Fidel, Chávez, Lula, Allende y el Quijote, contra el ALCA

Claudia Korol

Punto Final - Rebelión

7 de agosto del 2003

Seguramente el día en que el presidente chileno Ricardo Lagos ponga su firma en el TLC con Estados Unidos, no será su momento más feliz. No sólo porque estará rubricando el tratado de libre subordinación al imperio guerrerista que ha quedado frente a la historia como un imperio genocida comparable a la Alemania hitlerista; no sólo porque lo hace cuando se cumplen los treinta años de aquel nefasto día en que un socialista de verdad, Salvador Allende, fuera asesinado por orden de ese mismo imperio. Seguramente estas consideraciones no son de interés para la real-polítik de los social-neoliberales hijos de Felipillo -el mismo que abrió la puerta para que creciera Aznar-.

El problema que tal vez arruine un poco su entusiasmo es que avanzará en la complicidad con la política imperial, precisamente en un momento en que algo empieza a moverse en otra dirección en América Latina: cuando el fracaso estrepitoso de los gobiernos neoliberales conduce a repensar las estrategias de las burguesías locales, que empiezan a percibir que el camino para sobrevivir como tales, es tomar cierta distancia del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) y de las políticas fondo-monetaristas. Aunque sólo sea la distancia necesaria para no negociar en calidad de esclavos. Es que el río suena, y el Alca arrastra lodo y piedras en su marcha por el continente. Este es uno de los temas que ha rondado en los debates de los presidentes latinoamericanos que se dieron cita para la asunción de Néstor Kirchner en Argentina.

Más allá del clima de fervor latinoamericanista y bolivariano que creó el marco del encuentro, lo cierto es que se produjeron intercambios concretos dirigidos a generar nuevos espacios para el trazado de políticas pos-neoliberales. Tanto es así, que el destacado escriba y vocero de la derecha conservadora argentina, Mariano Grondona, sangra por la herida en su columna dominical del diario La Nación. Vale la pena hacer el sacrificio de leer algunos párrafos de su encíclica:

"Si se pone a los países que enviaron sus delegados en una escala según su grado de desarrollo económico, la admiración de los argentinos que se manifestaban a su paso siguió el orden inverso. Cuba, un país en el que todos son pobres, encabezó la lista. Lo siguió Venezuela, cuyo producto bruto está cayendo dramáticamente. Sólo después vino Brasil, pese a la sabia conducción de Lula, y aún más atrás Chile, el único país sudamericano que está creciendo vigorosamente desde hace veinte años y se agregará en pocos días al mercado norteamericano. México también crece impetuosamente debido a su acceso al mercado norteamericano desde 1994, pero Fox no estuvo. Con la excepción del príncipe de Asturias, los países más desarrollados del planeta no fueron notados ni enviaron delegaciones dignas de ser notadas a la Argentina. ¿Cuál es entonces la escala económica de nuestras preferencias? ¿Admiramos lo peor y despreciamos o somos despreciados por lo mejor? En el campo político, los presidentes democráticos que nos visitaron fueron eclipsados por el único dictador totalitario que sobrevive en América. Si el nivel de las delegaciones extranjeras en Buenos Aires y el modo en que fueron recibidas apunta a algo, es a la degradación de los ideales que alguna vez caracterizaron al pueblo argentino".

Efectivamente, los ideales que alguna vez caracterizaron al pueblo argentino ya no son tales. Y la idea de la supremacía absoluta del mercado, del derecho a la propiedad privada por encima de cualquier otra consideración, del valor de las privatizaciones, de la suerte de unirse al destino norteamericano, entraron en default como la deuda externa, después de las jornadas del 19 y 20 de diciembre. La ausencia de alternativas populares, no significa la anulación de los movimientos producidos en la conciencia argentina en las jornadas de rebelión. Así lo percibió con claridad, por ejemplo, el presidente venezolano Hugo Chávez, quien en una entrevista realizada por el periodista argentino Miguel Bonasso (publicada en Página 12), asegura: "Creo que está naciendo un proyecto nuevo. Hay una gran expectativa, un gran entusiasmo, voluntades desatadas. En las calles hemos visto mucha juventud y es posible que una buena parte de esa gente movilizada sea la misma que protestó violentamente en diciembre del 2001".

