Heinz Dieterich SteffanEl Bloque de Poder Sudamericano

Heinz Dieterich Steffan

Rebelión

31 de mayo del 2003


Por primera vez en dos siglos, América Latina tiene la posibilidad objetiva de liberarse de la tiranía de Estados Unidos, formalizada en 1825 con la Doctrina Monroe. Ahora depende de la madurez de los movimientos sociales y políticos de la Patria Grande, si se logra convertir esa posibilidad en realidad.

Existen dos factores claves en la gestación y el desenlace de esta coyuntura: a) la coincidencia en el poder de Fidel Castro en Cuba, Ignacio "Lula" da Silva en Brasil y Hugo Chávez en Venezuela y, b) el intento de la elite estadounidense, coadyuvado de manera contradictoria y subalterna por las potencias europeas, de imponer un Nuevo Orden Mundial con claro contenido y metodología fascistoide.

El factor subjetivo es tan importante en esta coyuntura histórica, como las circunstancias objetivas. Y dentro del liderazgo colectivo de un posible Bloque Regional de Poder (BRP) destaca Fidel Castro quien es, sin duda, un revolucionario a la altura de Simón Bolívar, con todas las capacidades subjetivas necesarias para lograr la Segunda Independencia de Nuestra América.

Dotado de una aguda percepción del vector de transformación que llamamos "tiempo"; siempre consciente del aforismo del gran estratega militar prusiano Karl von Clausewitz, de que el arte de la guerra consiste en la concentración de las fuerzas adecuadas en el lugar adecuado y el momento adecuado, para derrotar al enemigo; poseedor de una enorme capacidad pedagógica y didáctica que le permite vincularse con facilidad a todo auditorio comunicativo y transmitir en un lenguaje accesible contextos complejos y, contar además, con una biografía revolucionaria y humanística consecuente, estas son algunas de las características que han convertido al Presidente cubano en un estadista sin par de la sociedad global.

Fidel Castro constituye, hoy día, el centro de gravitación de la Segunda Independencia de América Latina y no porque quisiera serlo o porque hubiera afanes personales, sino por el simple peso de su praxis ética y latinoamericanista.

Hugo Chávez es, al igual que Fidel, un hombre de enorme inteligencia, honestidad y latinoamericanismo, a quién una Santa Trinidad criollamente sui generis ---compuesta por la Providencia, las clases populares y los cañones del General Raúl Baduell--- le dio una segunda oportunidad de vida durante el golpe de Estado del 2002, para cumplir con su misión histórica: ser copartícipe en la conquista de la Segunda Independencia.

"Lula" complementa el "Triunvirato de la Liberación". No viene del socialismo como Fidel, ni tampoco del Bolivarianismo de Hugo Chávez. Su perfil de transformador social está ligado al realismo de la lucha obrera-sindical, a la estrecha relación con el clero progresista del Brasil y a proyectos hegemónicos históricos de importantes sectores de poder del país.

Los tres líderes han experimentado en la práctica la absoluta necesidad de aliarse en un Bloque Regional de Poder para poder sobrevivir a las agresiones injerencistas del imperialismo estadounidense y avanzar sus proyectos nacionales que difieren considerablemente en sus matices.

Una de las "manos invisibles" de la solidaridad latinoamericana, que ayudaron a derrotar el golpe de Washington, Madrid y la oligarquía venezolana, y que contribuyeron a salvarle la vida al presidente Hugo Chávez, tenía un inconfundible tinte caribeño que inclusive hacia recordar una famosa pintura de Oswaldo Guayasamín.

Durante el segundo golpe de Estado, la conspiración petrolera, la revolución bolivariana recibió un apoyo material y político directo de "Lula", que fue de importancia vital para estabilizar a las fuerzas populares. "Lula" rompió con la actitud de otros gobiernos latinoamericanos que no hicieron nada para defender al gobierno constitucional de Hugo Chávez.

Con su anuncio de invitar a Cuba a la reunión del Grupo de Río en el ano 2004, el líder brasileño ayuda nuevamente a quebrar el cerco con que Washington trata de estrangular a la Revolución Cubana.

