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La trampa de la mediación

Álvaro Montero Mejía

ALAI, América Latina en Movimiento

10 de julio 2009

 

"Yo soy el hombre de las dificultades", decía Simón Bolívar. Era pues, el hombre de las crisis, de las grandes contradicciones sin las cuales no habría ni transformaciones sociales ni pueblos libres. Y eso es precisamente, lo que se anuncia a lo largo y lo ancho de Nuestra América, como llamaba Martí a los pueblos del sub continente.

Han transcurrido 50 años desde el triunfo de la Revolución Cubana, la que desde su nacimiento sufrió el embate implacable de las oligarquías nativas, encabezadas por el gobierno de turno de los Estados Unidos. Durante estos 50 años, el llamado “peligro comunista” y Cuba, fueron siempre el insustituible pretexto, para reprimir las voces que exigían el fin de la opresión económica, el fin de las dictaduras y el fin del saqueo de nuestras riquezas naturales y humanas. Decenas de miles de prometedoras vidas fueron cegadas en la lucha por la democracia. Y nadie perdió más hijos que el movimiento progresista y de izquierda.

Ahora el peligro se llama Hugo Chávez, que "amenaza con destruir las democracias e instaurar la dictadura". En los países menos democráticos del continente, como es el caso de Costa Rica, donde casi no existen medios de comunicación que permitan un debate social extendido y de fondo, es relativamente fácil ocultar la verdad y confundir a miles de personas de buena fe.

De esta situación surgen como corresponsables, los dirigentes de partidos progresistas que impiden o estorban la unidad de fuerzas. Con ello evitan que el movimiento patriótico hable con una voz más potente y penetrante.

El golpe de estado en Honduras ha incrementado la polarización en toda América Latina y particularmente en Centroamérica. Pero esa polarización, viene de atrás. De un lado, la irrefrenable codicia de unos pocos; del otro, los pueblos que aspiran a la democracia, la participación y el bienestar. Para desgracia de la derecha más extremista del continente, se han sucedido, uno tras otro, los triunfos electorales de movimientos progresistas, que han cambiado la faz del continente.

Centroamérica no ha sido la excepción. Aún con todas sus naturales diferencias, el pequeño enclave de nuestras repúblicas ístmicas, representa un lugar estratégico de la geopolítica mundial y la llave de comunicación entre el océano histórico del capitalismo que es el mar Atlántico y el océano fundamental del tercer milenio que será, sin duda, el mar Pacífico.

En este sentido, la transformación del Estado oligárquico de Honduras en una auténtica nación democrática y participativa, vendría a completar un cuadro absolutamente inaceptable para los potentados centroamericanos, indisolublemente aliados a las grandes corporaciones estadounidenses. Era pues, indispensable, acabar con el tímido pero justo esfuerzo del presidente Zelaya, por comenzar a construir un Estado que, por primera vez en la historia de Honduras, se preocupara por las necesidades fundamentales de su pueblo.

Fue así como comenzó a prepararse el golpe. Es sabido que los Estados Unidos poseen uno de los aparatos de inteligencia política y militar, más sofisticado del mundo. Es sabido que el ejército de Honduras, respira por las narices de sus asesores estadounidenses. Desde la década de los ochentas, jefeado por auténticos matarifes, el ejército hondureño fue la estructura de base utilizada por Reagan y Bush, para sostener las bases militares de "la contra", en territorio hondureño y en el norte de Nicaragua. Este mismo ejército colaboró con la CIA en el trasiego y venta de drogas, para financiar la guerra sucia contra el sandinismo. De modo que ni una hoja de papel se mueve en el ejército hondureño, sin que lo sepan los oficiales de la inteligencia USA.

