Intervención en el Encuentro en Defensa de la Humanidad. 24 y 25 de octubre. Ciudad de México:

Llegó la hora de sustituir a los grandes medios de comunicación

Pascual Serrano

Rebelión

1° de noviembre de 2003


Antes que nada agradecer a los organizadores de este Encuentro la invitación al periódico electrónico Rebelión.

Efectivamente, como muchos de ustedes han señalado en sus exposiciones, vivimos momentos duros para los pueblos, para los movimientos populares y para las ideas de justicia social, igualdad y libertad. No voy a extenderme en el diagnóstico de la situación porque seguro será abordado con más lucidez por muchos de los presentes. Quizás sea ahora más importante que nunca el trabajo conjunto, solidario y coordinado de quienes no nos resignamos a ser víctimas de un modelo depredador y alienante como el que se está imponiendo en el mundo. De esa estrategia es de lo yo me quisiera ocupar.

El término solidaridad que da nombre a esta comisión de trabajo es importante que lo retomemos. Como muchos de ustedes saben, Rebelión, desde hace siete años, una eternidad en términos de desarrollo de internet, pretende ofrecer al mundo esa información que los grandes medios niegan.

Ciudadanos y colectivos nos suelen agradecer el apoyo solidario que les damos con nuestros contenidos. Pero la solidaridad nunca es unidireccional, la solidaridad, aunque no está motivada por el intercambio, siempre es recíproca. Y desinteresada. Nos consideran solidarios a los responsables de Rebelión por publicar informaciones y documentos que se hacen eco de sus problemáticas, pero también lo son tantos y tantos intelectuales y periodistas que nos envían sus trabajos y ponen su pluma al servicio de la verdad y de la defensa de los derechos de los pueblos, muchos de ellos participan en este Encuentro. Y también tantos lectores que nos mandan textos valiosos que quieren compartir con nosotros. Paradójicamente, todos ellos también nos agradecen que publiquemos sus textos.

Pero son los pueblos que luchan a quienes Rebelión y todos debemos estar agradecidos porque son quienes nos dan ejemplo de rebeldía y de dignidad. Porque esa lucha no es sólo para mejorar sus condiciones de vida, no combaten exclusivamente por el pan de sus hijos. Ni los bolivianos que se levantaron contra su criminal gobierno, ni los venezolanos que luchan titánicamente contra el acoso que sufre su revolución bolivariana, ni los cubanos que mantienen alta la bandera de la dignidad y de la independencia lo están haciendo exclusivamente por la mejora de su situación personal. Lo hacen apostando por otro modelo de convivencia, de sociedad, de gobierno, de economía. ¿Existe algo más solidario?. Quiero con esto decir que quienes recibimos los agradecimientos y los títulos de solidarios, debemos ser los agradecidos y somos los principales receptores de solidaridad.

¿Qué sería de nosotros, ciudadanos españoles, avergonzados de un gobierno lacayo y criminal, si no fuera por esos ejemplos de lucha que nos hacen recuperar la confianza en la humanidad?. Se han levantado los bolivianos porque se malvende su gas mientras los españoles regalamos nuestro dinero público transformado en armas y las vidas de nuestros ciudadanos para matar iraquíes, afganos y yugoslavos. Defienden los venezolanos con su vida la restauración de su legítimo gobierno frente a unos golpistas, mientras los españoles elegimos a gobernantes asesinos. Mantienen los cubanos su país socialista frente al acoso de un imperio, mientras mi gobierno se arrodilla frente al presidente norteamericano. ¿Existe algo más vergonzoso?, ¿existe mayor ejemplo de dignidad que el que nos dan pueblos como el boliviano, el cubano, el venezolano y tantos otros?. ¿Quién está ofreciendo solidaridad?, ¿nosotros, informado al mundo de esas dignas luchas?, ¿o ellos, protagonizándolas?


La polarización entre explotadores y explotados, entre criminales y resistentes es la misma que hay entre grandes medios de comunicación por un lado y medios alternativos y comunitarios por otro. Algunos de ustedes han hablado de “penetrar” en los grandes medios de comunicación. Creo que eso es imposible, no hay que penetrar, hay que sustituir a los grandes medios. Se trata de un combate desigual pero en el que se están dando grandes pasos. Los medios comunitarios han demostrado ser toda una alternativa consolidada frente a los grandes emporios de comunicación en crisis como el golpe de Estado en Venezuela o la rebelión en Bolivia. Es verdad que ellos disponen de más dinero, más tecnología, técnicas refinadas y desarrolladas de manipulación. No tienen problemas para conseguir ayudas de los bancos, pero los dueños de los medios son los bancos. Tampoco dificultades para ingresar recursos mediante la publicidad porque las principales empresas anunciantes (telefonía, automovilísticas, financieras) son accionistas. Pero hay una batalla que han perdido, la de la credibilidad. Ya sólo les creen los suyos, la ciudadanía mundial sabe que mienten y saben para quien trabajan. Cada vez que surge una crisis mundial como los atentados en Nueva York y Washington, el comienzo de una nueva invasión norteamericana o el levantamiento de un pueblo, se disparan las audiencias o los accesos a los medios alternativos, lo vemos en Rebelión. ¿Por qué ocurre eso si se trata de acontecimientos ampliamente cubiertos por los grandes periódicos, televisiones y agencias?. Sencillamente, porque no les creen. Porque quieren saber qué dicen los pueblos, los intelectuales críticas, las organizaciones sociales, todos a los que nunca escuchan los grandes medios. Sus elaboradas e impecables imágenes, su brillante papel cuché ya no seduce.

