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Escoger la unidad, escoger la lucha

Álvaro Montero Mejía

Los pobres de la tierra.org

21 de abril del 2008

 

Compañeros y compañeras de la Hora Del Silencio:

Dijimos en una oportunidad que nos ayuda más a comprender el giro de este gobierno y los verdaderos propósitos de Oscar Arias, cuando externa una opinión o cuando escribe un artículo. Porque nadie puede desdecirse de lo que expresa o de lo que escribe. Óscar Arias publicó ayer domingo un artículo titulado “América latina debe escoger con sabiduría”. El contenido del artículo lo dibuja de cuerpo entero ¿Qué debe escoger según Arias, América Latina? El mismo responde con una simpleza: “debe elegir la democracia. Debe elegir el desarrollo humano”.

Para llegar esa brillante conclusión, comienza por condenar, como lo ha hecho reiteradamente en el pasado, los extraordinarios esfuerzos de algunos países hermanos del continente, por dejar atrás el oscurantismo y la depredación en que los sumieron regímenes neoliberales y corruptos, como los que gobernaron a la Argentina, Venezuela, Bolivia o Ecuador. Y si no, ¿a quienes se refirie cuando condena “las pretensiones autárquicas y el proteccionismo comercial, el populismo y la retórica antidemocrática” si no es precisamente a los pueblos que han logrado sacudirse del mandato y las sanciones del FMI, o que buscan en la integración de sus mercados, un marco apropiado para el comercio justo, para la derrota del llamado “libre comercio” apelando a la colaboración y la fraternidad entre sus pueblos y estados?

Óscar Arias, incapaz de imaginar nada mejor o más conveniente para Costa Rica, que atarse de pies y manos, sin un solo gesto de dignidad, al mundo sórdido de los banqueros y las corporaciones trasnacionales, nos presenta esa entrega como si fuera un reto o un acto de coraje cuando dice “nuestras preocupaciones van… hasta el reto de lograr que nuestro libre comercio con las naciones desarrolladas sea, en verdad, libre”. En el mundo desarrollado se ha iniciado una crisis sin precedentes ¿Será realmente capaz de creer que el intercambio desigual, las groseras condiciones de un comercio administrado en beneficio del mundo rico, o que la rapiña y la voracidad con que los amos de la globalización neoliberal han decidido asaltar nuestras bellezas y recursos naturales, nuestro mar patrimonial o las riquezas institucionales construidas con el esfuerzo de generaciones, constituye su concepto de libre comercio? No lo creemos. Óscar Arias no puede ser tan ignorante ni tan simplón. Es simplemente una afirmación colmada de mala fe.

A continuación, Óscar Arias, el profeta, nos hace una advertencia: “en los próximos años veremos una desaceleración del crecimiento económico de América Latina” y para concluir su terrible predicción, nos previene: “pocas oportunidades son tan propicias para el resurgimiento de demagogias y delirios autoritarios”. En pocas palabras, a los pueblos de América Latina, sumidos en la explotación y la pobreza, saqueadas por decenios de sus riquezas minerales, víctimas del peor reparto de la riqueza entre todos los pueblos del mundo, con el peso de 50 millones de analfabetos y 400 millones de pobres, a esos pueblos de nuestra América que por primera vez en su larga historia, ven renacer sus esperanzas, porque aparecen poco a poco y en medio de enormes dificultades, gobiernos con altas dosis de dignidad y decoro, a esos pueblos Óscar Arias tiene la desvergüenza de prevenirlos por el resurgimiento de lo que llama “la demagogia y el autoritarismo”.

¿Y qué es el gobierno de Oscar Arias, sino la clara muestra de la implantación de un sistema que nos sumerge de cabeza en el mar tormentoso del capitalismo salvaje? Arias sabe muy bien que la crisis del sistema capitalista y en particular de la economía de los EEUU, avanza incontenible. No puede ignorar que su infausta contribución a las desgracias nacionales, es precisamente la de colocarnos como furgón de cola de ese sistema y de sus corporaciones, que se encuentran, ¡valla paradoja!, al borde del abismo. Y en vez de buscar refugio en la soberanía alimentaria, en el apoyo irrestricto al empresariado nacional, la salvaguarda de nuestros recursos naturales y minerales, la protección de los consumidores con empresas de servicio público eficientes y nuestras, o en la defensa del mercado interno, en vez de buscar refugio en la demostrada capacidad y potencia de nuestra gente, nos hunde más y más en la sumisión y la dependencia.

¿Nos previene Óscar Arias de las vacas flacas, como si estuviéramos saliendo del período de las vacas gordas, porque es consciente de que su proyecto entreguista y antinacional nos deja sin defensas ante los embates de la recesión de mundo capitalista? ¿No era entonces su propuesta de TLC un salto hacia el mundo promisorio del pleno empleo, la abundancia y el bienestar? ¿No padece acaso el pueblo costarricense el aumento incontenible de los precios junto el engaño y la demagogia de un gobierno que gasta millones en publicidad y autobombo, que fragua grandes negocios con grandes inversionistas y que se apresta a vender las empresas de servicios?

Tampoco han sido necesarias la crisis económica y las vacas flacas que anunció Oscar Arias, para ser los costarricenses víctimas de uno de los gobiernos más autoritarios de nuestra historia. ¿No tiene Óscar Arias en sus manos, como un dictadorzuelo más, todo los poderes del estado, junto a un buen número de medios de comunicación y de periodistas amedrentados y sumisos? Y nosotros, ¿Para qué estamos aquí, sino por defender el principio sagrado de la libertad de opinión a la que Óscar Arias le teme, porque le teme a la verdad y a las ideas?

Queridas compañeras y compañeros, no sería justo concluir nuestra reflexión de hoy, sin indicar hasta dónde son capaces de llegar el desparpajo y la desvergüenza de Óscar Arias, cuando en presencia del sacrificio valiente, justo y multitudinario de miles de profesores en huelga, se atreve a decir que “si queremos sentar las bases para un mejor futuro debemos empezar por invertir más en los salarios de nuestros maestros y profesores, en la infraestructura de nuestras escuelas y colegios”. ¿Cinismo? ¿insensibilidad? ¿crueldad? Quizás todo junto. Por eso, para vencer todo eso, el pueblo reclama a gritos la unidad de las fuerzas patrióticas. Hacia ella marchamos, que nadie lo dude.

Leído en la calle, ante la casa de Arias, el lunes 21 de abril del 2008, a las ocho de la noche.

 

 

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