Entrevista a Eduardo Galeano

"Los presidentes latinoamericanos deben saber que o nos juntamos o estamos fritos"

Irene Contreras/Araceli Varela. Pontevedra. Rebelión /Tempos Novos

17 de junio de 2003


Su libro Las Venas Abiertas de America Latina describe los procesos de dependencia económica y colonialismo de América Latina. Desde que lo escribió hasta ahora la situacion mundial y en Latinoamérica ha cambiado mucho. ¿Cuáles son actualmente los mecanismos de dominación económica y política?


Escribí ese libro hace más de 30 años, es decir, es un libro escrito a finales del 1970. Yo no sabía un pito de economía, pero me metí en esas profundidades pantanosas tratando de entender y ayudar a entender lo que ocurría. Es un libro de divulgación, lo que podría ser una contrahistoria, que en el caso de ese libro está sobre todo centrada en la economía política. En los años siguientes intenté abarcar otras zonas de la realidad, pero la verdad es que ese libro me dió a mí un buen piso para caminar. Y no sólo no me arrepiento de haberlo escrito, sino que después el libro me enseñó que tenía buenas piernas, porque anduvo mucho camino a lo largo de estos treinta y pico años y sigue funcionando, lo que demuestra que algunas de las cosas, de los datos, de las informaciones que el libro contenía, siguen teniendo alguna vigencia, es decir, siguen teniendo algo que ver con el mundo de hoy. Y también quizás prueba que el punto de vista no estaba del todo equivocado. En todo caso el libro planteaba hace ya treinta y pico años algunos cuellos de botella de lo que en aquel entonces se saludaba como una gran promesa de desarrollo de los países latinoamericanos, como por ejemplo, concretamente, el tema de la deuda externa, que en aquella época no era casi mencionado, no se hablaba de eso. Y yo, que siempre me llevé tan mal con los números, pero que había conseguido aprender dificultosamente la regla de tres simple y la regla de tres compuesta, haciendo unos calculitos elementales que nacieron del puro sentido común, me di cuenta de que se nos venía encima una bola de nieve y que eso iba a acabar provocando una situación como la que tenemos ahora, en la que los gobiernos dejan de gobernar porque están siendo gobernados por sus acreedores. Es decir, son los acreedores los que deciden hasta la velocidad de vuelo de las moscas en cada uno de los países.Y esto implica una aniquilación de la soberanía por parte de una dictadura financiera internacional que en aquel tiempo ya existía, pero que no era ni la sombra de lo que es ahora. Es decir, las instituciones internacionales nacidas al final de la Segunda Guerra Mundial ya tenían poder, pero no era ni sombra del poder que tienen ahora. Son el gobierno del mundo. El Fondo Monetario Internacional -llamado Internacional- está manejado por cinco países, sobre todo por uno, que es EEUU, y cuatro más. Y el resto de los países ni pincha ni corta, porque los votos son proporcionales al capital aportado. Según la cantidad de dólares, es el peso del voto. Y el Banco Mundial está dirigido por siete países, aunque se llama mundial. Son 7 los que deciden y los que imponen a los demás, junto con el Fondo Monetario, que es el hermano gemelo, sus programas llamados de ajuste, las privatizaciones obligatorias, el desmantelamiento de los servicios públicos y todo lo que sabemos que ocurre hoy por hoy. Y la verdad es que ese libro lo escribí intentando hacer un manual... Sentía la necesidad, contra los consejos de casi todos mis amigos, que me decían que era un disparate semejante cosa, de poner al alcance del público no especializado una serie de informaciones que estaban guardadas bajo siete llaves en los cofres de la literatura escrita en código por los economistas, los sociólogos, los politólogos... los “ólogos” en general. Y yo no era ólogo de nada, entonces, ¿quién me autorizaba a mí a acometer semejante tarea? Pero yo creo que mereció la pena hacerlo, porque fue la manera de que la gente tuviese acceso a una enorme cantidad de información que estaba ahí guardadita. Lo que hice yo fue revelarla en un lenguaje que pudiese ser comprendido.


Pero hay algunos sectores que odian mucho ese libro. Las Venas Abiertas de América Latina fue muy odiado y muy querido a la vez.


