Para entender el cambio climático

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Diciembre del 2003



El "efecto invernadero" no es en sí mismo un problema. Es más, el delicado equilibrio de dicho sistema es lo que ha creado las condiciones que permiten la vida en el planeta. El problema surge porque se ha agregado una carga artificial de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

El clima de nuestro planeta es un complejo sistema resultante de la
interacción de cinco factores: la atmósfera, los océanos, las regiones de
hielo y nieve (criósfera), los organismos vivos (biósfera) y los suelos,
sedimentos y rocas (geósfera), a su vez todos ellos directamente
vinculados con el sol.

Sólo en estos términos es posible comprender los flujos y ciclos de
energía y materia de la atmósfera, lo cual es imprescindible para
investigar las causas y los efectos del cambio climático. Pero también, a
estos factores hay que agregar uno más: el factor antropogénico,
resultante de la actividad humana.

De "invernadero" a "horno"

El clima, como ya dijimos, está directamente relacionado con la energía
solar, que llega hasta la superficie de la Tierra y vuelve al espacio en
forma de rayos infrarrojos. Pero esa energía que sale, pasa por la
atmósfera. La atmósfera contiene, además de nitrógeno, oxígeno y argón,
una mezcla de otros gases diferentes (dióxido de carbono, metano, óxido
nitroso, ozono, vapor de agua) que envuelve al planeta y forma un sistema
ambiental integrado con todos los componentes de la Tierra. Son esos gases
los que permiten pasar la energía solar pero a la vez atrapan y absorben
parte del calor que "rebota" y vuelve a salir (aproximadamente un 30%; del
resto un 45% es absorbido por la tierra y los océanos, y un 25% por la
atmósfera). Este sistema de control natural de la temperatura de la Tierra
se asimila así al efecto de un invernadero, y a los gases que actúan en
ese proceso se los conoce como "gases de efecto invernadero". El efecto
invernadero permite también en gran medida la presencia de agua en estado
líquido.

El "efecto invernadero" no es en sí mismo un problema. Es más, el delicado
equilibrio de dicho sistema es lo que ha creado las condiciones que
permiten la vida en el planeta. El problema surge porque se ha agregado
una carga artificial de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Se
está poniendo una capa "de abrigo" extra que no necesitamos, y que aumenta
el calor. El invernadero se está convirtiendo en un horno.

El calentamiento global

Si bien el clima de la Tierra es inestable y más bien impredecible -y muy
sensible a factores internos o externos-, la temperatura probablemente no
ha cambiado tanto en los últimos 200.000 años: las temperaturas de la
última era glaciar fueron solamente 5º C más frías que en el presente. La
temperatura media de la Tierra es actualmente de aproximadamente 14º C
(sin el efecto invernadero sería de -18º C).

Sin embargo, en los últimos 200 años ha ocurrido un brusco aumento de
temperatura. La temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado
entre 0,3 y 0,6º C con respecto a la época preindustrial, y el mayor
aumento ha ocurrido en los últimos 40 años. El calentamiento del planeta
se ha hecho evidente tanto en la superficie marina como terrestre, lo cual
es apoyado por indicadores indirectos como la retracción de los glaciares.
A escala mundial, 1998 fue el año más caluroso y la década de los 90 la
más calurosa de la historia. Esta tendencia está directamente relacionada
con las actividades humanas, que están provocando un aumento de los
niveles de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera.

El dióxido de carbono (CO2), uno de los más importantes de estos gases,
cumple un complejo ciclo vital. Es liberado por las erupciones volcánicas,
por la respiración, por procesos del suelo, la combustión de componentes
de carbono y por la evaporación oceánica. A su vez, se disuelve en los
océanos y es consumido por la fotosíntesis de los vegetales. Con
posterioridad a la revolución industrial y en especial después de la
Segunda Guerra Mundial, la actividad industrial ha emitido enormes
cantidades de CO2 a la atmósfera a través de la combustión de combustibles
fósiles de depósitos subterráneos, de los cuales los tres principales son
carbón, petróleo y gas.

La mayor parte de las emisiones de dióxido de carbono son producidas por
la utilización de combustibles fósiles para generar energía, los procesos
industriales y el transporte, pero también son producidas por los procesos
de deforestación y tala de bosques. Las actividades agrícolas y los
cambios del uso de la tierra producen emisiones de metano y óxido nitroso,
mientras que los procesos industriales también emiten productos químicos
artificiales llamados halocarbonos (CFCs, HFCs, PFCs).

Los gases clorofluorocarbonos (formados por moléculas de carbono, cloro y
fluor) son totalmente antropogénicos (es decir, creados por actividades
humanas) y son producidos por aerosoles, refrigeradores y aparatos de aire
acondicionado. Se considera que estos gases han contribuido en gran medida
al calentamiento global.

