciones pero no por una mayor demanda de consumo o de inversión. El 60% de la población empobrecida no consume, los supermercados siguen registrando achicamientos de hasta el 30% en sus ventas y el poder de compra salarial ronda entre un 27 y un 35% por debajo de los registros de Diciembre del 2001.

Según manifiesta el propio Lavagna 'no se saldrá de la crisis sólo con exportaciones', porque aunque sectores de la burguesía estén recuperando grandes márgenes de rentabilidad u otros piensen en invertir en el país favorecidos por la devaluación y la rebaja salarial que la acompañó, sigue sin haber créditos para poner en movimiento a un numeroso sector productivo quebrado y/o paralizado.

El gran interrogante planteado entonces es si estamos transitando la conocida 'recuperación' tras un agudo colapso (efecto rebote), o ella ya definiría tendencias hacia una levantada de la economía. Seguramente la respuesta estará en gran medida en las negociaciones y/o acuerdos próximos con el FMI, para lo que el nuevo gobierno cuenta con un escenario muy constreñido y limitado.

Mientras tanto, una aguda brecha y desigualdad se sigue produciendo y reproduciendo con niveles más que dramáticos para un amplio sector de la población, no sólo por hambre, sino también por el deterioro de la salud, de la educación, la vivienda y el transporte, lo que da claras muestras de las catastróficas consecuencias de los planes implementados en la década del 90, de la recesión de los últimos 5 años como de la más reciente devaluación implementada por el gobierno Duhalde.

Un año y medio de experiencias y enseñanzas

Abarcar y sintetizar las importantes conquistas populares que se fueron logrando a lo largo de casi un año y medio representa una fundamental necesidad, la que no puede más que iniciarse aquí y en sus trazos más gruesos.

Lo primero que tenemos que señalar es que la aguda crisis de representatividad manifestada marcó (con sus alzas y bajas) todo el período, convirtiéndose en el principal motor de las nuevas y fundamentales experiencias que desarrolló el movimiento popular. Ello fue así por dos razones centrales: 1) la crisis económica y social fue tan profunda y rápidamente extendida que llevó a que amplios sectores populares tomaran en sus manos la resolución de los problemas; 2) esta actividad fue realimentada por la ausencia de la mayoría de las instituciones del estado en los primeros meses del 2002, las que perdieron el control de sus funciones como de la situación. De esta manera irrumpieron a la escena política millones de personas (luego de una década de pasiva y aceptada delegación), abarcando un abanico de nuevos sectores provenientes de distintos estratos sociales (clase media abruptamente empobrecida, desocupados, comerciantes, pequeños industriales en bancarrota, distintos estratos de estafados por el robo de los depósitos, propietarios de créditos impagables, productores del campo, comunidades indígenas, obreros abandonados por huída de los patrones, etc.) los que con sus propias demandas y organismos se movilizaron una y otra vez para reclamar y/o repudiar lo instituido. Este proceso de irrupción y acción que hemos llamado movimiento profundamente democrático puso en tela de juicio no sólo al conjunto de las instituciones del régimen como rechazó -en estrecha combinación- al modelo económico y político imperante.

Como algunos sociólogos plantean, la pobreza y degradación que vergonzosa y solitariamente venían sufriendo 'entre cuatro paredes' millones de seres humanos, se extendió vertiginosamente como tomó estado público, y en el proceso fueron reconociéndose los distintos sectores como víctimas de una misma y única catástrofe social.

De la misma surgieron nuevos actores sociales que fueron más allá de sus propias demandas, entre ellos profesionales e intelectuales que pusieron su saber al servicio de las necesidades populares. Pero también hubo un cambio en la conducta de millones de personas que de manera colectiva y con distintas formas organizativas establecieron nuevas relaciones sociales. Se ganaron así los espacios públicos de plazas, veredas, edificios, calles, rutas, hospitales, escuelas y bancos, tradicionalmente vedados a la comunidad, los que fueron reapropiados para construir una nueva manera de hacer política.

Sin embargo, ese importante abanico de actores, no contó en el período que estamos analizando, con los trabajadores ocupados (industriales y públicos) , los que si bien 'simpatizaron' con las demandas del conjunto de la sociedad, se mantuvieron expectantes sin prácticamente participar activa ni solidariamente con las experiencias fundamentales que se desarrollaron. En este sentido -y aunque la burocracia sindical permaneció oculta por el repudio popular en todo el proceso- no dejó de actuar para controlar y disciplinar a los ocupados de manera corporativista.

La potencialidad de los trabajadores (peleando contra el desempleo) se reflejó sin embargo en las fábricas recuperadas por abandono de los patrones, varias de las cuales se fueron convirtiendo en referentes para la construcción de nuevas relaciones sociales, especialmente los casos de Zanon y Bruckman, ya que muestran al conjunto de la sociedad una alternativa de clase a la catástrofe económica y social llevada adelante por la burguesía y sus representantes políticos.