Sí. Los mejores elogios, aparte de algunos elogios críticos, creo que fueron los que el libro recibió de las dictaduras militares que lo prohibieron, que fueron muchas. Y creo que era la prueba de que no es un libro que se pueda leer impunemente, que es lo que uno desea para los libros que escribe, lo que los libros quieren ser. Quieren ser libros capaces de tocar al lector y sacudirlo y llenarlo de preguntas. Entonces, en ese sentido cumplió una función, porque ayudó por lo menos a que la gente se planteara algunas preguntas que eran las preguntas que me empujaron a mí a escribirlo. Sobre todo la pregunta fundamental, ¿en qué se parecen un niño y un enano? Que a primera vista son la misma cosa, pero visto más de cerca resulta que no. Los llamados países en desarrollo no son países que viven una edad infantil en el camino de su vida adulta para cuando crezcan, sino que son países subdesarrollados por el desarrollo ajeno. Son países arrollados. Subdesarrollados dicen los expertos, digamos arrollados por el desarrollo ajeno. Es decir, no son una etapa del desarrollo, sino un resultado del desarrollo ajeno. Entonces, una cosa es un niño y otra un enano. Son países muy deformados por la función de servidumbre que la economía global en los comienzos del mercantilismo capitalista les dio, y desde su articulación pasaron a proporcionar brazos y productos al servicio de los intereses ajenos. Estos temas fueron tocados sobre todo desde el punto de vista económico-político por un ignorante total como yo, que además considero que la economía es una de las cosas más aburridas con las que los dioses nos castigaron en este mundo, pero fui capaz de digerir ahí una enorme cantidad de libros, de informes... Yo creo que algunos de esos textos los leyó el autor y nadie más que yo, que ni la familia tuvo el coraje.


En estos momentos en América Latina, con el gobierno de Lula da Silva en Brasil, Lucio Gutiérrez en Ecuador, la resistencia de Hugo Chávez en Venezuela... ¿Le parece que la izquierda latinoamericana está viviendo de alguna manera momentos cruciales?


Está viviendo tiempos de cambio, o de voluntad de cambio, digamos, de parte de gobiernos que expresan una voluntad de cambio que viene de abajo, de la gente que los votó. El problema es que los espacios se han reducido muchísimo por obra de esta dictadura internacional que os digo. Los espacios democráticos reales están muy reducidos, muy encogidos en el mundo de hoy. Ya en estos años que transcurrieron desde la publicación del libro hasta ahora, como que nos acostumbramos a aceptar como la cosa más normal del mundo que los gobiernos de nuestros países tengan que pedir permiso a estos supremos sacerdotes de las altas finanzas internacionales para designar a un portero de un ministerio. No digamos para cumplir con sus promesas.


¿Y qué problemas podrían surgirle a Lula y a su programa de gobierno, tanto de la izquierda como de la derecha?


El problema fundamental es ese: la soga al pescuezo de la deuda externa acumulada. Aunque no creo que esta sea una fatalidad del destino... La historia está hecha por la gente y por la gente puede ser deshecha y cambiada. Yo no tengo una concepción de la historia a la griega de algo que desde el Olimpo baja, pero es muy difícil cambiarla, y en todo caso lo que uno puede desde el sentido común opinar es que solos, no podemos. O nos juntamos o estamos fritos. Y parece una cosa obvia, pero que no se acaba de entender. Tendrían que reunirse sobre todo los presidentes latinoamericanos que tienen intereses distintos a los del norte, para adoptar políticas comunes por lo menos en las cosas elementales, como por ejemplo hacer frente juntos a la gran banquería internacional, es decir, reprogramar los pagos de la deuda externa para no acabar pagando y pagando y debiendo más cuanto más pagan, porque merecemos todos una lápida que diga: Vivió pagando y murió debiendo. Y también la defensa de los precios en los mercados internacionales. Es decir, juntarnos para defender los precios de los productos. Casi todas las organizaciones que defendían esto, por ejemplo la del café, han muerto. Queda la OPEP, que supongo que ahora no va a poder resistir este golpe mortal que sufrió con la guerra de Irak –estamos hablando cuando recién terminó la carnicería. Juntarse para defenderse. Es una cosa que sabe cualquier señora de barrio, no hace falta ser un ilustradísimo profesor de ninguna universidad para darse cuenta de que es por ahí que va la cosa, pero como dice la gente, y con razón, el sentido común es el menos común de los sentidos, y nosotros somos la prueba viva de que eso es así.


¿Y en qué situación se encuentra el Uruguay, del que apenas se escucha hablar?


