Heinz DieterichLatinoamérica entre barbarie y desarrollismo

Heinz Dieterich

Rebelión

25 de octubre del 2003


Los pueblos, clases políticas y elites latinoamericanas están ante una encrucijada estratégica. Tienen que elegir su destino entre cuatro grandes opciones políticas: 1. la barbarie neoliberal; 2. el renaciente desarrollismo nacionalista de los años cuarenta; 3. el desarrollismo regional democrático y, 4. la democracia participativa postcapitalista.

Las dramáticas luchas sociales y políticas que vive América Latina actualmente, resultan del choque entre estos cuatro proyectos políticos y sus diferentes grados de desarrollo. En esencia, la colisión se da entre un programa de dominación y explotación en ocaso, el neoliberalismo del gran capital internacional, y tres programas emergentes de defensa y liberación de la Patria Grande.

A su sangriento paso por América Latina, el neoliberalismo ha puesto en evidencia tres características que le son inherentes, es decir, que son parte de su "genoma": a) la inevitable devastación de las bases económicas de las naciones y la inmisericorde destrucción de la calidad de vida de sus habitantes; b) que al evolucionar en el tiempo, termina invariablemente en una tiranía abierta de la elite en el poder; c) que remover a los tiranos neoliberales requiere de altas cuotas de sangre y sufrimiento de la población.

El desciframiento del código "genético" del neoliberalismo estadounidense-criollo ha dejado claro ante los ciudadanos latinoamericanos que se trata de un "virus" mortal. Los primeros en darse cuenta de esta verdad fueron los pueblos que han peleado su sobrevivencia en heroicas batallas campales, sacando del poder a los neoliberales Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Alberto Fujimori en Perú, Yamil Mahuad en Ecuador, Fernando de la Rúa en Argentina y ahora a Gonzalo Sánchez de Losada, en Bolivia.

Los pueblos y las clases medias tuvieron la fuerza suficiente para triunfar en la calle, pero en algunos casos perdieron los frutos de su victoria militante en los intrincados laberintos del poder superestructural de los neoliberales. En Ecuador se cambió un sujeto neoliberal por otro, probablemente peor; en Perú se retiró a un neoliberal asesino por otro, menos represivo, pero al fin y al cabo, neoliberal; en Bolivia, el presidente "matagente" se ha retirado a la verdadera capital de esta clase social, Miami, y no está del todo claro, de qué lado de la historia terminará el flamante mandatario Carlos Mesa.

Dos éxitos insurreccionales de recambio, Nestor Kirchner y Hugo Chávez, sin embargo, no son un resultado despreciable, si se toma en cuenta que en muchos de los casos, las clases intelectuales, los partidos políticos y los aparatos sindicales abandonaron prácticamente a las fuerzas populares en sus enfrentamientos decisivos por la transformación.

Es parte de la gloria de los actores populares que hayan logrado superar su estado de orfandad, derrotando a los gobiernos mencionados y abriendo las puertas de la historia a las tres alternativas políticas emergentes que hoy día permiten la derrota definitiva de la barbarie neoliberal.

La recuperación de la memoria del desarrollismo nacionalista de los años cuarenta y cincuenta ---vinculado a los generales Juan Domingo Perón, Lázaro Cárdenas y Getulio Vargas--- al igual que la de Salvador Allende y de los héroes de la gesta independentista, avanza velozmente y empieza a recorrer como un fantasma la mente pública de Nuestra América.

Antiguas banderas nacionalistas y libertadoras de aquellos tiempos se insertan en el discurso de sectores de partidos políticos atrofiados y de sindicatos aun semi-corporativos, que se ven amenazados por la enajenación del patrimonio nacional, al igual que el campesinado indígena y criollo, cuya desaparición como clase social está programada por el "libre" comercio.