La movilización logró sus picos más altos en el período abarcado entre las jornadas de la rebelión hasta aproximadamente Mayo del 2002, alcanzando una nueva gesta importante en los meses de Junio-Julio ante el asesinato de los jóvenes piqueteros. En la baja de la movilización fueron confluyendo varios elementos: a) el reordenamiento crítico, pero reordenamiento al fin que fue logrando paulatinamente el gobierno Duhalde; b) la lucha hegemonista-aparatista entablada entre las distintas organizaciones de izquierda en los distintos movimientos y que culminó con la división en distintos actos el Primero de Mayo del 2002 seguida por la desaparición de los intentos de coordinación-centralización de Parque Centenario; c) el desgaste signado por movilizaciones permanentes que no obtenían tampoco ninguno de los reclamos (recordemos las de todos los viernes o los uno y mil llamados de la izquierda a movilizarse a uno y otro lugar), sin que se pudiera avanzar en la discusión de una proyección política estratégica como de construcción de organismos superadores de la atomización de los procesos. Finalmente, y ya ante un reflujo, los hechos del mes de Julio en el Puente Pueyrredón terminaron con el llamado a elecciones por parte del gobierno Duhalde, lo que abrió una nueva mediación.

Estos importantes límites y dificultades del proceso hicieron que el movilizador y popular grito 'Que se vayan todos', no lograra avanzar hacia propuestas alternativas, dado que no surgieron otras formas de representación política como tampoco nuevas instituciones de poder popular, vacíos que siguen siendo aprovechados por la burguesía para avanzar en la reinstalación de 'su' orden.

Las elecciones

Sin otro escenario y alternativas, con apatía y descreimiento en los candidatos como en las elecciones mismas, pero con avidez para derrotar a Menem; millones de personas acudieron a las urnas, alimentadas por la fuerte campaña desarrollada a través de los medios.

Pocos días antes de las elecciones, sin embargo, amplios sectores populares se solidarizaban con las obreras de Bruckman repudiando el desalojo y la represión, (o quienes viven en los edificios cercanos escondían a manifestantes tras la persecución policial), a la par de prepararse para votar a los candidatos burgueses en las elecciones del domingo. Fueron a votarlos también contra López Murphy y Menem que llamaron a terminar con la usurpación de la propiedad privada, los cortes de ruta y/o felicitando en el caso de Bruckman la acción de la Justicia y de la Policía Federal.

El indudable éxito que obtuvo el gobierno al lograr una alta participación electoral no escondió la ruptura del bipartidismo, lo que hizo emerger un nuevo escenario de fragmentación como manifiesta volatilidad del voto. La necesidad de que estos resultados electorales deban ser analizados en el marco del proceso abierto en Diciembre del 2001 fue completamente confirmado al conocerse el escandaloso retiro de Menem del ballotage. Un Duhalde que se mostraba triunfante por haber 'evitado' el enfrentamiento mafioso de las internas, termina con una mayor reapertura de esa crisis en el pre-ballotage. Un Presidente (Kirchner) que pensaba subir con más del 60 % de los votos tuvo que aceptar un magro 22 %. Un gobierno y burguesía que se ufanaban de recomponer las instituciones, terminan con un saldo crítico por no poder aplicar las reformas constitucionales diseñadas para estos casos (ballotage).

Las mezquindades de una dirigencia en crisis aparecieron en toda su dimensión. La crisis y 'depresión' sufrida por Menem ante una segura y amplia derrota en el ballotage fue utilizado para poner en vilo al conjunto del país y a sus instituciones, para terminar pateando el tablero sin dejar de pegar a Duhalde, (haciéndolo responsable por no haber convocado a las internas) como debilitando a Kirchner. Su caída, sin embargo no se explica por las campañas o artilugios Duhaldistas, sino por las poderosas fuerzas sociales que decidieron hacerlo llegar a su fin.

Menem como el conjunto de la vieja dirigencia política -divorciada como nunca antes de la mayoría de la sociedad- sigue creyendo que con maquillaje puede hacer retrotraer la situación, tratando de encuadrar la reivindicación por nuevos dirigentes políticos y formas de representación, en los mismos hombres e instituciones que la mayoría social cuestiona. Esa lucha puede adquirir en uno u otro momento, distintas formas (ayer golpes y escraches - hoy urnas con descrédito) pero es necesario no perder de vista que el cuestionamiento seguirá actuando sobre los intentos de gobernabilidad que pueda implementar la nueva administración Kirchner. Las profundas dudas e interrogantes populares así lo confirman: ¿Para quién gobernará? ¿Intentará un gobierno de consenso con aires renovadores ? ¿Podrá tener juego independiente de la mafiosa estructura del P.J. que le permitió llegar al gobierno?

