Problemáticas ambientales:

Agua potable en la mira de conflictos mundiales futuros

Juan Bazán

ARGENPRESS.info

19 de diciembre del 2002

Foro ALCArajo: Mensaje 1094


Recientemente la ONU declaró el año 2003 como Año
Internacional del Agua Potable, a la luz de este hecho
el autor analiza, en este primer artículo, la
disponibilidad del vital elemento y el uso o derroche
que hacen del mismo distintos países según su grado de
desarrollo económico.

Ver también:
2003 SERA PARA LA ONU EL AÑO INTERNACIONAL DEL AGUA
POTABLE del (12/12/2002)

Que los problemas relacionados con el agua se
convertirán, en cualquier momento, en violentos
conflictos no es ninguna novedad. Desde hace décadas
diversos grupos ambientalistas y científicos, vienen
alertando sobre este problema a los organismos
oficiales y a la opinión pública internacional. Recién
ahora la ONU parece reaccionar (como se informara en
estas mismas paginas- edición del 12-12-02), cuando se
informaba que 'La vice secretaria general de las
Naciones Unidas, Louise Frechette, anunció hoy que
2003 será para la organización, el año internacional
del agua fresca, de lo que carecen mil millones de
personas en el mundo'. El otro dato importante de ese
artículo es que señala que: 'Las dos terceras partes
de los mayores ríos del mundo son compartidos por
varios estados y más de 300 superficies fluviales
atraviesan fronteras nacionales'. Aquí estarían
enunciados los principales ingredientes de 'la
hipótesis de conflicto' que representará el agua
potable a este complicado siglo que comenzamos a
transitar.

Todo comenzó hace mucho tiempo

La conflictiva relación de la especie humana con el
vital elemento comenzó hace mucho tiempo. No existen
datos históricos precisos, sin embargo, en la película
'2001 Odisea del Espacio' de Stanley Kubrick -si
recuerdan los que la vieron- hay una escena profética
apenas comienza el film. Un grupo de homínidos,
aterrorizados por la presencia del misterioso
monolito, inician una batalla y descubren el uso de
las armas debido a una disputa por la posesión de una
aguada. La escena conecta a ese remoto pasado con
nuestro desconocido futuro. El primate vencedor arroja
su arma -un hueso- al cielo y este se convierte, ya en
el espacio, en una estilizada nave espacial. Esa
agresividad posesiva nos humanizó -según esta metáfora
fílmica- y nos posibilitó acceder a la tecnología
actual. Ahora, ya transitado ese anunciado futuro, esa
misma tecnología, nos estaría llevando al borde del
abismo sin que el motivo esencial -la posesión del
agua- haya cambiado.

¿Lucharemos por el agua en el futuro? Seguramente,
además ya lo estamos haciendo, según nos alerta la
crónica diaria. Algunos enfrentamientos reciente, en
Medio Oriente, tienen como motivación esa misma
necesidad de los fílmicos primates de Kubrick.

El agua dulce: Un recurso vital seriamente amenazado

Tal vez, el agua, constituya el don más preciado que
la Tierra ofrece a la humanidad. Debiera suponerse,
por tanto, que el hombre se debería mostrar respetuoso
con ella en justa reciprocidad, procurando conservar
sus reservas naturales y esforzándose por salvaguardar
su pureza. Pero la verdad es que muchos países se han
comportado de manera negligente y sin visión de
futuro. Hasta el punto de que el devenir de la especie
humana y de muchas otras puede verse seriamente
comprometido, si no se produce una mejora sensible, en
la gestión de los recursos hídricos de la Tierra.
Según algunos cálculos recientes, la Tierra, cuenta
con 1400 millones de kilómetros cúbicos de agua.
Imaginar este tamaño es difícil, creer que alcanzará
para siempre, es fácil. Sin embargo, la realidad es
muy diferente.

La realidad del recurso agua puede comenzar a
explicarse si se tiene en cuenta que el 98 por ciento
es agua salada. El agua dulce, ese recurso
indispensable para el riego, la industria y la
supervivencia humana, solo representa un 2,5 por
ciento del total. Además, la mayor parte de ese 2,5 %
se reparten entre los casquetes polares, los glaciares
y el agua depositada en capas freáticas, con lo cual
solo es accesible para uso humano el 0,26 por ciento
que se encuentra en forma de lagos, ríos y lagunas.