Cuba, a su vez, ha podido estabilizar sus gastos energéticos mediante un convenio con Venezuela que le garantiza parámetros confiables para la planeación de su economía, a través del suministro seguro de petróleo. Brasil, a su vez, se beneficia de los proyectos compartidos con Venezuela en el sector petrolífero y eléctrico y de las compras venezolanas en la industria aeronáutica brasileña (Embrear).

A este triunvirato parece integrarse el flamante presidente argentino, Néstor Kirchner, y su padrino, Eduardo Duhalde, tal como indica la enorme cercanía mostrada durante la toma de posesión de Kirchner. Si se fortalece este naciente Bloque de Poder Sudamericano, tendrá un enorme poder; de hecho, un poder tan grande que será imposible para Washington y Bruselas, destruirlo.

El posible fin de la Doctrina Monroe y de la explotación neocolonial estadounidense en su patio trasero, a raíz de la constitución de este Bloque Regional de Poder, ha prendido los focos rojos entre los planificadores imperiales en Washington.

Uno de ellos es el ex asesor de seguridad nacional del Presidente Ronald Reagan, Constantin Menges, quien jugó un papel central en la guerra sucia contra los movimientos populares centroamericanos y el gobierno sandinista en Nicaragua, durante los ochenta. Actualmente, Menges es investigador del Hudson Institute y profesor de la George Washington University en Washington, D.C.

En esa capacidad advirtió en septiembre del 2002 en un estudio intitulado, "Una advertencia estratégica: Brasil", que un triunfo electoral del candidato del Partido de los Trabajadores (PT) del Brasil, Inacio "Lula" da Silva, en los comicios de octubre, podría llevar a la constitución de "un eje Castro-Chávez-Lula capaz de empujar otros países sudamericanos hacia la izquierda", como "Colombia, Bolivia, Ecuador e inclusive Argentina"; hacer alianzas con los "países terroristas" Irán e Irak y ser usado "como plataforma de agresión contra los Estados Unidos, por movimientos terroristas islámicos."

Si Washington no impide este desarrollo, se constituirá "un poderoso eje del mal justo en el Hemisferio Occidental", con control sobre 300 millones de personas, y "George Bush será responsable de la pérdida de América del Sur". Uno de los aspectos más preocupantes de Lula, advierte Menges, consiste en que no quiere cumplir con el Tratado de No Proliferación Nuclear, alegando (13.9.2002) que ese Tratado solo tiene sentido, si todos los países que tienen armas nucleares, "se deshacen de ellas".

Para impedir la integración del Bloque de Poder Sudamericano, Menges recomienda utilizar todas las capacidades de inteligencia de Estados Unidos para "tratar de entender la realidad" del verdadero proyecto de Lula, incluyendo la realización de una especie de "ejercicio de guerra política" con las simulaciones correspondientes.

Ante la plena decadencia de las piezas de recambio gubernamental neoliberales y neocoloniales de Washington, la propuesta del arquitecto de la guerra sucia se vuelve más imperiosa para el imperio.

El presidente Alejandro Toledo en Perú sólo puede mantenerse en el poder mediante las bayonetas y el estado de sitio; el presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez, traidor de las clases populares y descarado operador del Plan Colombia, no tiene futuro político; el presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Losada está amenazado por un eventual levantamiento popular y el Sharon criollo, el presidente Alvaro Uribe Vélez, está estancado con su política de "limpieza política" en Colombia.

La creciente construcción del Bloque de Poder Sudamericano y el simultáneo debilitamiento de los gobiernos neoliberales, abren objetivamente las puertas hacia la Segunda Independencia de la Patria Grande.

Si se logra pasar por ellas depende ahora de los movimientos sociales y políticos. Su conciencia, poder y ética decidirán, si la balanza histórica se inclinará hacia la liberación regional o si seguirá en la estéril politiquería electorera nacional que caracteriza el status quo neocolonial.

Nunca han tenido más responsabilidad histórica que el día de hoy.



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