Evidentemente estos problemas siguen preocupando también a la burguesía. Sin dejar de preparar la represión, algunos de sus especialistas vienen estudiando la posibilidad de implementar reformas políticas que puedan dar salida a graves crisis institucionales como las vividas en Diciembre del 2001, las que tendrían por objetivo pasar de un régimen presidencialista a otro de carácter parlamentario.

Una múltiple y sostenida ofensiva imperialista

Las tensiones y fuertes presiones por tanto serán muy grandes en el próximo período, no sólo para nuestro país sino para el Continente, ya que la ofensiva de EE.UU. no se reduce a objetivos económicos sino también de 'seguridad', para lo que ya están agendados Colombia, Venezuela y Cuba como de 'alto riesgo terrorista'. La combinación de presiones económicas, políticas y militares por parte de EE.UU. hacia los distintos gobiernos pondrán en juego serias contradicciones en todos nuestros países como dentro de las clases sociales mismas.

¿Hasta dónde llegará esa ofensiva en el Continente? ¿Qué espacio tendrán los intentos 'mercosuristas' impulsados por los gobiernos Lula-Chávez-Kirchner? ¿Cómo se combinarán la aplicación de las recetas neoliberales que impulsa Lula como disciplinado alumno en Brasil, con sus objetivos de mayor influencia política y económica regional? ¿Cómo piensa Kirchner llevar adelante su discurso de 'no ser el hombre de las grandes corporaciones' y 'de romper con el pasado' ante la ofensiva imperialista y de las multinacionales?.

Los próximos meses estarán marcados indudablemente por las gestiones del Fondo. Ya las 'aves negras' desembarcaron en nuestro país y se instalaron con una oficina permanente para impulsar 'un programa de reforma global'.

En la agenda de la que hablan y que por ahora cuidadosamente todos ocultan, hay varios mísiles de alto calibre:

a) la reforma bancaria;

b) el aumento de las tarifas de los servicios públicos;

c) un mayor ajuste fiscal;

d) un plan de renegociación de la deuda que supera los mejores pronósticos de crecimiento del PBI;

e) la ejecución de los remates de las viviendas y pequeñas empresas endeudadas en dólares, etc.

Esta ofensiva económica recolonizadora se combina con la acción militar perpetrada en Irak y que amenaza extenderse a otros países, lo que tiene implicancias inmediatas para el mundo y el continente en cortos tiempos, acelerados también por la recesión económica que sufre EE.UU. Estos fundamentales temas escondidos en los escritorios de Kirchner-Duhalde-Lavagna, aparecerán en toda su dimensión en un corto plazo.

Las contradicciones que se avecinan, por tanto, son de una extrema tensión, dado que mientras el imperialismo se prepara para una ofensiva mayor, un amplio sector de la población quiere que el gobierno impulse una política de distanciamiento de las exigencias del FMI hacia un proyecto productivo que recupere el país. Estas tensiones que se dirimirán en un próximo período y en la lucha misma, son las que en definitiva marcarán la debilidad o fortaleza de los pasos dados por la burguesía en el terreno institucional. No olvidemos que las fuertes demandas pendientes van a entrar en contradicción con los pasos que dé el gobierno, especialmente si el mismo continúa cediendo a los condicionamientos impuestos por el FMI, las privatizadas y la banca, los que representan para la fresca memoria colectiva, los más acérrimos enemigos para cualquier posible recuperación. Todo indica que no habrá pocas tensiones en el próximo período, donde se vislumbran enfrentamientos como nuevos realineamientos en un marco de ostensible inestabilidad marcada por poderosas fuerzas que -de manera más aguda y global que nunca- se construyen y proyectan mucho más allá de nuestras fronteras.

Es necesario -dada la heterogeneidad de actores sociales- hacer un análisis crítico de las experiencias asamblearias, movimientos de desocupados, fábricas recuperadas, etc. y a lo que nos dedicaremos en próximos números.

Entre ellos podemos contar a la Cátedra de Derechos Humanos de la UBA, a los Economistas de Izquierda agrupados para dar una respuesta programática a la crisis; los Ingenieros que se pusieron al servicio de los emprendimientos productivos o las fábricas recuperadas, etc.

El gobierno de Duhalde se comprometió a obtener un superávit fiscal consolidado (Nación y Provincias) del 2,5 % del PBI y a sostener a mediano plazo un saldo primario anual -significativamente mayor que en el 2003. Hasta junio, el superávit a alcanzar es de 4.500 millones de pesos y en todo el año debería llegar a los 11.000 millones (!).

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