Por su parte, Óscar Arias no tiene un cuerpo oficial de inteligencia regional, pero posee uno de que puede superarlo con creces. Es necesario señalar que Costa Rica ha sido hasta ahora, un centro privilegiado de las inversiones financieras y empresariales de los más poderosos capitales centroamericanos. Potentados bancarios, dueños de medios, propietarios de plantaciones, inversionistas inmobiliarios, industriales y mercantiles, han trasladado gigantescas sumas de recursos y las han convertido en promisorias inversiones en nuestro país. El vehículo fundamental de ese encadenamiento, ha sido el gobierno de los hermanos Arias. De modo que no existe ninguna angustia, preocupación o festejo de la nueva oligarquía centroamericana, que no sea compartida con el actual gobierno costarricense.

¿A quién entonces pretenden meterle el cuento de que la CIA y el gobierno de los Arias, no conocían, con pelos y señales, el propósito golpista que se fraguaba en Honduras?

Dichosamente, la respuesta continental y mundial ante el golpe, fue unánime. Esto cogió fuera de balance a los principales voceros de la derecha en América latina y en otros lugares del mundo. Sin embargo, reaccionaron con rapidez. Hacer aquí un recuento, sería muy extenso. Al inicio, CNN ni siquiera hablaba de "golpe". Lo mismo ocurrió en Costa Rica y en el momento en que escribo estas líneas, el titular del periódico la Nación habla de los "presidentes hondureños" y al pie de la foto de Arias, reseña que “tras reunirse con ambos presidentes...etc”. Pero examinar el manejo mediático, parcializado y truculento, no es nuestro objetivo inmediato, sino lo que hemos llamado, "la trampa de la mediación".

Se desprende con claridad que son dos las fuerzas continentales que sacan un provecho directo del golpe militar: la extrema derecha, civil y militar, de los Estados Unidos y la nueva oligarquía centroamericana. Aún así, para esta última, más importantes que rescatar a Honduras "de las garras del chavismo", es garantizar la continuidad del gobierno de los hermanos Arias y asegurar que Costa Rica será, como hasta ahora, el paraíso financiero y de inversiones que han construido a lo largo de los últimos años.

Esto explica por qué la señora Clinton, en un evidente acto de astucia y perfidia, saca la discusión sobre el golpe militar de lugar que lo condenó desde el inicio, la OEA y de paso elude el compromiso y la actitud inclaudicable de los gobiernos de América Latina. Éstos gobiernos están de sobra preparados para facilitar una mediación, si fuera el caso, a fin de garantizar la preservación de los derechos civiles y políticos del pueblo hondureño, la solución pacífica de cualquier tipo de confrontación extrema y sobre todo, la restitución, incondicional, de Manuel Zelaya en su cargo de Presidente.

¿Está, en estos momentos, preparada o no la OEA para cumplir con ese cometido? La respuesta es obvia. La OEA está completamente preparada. ¿De dónde, entonces, aparece Óscar Arias en escena? La respuesta también parece obvia. Con la propuesta de la señora Clinton se matan varios pájaros de un tiro. Veamos: se atenúa la calificación del usurpador y nuevo sátrapa de Honduras, Roberto Mitcheletti, al que ahora se llama "Presidente", con lo que se prolonga indefinidamente la situación; se le da tiempo a las fuerzas oligárquica de Honduras de articular una recuperación de su poder de facto, social y político y preparar el entramado de las nuevas "elecciones"; meter al Presidente Zelaya en un acto de objetivo reconocimiento de los golpistas; trasladar el escenario del movimiento democrático continental y la OEA, con la participación de gobiernos democráticos, al reducido salón de la casa privada de Óscar Arias; sacar a flote la figura de Óscar Arias como un nuevo héroe de la paz en Centroamérica, arrinconar las fuerzas opositoras y garantizarle la continuación indefinida al poder arista en Costa Rica.

Comprendemos que la decisión fundamental sobre la justicia social y la democracia, está en manos del pueblo de Honduras. En momentos como éste se ponen a prueba la lucidez y la fortaleza de los dirigentes sociales y los conductores políticos. Nuestros deberes, como hermanos centroamericanos, son la solidaridad incondicional y la denuncia de las jugarretas y los propósitos ocultos de los que sólo sirven sus propios intereses.

- Dr Alvaro Montero Mejía es costarricense, abogado, doctor en Economía Política de la Universidad de París.

 

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