El presidente venezolano aprovechó la entrevista también para comentar la predisposición tanto de Lula como de Kirchner, a que Venezuela ingrese al Mercosur. El gobierno de Néstor Kirchner, en su primera semana, dio señales de cambio en las prioridades en la política exterior argentina, jerarquizando especialmente la relación con Brasil, apuntada a fortalecer el Mercosur. La reactivación del Mercosur, como paso para lograr una mejor negociación de cada uno de los países frente a los Estados Unidos en momentos en que se acercan definiciones en relación al Alca, es uno de los objetivos comunes que vinculan a las diplomacias de Brasil y Argentina. El Mercosur, después de su etapa más entusiasta -en la primera mitad de los años 90- quedó aletargado debido al desarrollo de la crisis en ambos países y a la decisión de Menem (y de su ministro de Economía Domingo Cavallo), de privilegiar el Alca. Actualmente tanto Lula como Kirchner han hablado de fortalecer este espacio, y ampliarlo. Es parte también de las posibilidades evaluadas por los presidentes promover la integración entre el Mercosur y el Pacto Andino, como paso previo a la negociación del Alca.

Intentando fortalecer las relaciones bilaterales, los cancilleres Rafael Bielsa y Celso Amorim (de Argentina y Brasil respectivamente) confirmaron en la reunión mantenida el 29 de mayo en el palacio de Itamaraty que los presidentes de ambos países tendrán "línea directa" las 24 horas, para consultarse cualquier decisión en política exterior. El viaje de Bielsa permitió trabajar sobre la idea de un parlamento único del Mercosur, y sobre el proyecto de usar pesos y reales en el comercio exterior y el turismo. Las diplomacias quieren reforzar así las posibilidades políticas de cada uno de los países, en un momento en que ambos presidentes tienen por delante el viaje a Estados Unidos para reunirse -por separado-, con George W. Bush.

Previo a este encuentro, Rafael Bielsa se encontrará en Chile con el canciller norteamericano Colin Powell, durante la reunión de la OEA. Consultado sobre el tema de la integración hemisférica, Bielsa respondió que "nuestra vocación de integración sub-regional está lejos de excluir la integración continental, la que esperamos construir sobre bases realistas y armónicas con sólidos fundamentos en principios y valores comunes, que tenga en cuenta la diversidad, así como las necesidades de cada país". Seguramente entre estos dos andariveles transcurrirán los malabarismos de la diplomacia argentina: fortalecer el vínculo con Brasil y el Mercosur, y tratar de no comprometer las relaciones con el gobierno norteamericano, así como las negociaciones con el FMI y el Banco Mundial, que atraviesan un momento de tensión. La conciencia sobre la imposibilidad de conjugar las políticas neoliberales que exige el FMI con la gobernabilidad, han puesto en un dilema crucial a las élites políticas del continente.

Por si faltaban certezas, la experiencia peruana vuelve a llamar la atención sobre la creciente tendencia a perder la capacidad de gobernar con consenso, y la necesidad de recurrir, cada vez con mayor asiduidad, a la represión salvaje.

Frente a esto, algunos gobiernos latinoamericanos intentan ensayar fórmulas pos-neoliberales, en que vuelve a hablarse de la intervención del Estado en la economía, como camino para fortalecer la capacidad de acción sobre las desigualdades crecientes generadas por el capitalismo, así como para recuperar porciones de soberanía que posibiliten respuestas nacionales, e integraciones regionales, con relativa autonomía de los dictados imperialistas. La capacidad y decisión que tengan para constituir bloques político-sociales capaces y dispuestos a una dura confrontación con el gobierno norteamericano y sus agentes financieros, sus empresas trasnacionales, su Banco Mundial, su Fondo Monetario, su Alca, es algo que está por verse. Frente a una velada desconfianza en los rumbos que asuman los gobernantes, se levantó la marea humana que sirvió de marco y de escudo para un Fidel vuelto Quijote y su fiel escudero, el Che Guevara, multiplicado en miles de jóvenes argentinos que escucharon con devoción cada una de sus palabras. Aplaudieron a rabiar palabras tan exóticas para los oscuros escribas del poder como dignidad, justicia, soberanía, independencia, revolución, e incluso socialismo.

Esa marea humana expresó, para Mariano Grondona, "la degradación de los ideales que alguna vez caracterizaron al pueblo argentino".

Cuando terminó el acto en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Fidel dijo a un grupo de argentinos: "La explanada de la Facultad de Derecho me hizo acordar del Palacio de la Revolución". Los argentinos lo escucharon con la necesaria dosis de devoción e incredulidad. Pero en esas jornadas de degradación de los ideales de la burguesía se afirmó la conciencia de que algo se mueve en América Latina. Ya no anda solo el Quijote por el continente con su mochila de verdades hechas realidades en la Mancha. Andan otros más, empujando la historia. Anda Bolívar, invitando a pelear de nuevo por la Segunda Independencia. Anda Luis Carlos Prestes, el "Caballero de la Esperanza", combatiendo el hambre en las comarcas más lejanas del Brasil. Anda también Salvador Allende, que aún sigue peleando en cada barricada de Valparaíso, en cada grito de guerra y de victoria del pueblo mapuche. Allende que el 6 de junio no irá a firmar el TLC, porque desde la memoria disparará ráfagas de fuego contra la entrega, la felonía y la traición.



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