El corredor Biológico Mesoamericano: ¿conservación o apropiación?

EcoPortal.net

Setiembre de 2003


El proyecto se circunscribe a una región especial de 768.000 km2 de tierras y paisajes considerada una de las regiones del planeta con mayor biodiversidad, 10% o 12% de toda la biodiversidad del mundo, dependiendo de la longitud que se le reconozca.

La idea de una serie de áreas naturales protegidas que estén unidas por
zonas aledañas de amortiguamiento donde se desarrollen actividades de baja
intensidad resulta sin duda atractiva. Sería un esquema que podría llegar
a garantizar la continuidad del paisaje o hábitat y evitar la
fragmentación provocada por actividades industriales como la agricultura y
la forestación en gran escala, la urbanización u obras como carreteras y
represas. Eso es lo que pregona la letra del proyecto denominado Corredor
Biológico Mesoamericano (CBM).

Pero también es cierto que cuando ese proyecto se da en una Mesoamérica
cuyo contexto es el de un avance feroz de los intereses empresariales
hacia la captación de áreas que hasta ahora habían estado fuera del
mercado --como los recursos genéticos o el agua--, de una gran
desigualdad, del despojo cada vez mayor a las comunidades que fueron las
que permitieron que perdurara toda la rica biodiversidad de la región,
surgen serias dudas.

Los orígenes del CBM pueden rastrearse en 1992, cuando en el marco de la
Cumbre de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Cumbre de la Tierra)
y del Convenio Centroamericano de Biodiversidad, se encomienda al Consejo
Centroamericano de Áreas Protegidas el desarrollo del Sistema
Mesoamericano de Parques Nacionales y Áreas Protegidas "como un efectivo
corredor biológico mesoamericano". Luego, en la Alianza Centroamericana
para el Desarrollo Sostenible, aprobada en 1994, se menciona el desarrollo
de corredores biológicos y de áreas protegidas y se establece el
compromiso por parte de los presidentes de establecer el Corredor
Biológico Centroamericano. También en 1994, la Universidad de Florida,
Estados Unidos, bajo los auspicios del Proyecto Paseo Pantera, publicó un
informe sobre la factibilidad de establecer un corredor biológico en
Centroamérica.

El acuerdo estableciendo formalmente el concepto del Corredor Biológico
Mesoamericano fue firmado en febrero de 1997. La región de Mesoamérica la
constituyen los cinco estados sureños de México (Campeche, Chiapas,
Quintana Roo, Yucatán y Tabasco) y los siete países centroamericanos:
Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
El proyecto se adopta oficialmente en la Cumbre de Presidentes de
Centroamérica de julio de 1997, realizada en la Ciudad de Panamá, y su
ejecución compete a la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo
(CCAD) (documento del proyecto en
http://www.biomeso.net/GrafDocto/PRODOC-CBMESPAÑOL.pdf  ).

El proyecto se circunscribe a una región especial de 768.000 km2 de
tierras y paisajes considerada una de las regiones del planeta con mayor
biodiversidad --10% o 12% de toda la biodiversidad del mundo, dependiendo
de la longitud que se le reconozca --, habitada por más de 40 millones de
personas. Se trata de un punto de encuentro de las dos biotas americanas
(la neoártica que habita en el norte y la neotropical que habita en el sur
del continente), con lo que el istmo se convierte en un embudo en el cual
se condensa el movimiento migratorio de todo tipo de especies, individuos
biológicos y genes.

El CBM surge en un momento en que el mundo empieza a reconocer en la
biodiversidad un valor planetario. Pero también, ese reconocimiento se
inserta en un contexto en el que todo es rápidamente convertido en
mercancía. La captura de carbono y agua, la retención de suelos, la
conservación de la biodiversidad, el filtrado de las aguas, todo eso es
presentado como un "servicio ambiental" que puede ser rentable. El
concepto de "servicios ambientales" redituables cumple la función de crear
un marco económico amplio dentro del cual se pueda transitar de la
propiedad colectiva fragmentada y de la pequeña propiedad de estos
servicios a la privatización de las Áreas Naturales Protegidas, las
cabezas de cuenca, los cauces de los ríos y los mantos freáticos, los
conocimientos, los códigos genéticos, etc., por parte de mega empresas. La
propuesta de los servicios ambientales engloba también la bioprospección
--para preservar in situ especies que pueden ser privatizadas o
comercializadas por medio de las patentes--, y el ecoturismo.

Es así que la conservación pasa a ser un negocio más, pero también sirve
como un pretexto atractivo para captar fondos destinados al "desarrollo
sostenible", sea éste lo que sea. Se establece un ordenamiento
territorial de Mesoamérica en función de los servicios y bienes
ambientales que puedan brindar los ecosistemas que se pretende proteger.
La idea podría parecer interesante si no fuera que hasta hoy no existe una
definición exacta de lo que es el desarrollo sostenible; el término se ha
convertido en una quimera que puede significar cualquier cosa dependiendo
de quien la use.

Lo cierto es que, según testimonian varias organizaciones de la región, a
3 años de haber iniciado un proyecto de 16,6 millones de dólares, los
resultados no son nada alentadores. Las áreas protegidas de la zona
continúan estando altamente amenazadas y los proyectos piloto impulsados
por el CBM no han provocado ningún cambio sustancial en esta situación. El
hecho de que el diseño se haya planteado sin intentar enmendar problemas
ya conocidos induce a pensar que por detrás hay otros intereses diferentes
a los de la conservación, y que lo que se está intentando es maquillar de
verde el "desarrollo" convencional.