Más que una evolución lineal, el clima sigue un trayecto no lineal con
sorpresas inesperadas y drásticas cuando los niveles de gases de efecto
invernadero alcanzan un punto crítico que desencadena otros procesos hasta
ahora desconocidos. Todo indica que las emisiones de gases de efecto
invernadero generadas por actividades humanas pueden causar cambios
climáticos drásticos en el siglo XXI y más allá, con efectos de amplio
alcance en el ambiente y en las sociedades y economías humanas.

La razón de la sinrazón

El aumento del dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero
responsables del cambio climático es una consecuencia de los actuales
modelos de desarrollo -producción y consumo- que fomentan una utilización
excesiva de combustibles no renovables así como de modelos de utilización
de la tierra inapropiados.

En general, las emisiones de gases de efecto invernadero de combustibles
fósiles y el modelo de consumo característico de la sociedad
industrializada moderna van de la mano: cuanto más rico es el país,
mayores son las emisiones. Es así que Estados Unidos está a la cabeza,
registrando alrededor de un 24% del total de emisiones.

Los países industrializados han explotado y consumido más combustibles
fósiles, bosques y otros recursos del planeta, que el Sur, lo que les
permitió alcanzar el grado de riqueza y poder actual. En ese camino, han
colocado a la humanidad en un estado de riesgo tal que corre peligro de
sucumbir. Es justo que recaiga en ellos la mayor parte de la
responsabilidad de evitar la crisis social, ambiental y planetaria.

Cuando el futuro nos alcance

Muy pocas personas ponen en duda seriamente que el clima de la Tierra está
cambiando y que, de no adoptar medidas, la humanidad entrará en un periodo
de desequilibrio climático intensificado. Los modelos climáticos predicen
que si las tendencias de emisión actuales continúan incambiadas, para el
año 2100 la temperatura aumentará entre 1,4ºC y 5,8ºC. Son cambios sin
precedentes en los registros históricos. Dentro de un siglo -que es decir
casi nada en la historia de la Tierra- nuestros descendientes y los de las
demás criaturas vivas podrían tener que soportar temperaturas muy por
encima de las experimentadas durante la mayor parte de su proceso de
evolución. Las consecuencias para muchas especies, incluida la humana,
podrían ser catastróficas.

Una de las predicciones centrales de los expertos en clima es que los
fenómenos extremos tales como tormentas, huracanes, inundaciones, sequías
e inviernos severos, serían cada vez más frecuentes, con consecuencias
graves para las condiciones de vida humana. No obstante, los impactos no
serán los mismos en el planeta. Algunas regiones (particularmente las
zonas secas del Tercer Mundo) se secarían, causando una grave degradación
de la tierra mientras que otras sufrirían un enfriamiento considerable
debido a cambios en la Corriente del Golfo. En general habría un aumento
del nivel del mar (con proyecciones de 9 a 88 cm para el año 2100) a
medida que el calentamiento del agua alcanzara las profundidades del
océano.

Un posible impacto ecológico es la destrucción de la mayor parte del
bosque amazónico para fines del siglo XXI, producto de la sequía. La
pérdida de bosques a escala mundial liberaría aún más dióxido de carbono,
exacerbando el cambio climático.

Los más vulnerables a los impactos del cambio climático son los que viven
en condiciones sociales y económicas adversas: los sectores de menores
ingresos de las poblaciones de los países del Sur, los sectores pobres
urbanos en general, los residentes de regiones costeras e islas, y los
habitantes de tierras semiáridas. La creciente exposición a desastres
naturales tales como inundaciones, sequía, deslizamientos de tierra,
tormentas y huracanes, serán más graves para los sectores que están en
mayor situación de riesgo.

Para ilustrar más claramente la gravedad de los impactos previstos, veamos
caso por caso lo que predicen los expertos:

* aumento del nivel del mar: si bien es difícil medir los cambios del
nivel del mar, se calcula que en los últimos 100 años el nivel del mar ha
crecido entre 10 y 25 cm. Esto indica que en gran medida ese cambio ha
estado relacionado con el aumento de la temperatura ocurrido en los
últimos 100 años. En esta escala de tiempo, la expansión del volumen del
océano provocada por el calor podría ser parte de la causa, y el resto por
la contracción de los glaciares y la pérdida de capas de hielo. El grosor
de los hielos árticos sumergidos en el mar se redujo en la década de 1990
más de un metro con respecto a veinte o treinta años atrás. La pérdida
generalizada de las capas de hielo discontinuas del planeta desencadenará
la erosión de las regiones árticas, cambiando los procesos hidrológicos y
liberando dióxido de carbono y metano a la atmósfera.

* zonas costeras: como corolario del aumento del nivel del mar, las
regiones costeras sufrirán inundaciones graves. Bangladesh, uno de los
países más pobres del mundo, también es el más vulnerable al aumento del
nivel del mar. Su población está gravemente afectada por las tormentas.
Las catástrofes naturales ya han causado daños en hasta 100 km. tierra
adentro, por lo que resulta pavoroso imaginar a qué punto llegarían con un
aumento acelerado del nivel del mar.

