Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 01-05-03

Madres Plaza de Mayo

1o. Mayo 2003

Conducción: Luis Iramain

Columnistas: Oscar Palacios, Demetrio Iramain, Inés Vázquez, Marisa
Gallego

Producción: Gerardo Nielsen, Lucila D'Onofrio

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Perdimos todos. El 18 de mayo, otra vez a elegir entre la montaña rusa
y el
tren fantasma. Otra vez los patrones y los trabajadores igualados en la
urna
electoral. Otra vez la cárcel para los que luchan y el poder para los
que
explotan. Otra vez el villero y el policía de rápidos dedos en el
gatillo,
confundidos entre el barullo policlasista de los porcentajes.

Sin embargo, atenti: quien resulte ganador, si Duhalde o Menem, tendrá
una
fuerza electoral real, contante y sonante, aunque de por sí
absolutamente
volátil y sin capacidad de movilización, que no superará el cuarto del
total
del padrón. O sea: tres de cada cuatro estarán contra, o seis de cada
ocho,
y así. Es el mismo escenario pero distinto, que emergió de las
elecciones de
octubre de 2001, cuando fue sentenciado De la Rúa. Ahora resta ver
cuánto
tardará el pueblo en impugnar otra vez en las calles, en las empresas
ocupadas, en todos los conflictos de clase, el aparente reaseguro de la
burguesía.

Porque lo que viene es más ajuste, más negociación leonina con el Fondo
Monetario, más tarifazos y rebaja salarial. Pero con un sostén
electoral
para la burguesía de poca monta, berreta, pobre. Hoy más que nunca, la
clase
patronal depende de la puntería de las balas policiales y de la dureza
de
los fallos jurídicos. Si el capitalismo imperialista quiere seguir
siendo,
el que gane, si Duhalde o Menem, no tendrá otro camino que ahondar la
judicialización del conflicto social, ponerle pena de bala o de prisión
a la
contravención de ser pobre. Porque en este país, a esta altura del
capitalismo, la pobreza decretada por la oligarquía es lo único que
aumenta
y crece, en ritmo sostenido, alarmante y criminal.

La campaña infernal por las grandes corporaciones informativas mucho
machacó
sobre la imperiosa necesidad de ir votar, a cualquiera, sí, pero votar.
Por
eso, ojo: no vaya a ser que la festejada concurrencia masiva a las
elecciones esté preparando el terreno para la represión despiadada a
los
sectores de izquierda que se mantuvieron ajenos a la farsa electoral,
esto
es: piqueteros, asambleístas, trabajadores de fábricas ocupadas y en
producción, Madres de Plaza de Mayo.

No obstante, los índices superlativos de participación electoral no
pueden
acallar el gran consenso que tuvieron las costureras de Brukman, los
ceramistas de Zanon y demás experiencias de control obrero de la
producción,
entre el conjunto del tejido popular. Y, con elecciones o sin ellas,
este
apoyo decidido de la población toca el carozo de la legalidad
capitalista:
la confianza en la propiedad privada. Por más porcentajes altísimos de
votos
“licuadora”, votos “útiles” o votos “positivos”, el régimen no logra ni
por
putas recomponer las expectativas en la institucionalidad burguesa.

Los resultados del domingo pasado y del próximo 18 de mayo no lo
admitirán,
pero todos saben que seguirá el corso pobre de la muerte y la miseria;
que
se profundizará el país del gran campo de concentración entre
luchadores
presos e hijos de trabajadores famélicos para siempre. Hasta que otro
19 y
20 de diciembre sin fecha todavía en el calendario, huérfano de
burócratas
políticos y sindicales, haga saltar los vidrios de esta paz beligerante
y
bélica, esta democracia impune y tirana, esta infame mesa servida con
riguroso hambre y afilados palos.



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