Es de extrema importancia ese regreso a los antiguos referentes de la libertad, soberanía y dignidad nacional que habían sido exorcizado sistemáticamente por los ayatolas ideológicos del neoliberalismo y posmodernismo; pero más importante aún es la aparición del hijo legítimo del desarrollismo nacional histórico: el desarrollismo democrático regional.

En los tiempos de la globalización neoliberal de Bush y del eje neofascista global, el desarrollismo nacional solo tiene viabilidad en Nuestra América, si asimila dos condiciones nuevas: a) tiene que realizarse dentro de un Bloque Regional de Poder (BRP) y, b) no puede ser corporativista como en el pasado, sino tiene que ser de democracia participativa.

La simbiosis del viejo nacionalismo desarrollista y del nuevo desarrollismo democrático regional es la única estrategia de desarrollo viable en la actualidad, para detener el proceso de africanización que sufre Nuestra América, porque es la única que permite unificar las fuerzas económicas, políticas y culturales necesarias. La unificación de todas las fuerzas latinoamericanas progresistas detrás de este programa de defensa y transformación, es por lo tanto, la tarea política más importante del momento.

A la vanguardia de este proceso ---del cual se han dado cuenta un creciente número de políticos burgueses, sindicalistas de base, sectores del movimiento global anticapitalista, empresarios transnacionales latinoamericanos, rectores de importantes universidades públicas, intelectuales socialdemócratas y liberales--- va el bloque de poder de liberación latinoamericano, que forman Argentina, Brasil, Venezuela y Cuba.

Donde hay poca conciencia de esta realidad y de su enorme "oferta" de salto cualitativo hacia la segunda independencia, es en la izquierda tradicional y en el sectarismo intelectual. Parapetados en la pureza de sus esquemas cosmológicos, siguen entregándose de cuerpo y alma al socialismo instantáneo, que ---según profesan--- es el único ideal de cambio, por el cual están dispuestos a luchar.

Mientras los letrados y fieles siguen en la exégesis de las escrituras sagradas, implorando la impureza de la realidad, esta vive ya una auténtica revolución. Sí, América Latina se encuentra en un proceso revolucionario de implicaciones trascendentales.

O, ?cómo quiere llamarse la formación del grupo G-22, encabezado por Brasil y Argentina, que hizo imposible la imposición de los intereses del imperialismo estadounidense, europeo y japonés en la reciente reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC)? ?Cómo quiere llamarse al hecho de que el presidente brasileño y el canciller argentino no se reunieron en su última visita a La Habana con la quinta columna estadounidense-europea?

Y el "Consenso de Buenos Aires", que prioriza el pago de la "deuda social" al de la deuda externa; la firmeza argentina de no pagar más que el 25 por ciento del valor nominal de sus bonos en moratoria; la decisión compartida de construir "una gran región sudamericana" mediante la integración del MERCOSUR con la Comunidad Andina, ¿todos estos no son planteamientos revolucionarios?

?Puede haber algo más revolucionario que pararle la mano a los saqueadores del capital financiero en un "Ya Basta", que es la precondición de todo proceso de liberación social y nacional en la Patria Grande?

Washington ha reaccionado ante ese peligroso proceso de descolonización, agregando a su arsenal de intervencionismo subversivo del Plan Colombia, del ALCA, de la dolarización, de la agresión contra Cuba y del golpismo en Venezuela, la política de destrucción del grupo G-22, logrando con su presiones ya la renuncia al grupo de cinco gobiernos latinoamericanos.

Sin embargo, si el Bloque Regional de Poder se afianza, mantiene sus alianzas con China e India, y logra hacer entender a los movimientos sociales que representa la única opción frente a la barbarie, ni Washington ni Bruselas pueden impedir el proceso.

Entre la sabiduría de Fidel Castro, el ímpetu de Hugo Chávez, la serenidad de Inacio "Lula" da Silva y la acertada audacia de Nestor Kirchner, se está configurando un tremendo software de liberación. Integrándole el proyecto histórico de la Democracia Participativa postcapitalista, será invencible.

 

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