El Uruguay es un país en acelerado proceso de desintegración. Ahora están desandando la ruta de sus abuelos los nietos de los que llegaron desde Galicia, por ejemplo, o desde otros lugares de Europa, pero muchos de Galicia. Y ahora desandan, o intentan desandar, porque les meten mil trabas y problemas. Los nietos hacen el viaje al revés, expulsados por la falta de trabajo y también en gran medida por la desesperanza. Una posible esperanza es el desarrollo de las fuerzas alternativas, sobre todo en el plano político, porque dentro de un par de años habrá elecciones y... bueno, la izquerda tiene según las encuestas, en las que yo mucho no creo, pero en este caso me parece que pueden reflejar la realidad, tiene más de la mitad de los votos posibles. Dentro del limitado margen de maniobra que el mundo de hoy te deja, se hará algo, por lo menos para que el país no deje de ser país, que está en acelerado proceso de dejar de serlo. Es un panorama muy triste el que mi país ofrece hoy por hoy. Colas enormes, enormes, larguísimas, de gente que busca pasaporte para irse. Puertos y aeropuertos llenos de gente que se va. La gente joven, sobre todo, se va y sólo quedan los viejos para regar las plantas alrededor de las tumbas en el cementerio. Es una perspectiva lastimosa semejante a la de muchos pueblos, muchas aldeas abandonadas de Galicia. Entonces va a haber que trabajar mucho para recuperar a este país moribundo que está como en agonía, y devolverle la energía perdida. Y es muy difícil por este problema de que los pocos jóvenes que quedan se van. Y, claro, tienen derecho a irse, nadie les puede negar ese derecho, pero para el país es una sangría terrible. Es un panorama muy desalentador. Yo vivo en el Uruguay porque es el país que elijo, no porque haya nacido allí. A estas alturas yo ya vivo de lo que escribo y puedo darme el lujo de elegir mi lugar en el mundo, y mi lugar es ese, lo elijo, porque me gusta, porque me siento muy entrañablemente ligado a la tierra que me hizo. Me parece que es un país cariñoso, cordial, que merece mejor destino.

En Patas Arriba, en la Escuela del Mundo al Revés, usted habla de los alumnos. De los niños ricos despojados de identidad, de los niños pobres a los que el mundo trata como basura, y los niños del medio, atados a la pata del televisor...


Sí, lo que yo digo es que los niños ricos son tratados como si fuesen dinero, los niños pobres son tratados como si fuesen basura, y los del medio viven atados a la pata del televisor, acorralados por el pánico, así que es muy difícil ser niño en el mundo de hoy, que dicho sea de paso, ahora que pronunciais la palabra alumnos, me acordé, a propósito de lo que hablábamos en la parte anterior, que justo cuando se desencadenó la guerra de Irak, el portavoz del Fondo Monetario Internacional salió a felicitar a los países latinoamericanos y usó esa expresión. Dijo “Tenemos cada vez mejores alumnos en América Latina”, o sea que los países son tratados como menores de edad que acuden a la escuela, y la verdad es que los menores de edad no son muy bien tratados en el mundo de hoy, así que imagínate los países.


Nosotras nos preguntábamos, hablando de los niños del medio, qué papel tiene la clase media en Latinoamérica.


Yo no tengo la menor idea. Eso habría que preguntárselo a los sociólogos, que son los que miden las emociones y las ideas de cada una de las clases y los sectores. Nunca hablo en esos términos, porque siempre me pareció que era falso. Son esos planteamientos que nacen de las encuestas, y las encuestas mienten, nadie dice la verdad, yo nunca conocí a una persona que diga la verdad cuando contesta una encuesta. Todos estos sociólogos que se basan en las encuestas cometen una pifia tras otra, se atribuyen esa arrogancia de poder definir qué es lo que piensa o siente una clase social, o un sector, o hasta un país... Las encuestas mienten.


Pero, ¿es quizás un problema de la clase media en Latinoamérica la costumbre de mirar siempre hacia fuera, hacia EEUU o hacia Europa, a donde mandan a sus hijos a estudiar, donde ponen su dinero... en lugar de mirar hacia dentro y tratar, como dijo usted antes, de unirse y buscar soluciones?