La estrategia del pago por los servicios ambientales es presentada como
una alternativa económica para los pueblos de Mesoamérica, agobiados por
el peso de fuertes e históricas deudas externas. Pero, a su vez, no puede
perderse de vista que el contexto en el cual se daría esa mercantilización
es el de un mundo de "libre mercado" en el cual las transnacionales llevan
todas las de ganar en la medida que la creciente acumulación de capital y
poder les permite tener el control hegemónico de todo el ciclo de
producción, transformación, comercialización, distribución. Esa dinámica
es continua y por eso, en una nueva acometida, las transnacionales buscan
ahora apropiarse de los códigos genéticos --materia prima del negocio de
la ingeniería genética-- y del agua --cuya creciente escasez la convertirá
en un recurso estratégico.

Por otro lado, es importante ubicar al CBM en el contexto del Plan Puebla
Panamá (PPP), que fue propuesto por el presidente mexicano Vicente Fox y
aceptado por los demás jefes de Estado de la región en 2001. El PPP
contempla la construcción de carreteras, puertos marítimos, tendidos
eléctricos y comunicaciones de fibra óptica, represas hidroeléctricas,
oleoductos, gasoductos, ferrocarriles, aeropuertos, canales secos y de
agua, así como corredores industriales y maquiladoras. Con ello se
vincularía la zona a los requerimientos del comercio y el mercado
internacionales.

En ese marco parecería que la implementación del CBM de alguna manera da
el mensaje de que hay una zona protegida cuya conservación se garantiza,
pero que el resto queda desprotegido y sujeto a una utilización
insustentable, que es lo que ocurriría con el PPP. Pero tarde o temprano
las actividades depredadoras terminan afectándolo todo, pues conservación
y depredación son irreconciliables. Hay además una contradicción inherente
a la coexistencia de los dos proyectos, en la medida que el PPP concibe
una red de corredores de infraestructuras interoceánicos que interrumpen
en varios puntos el flujo entre las biotas del norte y del sur que
circulan en los corredores biológicos transmesoamericanos. Los cortes que
imponen los megaproyectos e infraestructuras (en el Canal de Panamá, en
Honduras y en el Istmo de Tehuantepec, principalmente) se suman además a
todas las destrucciones ambientales que ya han venido ocurriendo
previamente en la región mesoamericana. Y para aumentar la esquizofrenia,
en convivencia con los corredores de conservación se promueve el
establecimiento de corredores de plantaciones forestales, que se
promocionan como zonas de reforestación y como sumideros de carbono.

Los pueblos de la región ya tienen una amarga experiencia con los
megaproyectos, que han ocasionado problemas graves como la falta de
reconocimiento de las asimetrías económicas y sociales, el debilitamiento
de los Estados, la privatización de los bienes y servicios públicos, el
aumento de la vulnerabilidad de indígenas, mujeres y jóvenes, la
subordinación de la seguridad y soberanía alimentaria, el crecimiento del
sector informal, la disminución de la protección social, el saqueo de los
recursos naturales, la destrucción de los pequeños y medianos productores
y de la producción nacional en general.

Tanto el CBM como el PPP cuentan con el financiamiento del Banco Mundial.
En el caso del CBM, además del Banco Mundial, varios países donantes,
principalmente de Europa, Japón y Estados Unidos, además del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), han comprometido un aporte de 470
millones de dólares para la realización de proyectos de carácter nacional
y regional. Es poco probable que la presencia de estos organismos y de
estos gobiernos en el CBM sea casual. Es mucho el dinero que se mueve en
torno a estos proyectos, que dan lugar a numerosos estudios, diagnósticos,
consultorías y asesorías, y muchas veces de ahí a la asociación con
empresas privadas para actividades de bioprospección e inversiones en
Áreas Protegidas. No puede desconocerse que hay fuertes intereses
empresariales y geopolíticos interesados tanto en dar impulso al Plan
Puebla Panamá como en apropiarse de una biodiversidad de la que se espera
obtener elevadas ganancias.

Por otro lado, sin duda que existen intereses genuinos que apuntan a la
conservación de la diversidad tanto biológica como cultural y que ven al
CBM como una alternativa viable para lograr ese objetivo.

La discusión en torno a las bondades o maldades del CBM debe darse
entonces en el marco del tipo de desarrollo que se implemente en la
región. De triunfar el modelo del Plan Puebla Panamá, el CBM será
simplemente parte del paquete de saqueo y degradación de los recursos de
la región. De predominar una visión socialmente justa y ambientalmente
respetuosa, resultado de la participación informada, real y libre de las
poblaciones locales, la idea de un sistema de áreas protegidas que haga
las veces de corredor biológico en la región podría ser un paso importante
en el mejoramiento de la calidad de vida de la gente y en el uso adecuado
de los recursos naturales.-EcoPortal.net

Artículo basado en información obtenida de "PPP y corredor mesoamericano,
otra forma de invasión externa", Angélica Enciso L., La Jornada,
http://www.geocities.com/investigaccion_rural/  ; "Comunicado de prensa del
IV Foro Mesoamericano Por la Autodeterminación y Resistencia de los
Pueblos", 9 de julio de 2003,
http://www.4foromesoamericano.com/noticias.htm  ; y comentarios de Andrés
Barreda, UNAM - Universidad Nacional de México, correo electrónico:
barreda@laneta.apc.org ; Piedad Espinosa, Trópico Verde, correo
electrónico: mailto@tropicoverde.org  , http://www.tropicoverde.org  ; Magda
Lanuza, Fundación Hijas e Hijos del Maíz, correo electrónico:
elia35@yahoo.com

Extractado del Boletin 73 del WRM - Movimiento Mundial por los Bosques - http://www.wrm.org.uy

 

Volver arriba
Lospobresdelatierra.org - Inicio