Recientes investigaciones estiman que, cada año,
retornan al mar, desde los continentes, 41.000
kilómetros cúbicos de agua. De esta forma se equilibra
el transporte de vapor atmosférico del mar hacia la
tierra. Unos 27.000 kilómetros cúbicos, sin embargo,
retornan al mar como escurrimiento superficial no
sujetos a control y otros 5000 kilómetros cúbicos
fluyen al mar en áreas deshabitadas. De los 41.000
kilómetros cúbicos que retornan al mar, solo una
parte, cuyos valores exactos se desconocen, queda
retenida por el suelo y es absorbida por la
vegetación. Este ciclo deja unos 9000 kilómetros
cúbicos directamente disponibles para la explotación
humana mundial. Esto supone una abundante provisión de
agua, suficiente en principio, para abastecer a los
miles de millones de personas que componen la
humanidad actual.

El tema del consumo

En la producción agrícola, por ejemplo, se usa
alrededor de 2500 kilómetros cúbicos por año en todo
el mundo. Agregándole los uso industriales y el
consumo humano, estamos en valores cercanos a los 3750
kilómetros cúbicos. Globalmente, a principios del
siglo pasado, este valor era de 500 kilómetros
cúbicos. Esto demuestra que el consumo mundial se ha
multiplicado por siete desde principios de 1900.

En la Argentina, apenas un 10 por ciento del agua
dulce se destina al consumo público. El 70 por ciento
se emplea en la producción agrícola y el 20 por ciento
restante en la industria. No existe un cuidado
especial del recurso, ni mucha conciencia
conservacionista, que ayuden a enfrentar el futuro del
agua dulce con cierta previsibilidad.

Los especialistas sostienen, que el consumo de agua,
crece dos veces más rápido que el aumento demográfico
de la población mundial. Algunos informes demuestran
que ya hemos consumido algo así como la mitad de los
recursos hídricos disponibles. Sin embargo, semejante
derroche, corresponde solamente a una pequeña porción
de quienes habitan el planeta. En general, hay algo
así como 1200 millones de personas privadas del
abastecimiento de agua potable y 2900 millones, que no
cuentan con un servicio mínimo de estructura
sanitaria. Gracias a esta falta de infraestructura
cloacal mueren cada año unos cinco millones de
personas.

Los norteamericanos son los que usan mas agua,
alrededor de 2300 metros cúbicos per cápita por año,
la mitad de esa cifra en fábricas y plantas de
energía. Japón, España, Portugal, Bélgica y Holanda
consumen alrededor de 900 metros cúbicos. En Gran
Bretaña el consumo es de 225 metros cúbicos y en Suiza
de unos 110. Por su parte los países en desarrollo
usan, en promedio, ente 20 y 40 metros cúbicos por
persona cada año. La demanda de agua para consumo
humano ha crecido con mayor rapidez que la población:
El gasto per capita promedio, por año, de 800 metros
cúbicos, se ha triplicado desde mediados de siglo.

Datos sobre este recurso

El agua dulce de lagos, arroyos, ríos y torrentes del
mundo representa menos del 0,01 por ciento de la
reserva total de agua del planeta. Para nuestra
fortuna, esta provisión de agua dulce se repone sin
cesar a través de la precipitación de vapor de agua de
la atmósfera en forma de lluvia o nieve.
Desgraciadamente, gran parte de esta precipitación se
contamina, durante su caída, de gases y partículas que
la actividad humana libera a la atmósfera. El agua
dulce fluye por la tierra y, en su camino hacia el
océano, va cargándose de partículas y material
disuelto, natural o procedente de los residuos de la
sociedad. Cuando la densidad de población en el área
de drenaje es baja, los materiales de desecho vertidos
pueden ser degradados por microbios mediante un
proceso de autopurificación natural. Sin embargo,
cuando la capacidad de autopurificación del área de
drenaje se ve superada, se acumulan grandes cantidades
de estas sustancias de desecho en los océanos, donde
pueden dañar la vida marina. El agua se evapora y
entra en la atmósfera convertida en vapor. Gran parte
del mismo vuelve a caer al océano; la parte que cae
sobre los continentes constituye un valioso recurso
renovable del cual depende la vida terrestre.

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