Ojalá fuera un privilegio de la clase media esa alienación, esa incapacidad de mirar hacia dentro y ese desprecio del mundo de adentro. Ojalá fuera un privilegio de la clase media, porque eso nos permitiría ser mucho más optimistas. Pienso que eso es transversal a las clases, que ocurre en todas, lamentablemente. Hay una alienación cultural creciente que hace que nos miremos cada vez más con los ojos del amo en toda la escala social. Y esta especie de colonialismo cultural fue muy acelerado en los últimos años por el desarrollo tecnológico. Estamos todos más o menos sometidos a la sociedad de consumo que genera despilfarro y violencia. Y el despilfarro, claro, es simétrico a la miseria creciente de los que no tienen derecho al despilfarro, y que son candidatos a recibir una bala, porque para eso existe la máquina de guerra, para proteger los privilegios. Y esta cultura es una cultura que hoy por hoy abarca todo. La clase media está en crisis. Eso está más allá de las encuestas, se ve a simple vista. Está en crisis en todas partes. Y fue muy brutalmente despojada de sus certezas de estabilidad por una situación que se volvió, en la mayor parte de los países latinoamericanos, muy feroz. Hay un dibujito de un excelente caricaturista brasileño que se llama Jaguar en el que aparece un mendigo en una esquina con un sombrerito pidiendo limosna y pasa un señor con aspecto de clase media que lo mira con indiferencia o desprecio, y el mendigo le dice: Yo soy usted mañana. Me parece que es algo más que un chiste.


La memoria está presente en casi toda su obra de una u otra manera. En la trilogía Memoria del Fuego usted escribe: “Ojalá Memoria del Fuego pueda ayudar a devolver a la historia el aliento, la libertad y la palabra”. ¿Por qué considera tan importante la memoria?¿Cuál es el poder que tiene la memoria?


Tiene poder cuando se escapa de los museos. Cuando anda libre suelta por las calles y es capaz de cometer las locuras que cometemos los seres vivos. Cuando la encierran ya es menos peligrosa; de todas maneras da testimonio de lo que ocurrió, pero pienso que la memoria que más me interesa, la que más me mueve, es la que opera como catapulta, no la que te fija como un ancla a una identidad que se puede guardar en una vitrina y cerrar con llave. Hay una ceremonia que yo sabía que se practicaba entre los indígenas de la costa noroccidental de las Américas, es decir, en esas islas que hay en la frontera entre EEUU y Canadá, donde está Vancouver... hay una cantidad de islas donde hay algunas costumbres indígenas que sobrevivieron. Después descubrí que la misma ceremonia se practica en Chiapas, así que supongo que también se debe practicar en otros lugares, por estas extrañas coincidencias que ocurren en las costumbres, en los mitos y en la transmisión de la memoria colectiva; son coincidencias raras que se dan, científicamente inexplicables. Esta ceremonia que a mí me parece muy reveladora consiste en que el maestro del oficio de la arcilla, es decir, el maestro alfarero, cuando ya está viejo y cansado y se le nubla la vista y le tiemblan las manos, transmite su lugar al alfarero joven, al que llega. Y la ceremonia es muy interesante, porque lo que le da es su obra maestra, su vasija más perfecta. Entonces el alfarero joven recoge esa maravilla, y en lugar de guardarla para poder contemplarla en una repisa, la estrella contra el suelo. La vasija se hace pedazos, mil pedacitos. El alfarero joven recoge los pedazos y los incorpora a su arcilla. Esa es la memoria en la que creo, la memoria como continuidad de la vida. No la memoria muerta que nos invita a contemplar el pasado como se invita a contemplar una mariposa clavada en la pared.


Algo en lo que incide estos días es en la necesidad de afirmar el derecho de autodeterminación de los pueblos. Decía usted que “hay derechos sagrados, más allá de las conveniencias políticas de cada sector, y que tendría que ser en esa dirección que caminara este deslumbrante movimiento pacifista” que parece ahora tan vivo. Para nosotras, como gallegas, esta idea de autodeterminación de los pueblos es algo que también nos interesa mucho...