* precipitaciones: se ha observado un aumento en regiones de altas
latitudes del Hemisferio Norte, especialmente durante el invierno,
mientras que con posterioridad a la década de 1960 han disminuido en los
subtrópicos y trópicos desde África a Indonesia. Las predicciones indican
un aumento de las precipitaciones a escala mundial, pero las tendencias a
escala local son mucho menos seguras. Mayores lluvias y nieve significarán
condiciones del suelo más húmedas en los inviernos de latitudes altas,
pero el aumento de la temperatura podría implicar que en el verano los
suelos estarán más secos.

* salud: la transmisión de numerosas enfermedades infecciosas está
directamente relacionada con los factores climáticos, ya que los agentes
de infección y sus organismos transmisores son sensibles a factores tales
como la temperatura, el agua, la humedad en general y del suelo en
particular, el viento. Esto se aplica en especial para las enfermedades
transmitidas por organismos vivos, como en el caso de la malaria que es
transmitida por un mosquito. Si bien no está unánimemente aceptado,
algunas proyecciones indican que el cambio climático y el cambio de los
patrones meteorológicos afectarían el alcance (tanto en altitud como en
latitud), la intensidad y la estación propicia de numerosas enfermedades
infecciosas.

* agricultura: el aumento de la tasa de evaporación contribuiría a la
salinización de las tierras agrícolas irrigadas. La degradación del suelo
inducida por el clima sumada al aumento de plagas, sequía e inundaciones
podría provocar una pérdida de entre 10% y 15% de los rendimientos de
granos de África, América Latina y Asia en los próximos 50 años. De
cumplirse esta previsión y de mantenerse incambiado el actual modelo de
distribución desigual de la apropiación de los recursos, el riesgo de que
se exacerben las condiciones de hambre en los países empobrecidos es muy
grande.

* bosques: el cambio climático afectaría la salud y composición de los
bosques del planeta. Algunas proyecciones indican que en un plazo de cien
años podría haber un desplazamiento de entre 150 y 550 km en las zonas
climáticas aptas para ciertos bosques. En las regiones montañosas, ciertas
especies y comunidades vegetales, en especial de árboles, podrían
desaparecer totalmente por el desplazamiento hacia latitudes superiores de
especies que viven cerca de los bordes altos de las montañas. La
migración, que se produce por la adaptación de las semillas diseminadas en
zonas más aptas, quedaría limitada por la falta de espacio para que las
semillas puedan establecerse. Los bosques caducifolios (que pierden las
hojas anualmente) se desplazarían hacia latitudes más altas, reemplazando
en muchas regiones a los bosques de coníferas. Estudios realizados en
Suiza sugieren que un aumento de 3º C en la temperatura provocaría una
invasión de árboles caducifolios en el cinturón subalpino y la invasión de
árboles de coníferas en la zona alpina.

Por otro lado hay especies de árboles que han desarrollado una ventaja
comparativa que les permite sobrevivir en condiciones de suelo y clima muy
específicas. Un cambio, siquiera mínimo, de las condiciones las afectaría
gravemente y podría provocar incluso su desaparición.

Pueden ocurrir numerosos cambios en los bosques como consecuencia de
alteraciones sutiles del equilibrio competitivo entre las especies. Por
ejemplo, el aumento de las temperaturas seguramente cambiarían el
intervalo entre la época de floración y la estación en que pierden sus
hojas, pero los efectos podrían ser diferentes para las distintas
especies.

Todo esto, en definitiva, implica que la diversidad biológica estaría en
peligro ya que el posible ritmo del cambio climático al cual estarían
sujetos los bosques será mayor que el ritmo al cual éstos puedan
adaptarse.

* los recursos hídricos: los cambios en las corrientes de los ríos podrían
afectar las napas de agua subterránea. El aumento del nivel del mar podría
provocar el ingreso de agua salada en los acuíferos costeros. Las fuentes
de agua podrían ser degradadas o desaparecer, agudizando la competencia.

* aumento de las sequías y las inundaciones: se calcula que la alteración
de los ciclos hidrológicos provocará la extensión e intensificación de los
procesos de desertificación en varias partes de África, mientras que en el
sudeste asiático ya se está experimentando la disminución de los monzones
en algunas regiones. En otras regiones, como Nepal, Birmania e India,
esos cambios han causado inundaciones en gran escala.

* contaminación de la tierra y el agua: las inundaciones contribuirían a
esparcir los productos químicos tóxicos utilizados en los modelos
agrícolas industriales.

Todos estos factores sumados implicarían el colapso de numerosos
ecosistemas frágiles (bosques y arrecifes de coral, por ejemplo), que no
pueden responder con la suficiente rapidez a los cambios bruscos de
temperatura, con lo cual habría un aumento drástico del índice de pérdida
de especies. La pérdida de la biodiversidad podría incluso desencadenar
una serie de catástrofes que podrían significar la extinción de la vida
del planeta tal como la conocemos.-EcoPortal.net

Extractado del Boletín 76 del WRM - www.wrm.org.uy


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