Sí, para mí es fundamental afirmarlo ahora más que nunca, porque ya habeis visto que las declaraciones de todos los personajes importantes del gobierno de los EEUU coinciden en que lo de Irak fue un laboratorio para guerras posteriores, así que se vienen otras guerras más... Convirtieron al mundo en un gran campo de tiro al blanco donde se desató con una impunidad asombrosa la cacería de países. Hay que ver en qué lugar del mapa ponen el dedo, qué país descubren que existe y que es necesario conquistar porque tiene petróleo, o porque tiene agua –yo creo que las guerras dentro de veinte o treinta años van a ocurrir por el agua más que por el petróleo, o tanto como por el petróleo. Y entonces es necesario, creo, salvaguardar la sacralidad –yo creo que es sagrado el derecho de autodeterminación de los pueblos- del derecho que cada país tiene de decidir su destino. Y pienso que es un derecho que no debe ni puede ser limitado, aunque en los hechos lo es, porque a veces... sí, autodeterminación sí, pero hay una tiranía opresora y ocurre una matanza, entonces vienen las grandes potencias a pacificar a los muertos. Esto es así no sólo en un plano militar. Hay que defender también el derecho a la autodeterminación, recogerlo como bandera, multiplicarlo frente a esta dictadura universal del dinero, que no siempre dispara balas, a veces mata de maneras más secretas, menos espectaculares, más difíciles de combatir... Poco antes de la guerra de Irak murieron 33 bolivianos asesinados por el FMI. El Fondo le dio la orden al gobierno de aplicar un impuesto a los sueldos –que son famélicos en Bolivia. La gente se levantó y mataron a 33. Y mucha más gente muere de hambre por los planes de ajuste y por la organización desigual del mundo, que es cada vez más desigual porque a ella contribuyen de manera decisiva estos programas de ayuda que nos vende la tecnocracia internacional que son salvavidas de plomo ofrecidos a los pueblos que ahogan.


El mundo está patas arriba... ¿Cómo podemos hacer para darle la vuelta?


No tengo la menor idea. Y, además, si alguien me viene a vender una receta, lo echo, porque me parece que es un farsante. El mundo está lleno de canallas que ofrecen soluciones mágicas, mentirosos que hacen el comercio de la mentira, venden esperanzas como si la esperanza se pudiese vender. La esperanza es una cosa que se conquista cada día con mucha dificultad y que cada día se cae y se levanta cuando está viva de verdad. Como todos nosotros, que nos tropezamos, nos caemos, dudamos, nos damos contra la pared, fracasamos, morimos, volvemos a nacer... esa es la única esperanza digna de fe. Entonces no hay recetas ni soy quién para hacerlas. De lo que sí estoy seguro es de que la única manera de cambiar la realidad consiste en verla. Si no comenzamos por verla no podemos cambiarla, y ese es hoy por hoy el problema más grave: estamos ciegos de la realidad. No la vemos porque la realidad viene mentida, viene enmascarada, viene trampeada, y el desafío más importante es revelarla para poder cambiarla. Y otra certeza profunda que tengo es que los cambios, cuando son verdaderos, ocurren desde abajo y desde dentro. ¡Porque también hay recetas que se venden en el mercado internacional! Yo creo que vienen desde abajo y desde dentro y que no pueden imponerse desde arriba y mucho menos desde afuera. Los procesos de cambio, cuando son verdaderos, van madurando muy lentamente, difícilmente se asemejan a lo que los profetas anuncian y a lo que los expertos clasifican como correcto o incorrecto, porque, por suerte, la historia humana conserva –tantas cosas ha perdido, pero algunas conserva- una viva capacidad de asombro, es decir, es infinita la cantidad de conejos que aún salen de las galeras. Y esa sí es una fuente de esperanza creible: la capacidad de asombro. Que está más allá de los esquemas que los intelectuales acostumbramos construir para... decimos que para interpretar la realidad, pero la verdad de la milanesa es que los hacemos para guardar a la presa.


¿Y podemos poner una nota alegre si preguntamos por el Peñarol?


¡El Peñarol es mi enemigo, yo soy hincha del Nacional! No, también el fútbol está en crisis, el fútbol uruguayo está en crisis total, es parte del derrumbamiento del país. Es interesante como se dio ese proceso en el fútbol. Los años de alta gloria de un país tan chiquito –fíjate que los uruguayos somos ahora 3 millones y algo, nada más, menos que un barrio de Buenos Aires o de Sao Paulo, ni que hablar de Ciudad de México-, sin embargo en la década de los años 20 –cuando aún no había lo que se llama ahora Copa Mundial de Fútbol, o Campeonato Mundial de Fútbol, eran Olimpíadas- el Uruguay fue campeón en dos olimpíadas. Fue campeón del mundo en el primer campeonato mundial, en el 30, y volvió a ser campeón del mundo en el 50, pero ya ahí la cosa iba para abajo, ya el tobogán comenzaba a vislumbrarse. Y ahora ni figuramos, ni siquiera nos clasificamos, o si nos clasificamos es a duras penas, para perder al poco. Y esto es también parte de un panorama general de crisis del país. Porque ¿por qué se daba ese milagro? Yo sé que los milagros no tienen explicación, pero a veces hay por lo menos algo semejante a una explicación posible. ¿Por qué floreció el fútbol a esos niveles tan altos en aquellos años, en los años 20, 30? Bueno, pues en gran medida –aunque yo no soy de los que dicen “esto ocurre por tal cosa”... no creo que la vida humana pueda resolverse en términos aritméticos de que dos más dos son cuatro...- eso obedeció a una política estatal de profundo sentido social que el Uruguay llevó adelante en los primeros años del siglo XX cuando fue un país de vanguardia. Mi abuela era divorciada. En el Uruguay se nacionalizaron los servicios públicos esenciales hace más de un siglo, se separó la Iglesia del Estado, la enseñanza fue gratuita, laica y obligatoria para todos a principios del siglo XX. Entonces, ese país que estaba a la vanguardia, que tuvo esa energía creadora tan tremenda, y que hoy está como viviendo el epílogo triste de aquel bello prólogo, de aquel prólogo lleno de energía y de hermosura, llevó adelante programas de educación popular impulsados por el Estado, es decir, planes públicos de educación popular que no se dirigían sólo a la cabeza, sino también al cuerpo, con un sentido integral de lo que somos. Hubo unos programas de educación física tremendos y había campos de deporte en todo el país. Y esto explica el florecimiento de tantos atletas, buenos futboleros, en un país tan chiquito que era capaz de enfrentarse a los grandes y derribarlos uno por uno. Yo no digo que llega con que un país tenga programas públicos de apoyo a la educación física para que se convierta en campeón mundial de nada, no tengo esa visión mecánica y tonta de las cosas, pero digo que esas cosas ayudan mucho, que a veces una educación pública, desde los poderes públicos -cuando los poderes públicos se identifican con la gente que los elige- por lo menos influye mucho sobre el destino de la gente; no lo decide, pero influye mucho en una dirección positiva. No sólo para ganar, porque yo no soy de los que cree que se viva para ganar. Yo no creo en la vida como una pista de atletismo, de carreras, donde un elegido o dos gana para que todos los demás pierdan. Ni en el deporte ni en nada. A mi me gusta el deporte, me gusta mucho el fútbol, yo soy futbolero de alma, escribí un libro sobre fútbol, Fútbol a Sol y Sombra, pero porque creo en la alegría de jugar, no en el deber de ganar. El deber de ganar es enemigo de la alegría de jugar. Lo que pasa es que el fútbol uruguayo perdió la alegría de jugar, porque está metido en el circuito internacional del fútbol elevado –o reducido, porque eso no es ninguna elevación- al nivel de industria, al nivel de producto industrial, en un mundo que mercantiliza todo, y el fútbol está completamente mercantilizado. Entonces en esas competencias siempre nos va mal, pero por el camino además se perdió la alegría de jugar, casi nos ponemos los 11 en el arco para que no nos hagan gol, es un fútbol triste, aburrido, opaco, feo. Eso es lo que me duele. No que pierda. Me duele que es un juego que se entristeció. Es increíble hasta qué punto operan las políticas públicas. Fíjate... un país que no gana al fútbol -la verdad es que no gana nada nunca- como Finlandia, en cambio le da una lección al mundo en cosas que el mundo ignora que existen y que serían probablemente inaplicables dado lo que es la dictadura del mercado hoy por hoy en todos los niveles, en todos los campos de la actividad humana, pero que es lindo que exista. En Finlandia existe en el fútbol juvenil algo que se llama la tarjeta verde. Nadie sabe que existe la tarjeta verde, y seguramente si se aplicara en el fútbol profesional sería el hazmerreir de las tribunas. La gente está tan embrutecida por los medios masivos de incomunicación, está tan deseducada por la educación que recibe... La tarjeta verde es un invento finlandés muy lindo. Si sois de Bota, de la Iglesia de la pelota, de esta blanca esfera mágica que trota sobre los campos del mundo, sabréis que existe en el fútbol una tarjeta amarilla que advierte al pecador, y una tarjeta roja que lo condena al exilio. Es decir, el juez expulsa a los jugadores que reinciden en el mal.Y en Finlandia inventaron la tarjeta verde, que existe además de la tarjeta roja y de la tarjeta amarilla, que son tarjetas de castigo. La tarjeta verde recompensa al jugador que actúa noblemente, al jugador que es leal, al que levanta al adversario caído, al que reconoce una falta que cometió, al que advierte al juez que se equivocó, sí, cobrando ese gol que acaba de hacer, que en realidad estaba fuera de juego. Esos jugadores nobles, capaces de nobleza, capaces de lealtad, capaces de solidaridad, reciben la tarjeta verde. Sería lindo que el mundo fuera así.



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