Las posibilidades de los medios alternativos son infinitas. Desde Rebelión se pudo conectar en directo con las manifestaciones de apoyo a la revolución bolivariana y a la intervención de Hugo Chávez, vetada en los medios. La noche de la huida del presidente boliviano, desde Rebelión se podían seguir en directo los acontecimientos a través de las valientes radios comunitarias que no dejaban de emitir. El debate de los juicios en Cuba fue un ejemplo de calidad intelectual rompiendo en bloqueo informativo. No estoy diciendo con todo esto que los humildes miembros del equipo de Rebelión seamos magníficos, insinúo que se pueden hacer muchas cosas para enfrentar el yugo mediático de las grandes corporaciones y gobiernos déspotas. El éxito de accesos de Rebelión, millones de páginas leídas mensualmente, no es tanto un mérito, como la sensación y confirmación generalizada de los ciudadanos del mundo de que la información que les dan los grandes medios no es la verdadera.


Si media docena de tipos, sin dinero, sin recursos, con solamente su ordenador personal son capaces de ser un referente en la contrainformación en castellano es porque a toda esa banda de vasallos y mercenarios de los grandes emporios económicos, que se enriquecen engañando, mintiendo y ocultando desde sus medios de comunicación están absolutamente desacreditados.


Las facultades de periodismo y los popes de la comunicación siguen enviando ese mensaje de imparcialidad, independencia y objetividad del periodismo. Eso no se lo cree ya nadie, la información es una guerra, una guerra entre modelos sociales.

Entre apologetas de un mundo desigual, injusto, mandando por depravados y auténticos terroristas que imponen a sangre y fuego un modelo económico que condena a muerte a miles de personas en todo el mundo y los que apostamos por estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales y luchadores que todos los días se juegan la vida por defender otro modelo de mundo posible. Los primeros informan de los oscar, el fútbol, las ruedas de prensa de los grandes conglomerados empresariales o las declaraciones de los grandes partidos políticos. Nosotros, y otros muchos, hemos decidido informar de los crímenes que cometen los paramilitares en Colombia, de cómo son perseguidas las minorías étnicas ahora en el Kosovo otanizado, de como se miente en la campaña de acoso a Cuba, de las cifras de pobreza de EEUU que todos ocultan, de cómo están conspirando para provocar un golpe de estado en Venezuela o de cómo se están levantando los indígenas en Bolivia o en Ecuador.


Pero el combate es duro, debemos trabajar y mejorar los medios alternativos. Es verdad que nuestros recursos son muy limitados, pero también los apoyos son ilimitados. Movimientos sociales que nos suministran informaciones y datos sobre sus luchas, brillantes intelectuales que no dudan en ceder su trabajos, buenos periodistas que se ponen al servicio de nuestras causas.


También, en este mundo cada vez más pequeño con luchas compartidas, la coordinación es fundamental. Todos estamos en una misma causa, no buscamos ni protagonismos ni glorias, sólo aportar nuestro trabajo para que la verdad de salga a la luz. Creo que esa voluntad está generalizada, los diferentes esfuerzos y sus frutos se comparten y se socializan, esas cosas de los derechos intelectuales y los copyright no van con nosotros. En Rebelión lo pudimos ver cuando pedimos la cesión de los derechos para la edición del libro Washington contra el mundo a autores Noam Chomsky o James Petras o los tristemente ausentes Edward Said y Vázquez Montalbán, entre muchos otros. Ninguno lo dudó, ninguno preguntó nada. Sabían que la prioridad era ponerse al servicio de una causa, la defensa de la humanidad.


Eventos como este tienen que servir no tanto para consolidar nuestros firmes principios y desarrollar nuestros argumentos, como para establecer líneas de trabajo conjunto y coordinado. No podemos desaprovechar esta gran oportunidad que nos brindan los hombres y mujeres que han hecho posible este Encuentro. Necesitamos establecer mecanismos rápidos y eficaces de reacción, la tela de araña que conformamos las personas que aquí estamos y que se expande por Europa y América, tiene que reaccionar instantáneamente cada vez que sufra uno de sus hilos. Con las Naciones Unidas dinamitadas participando en el saqueo de un país, el derecho internacional triturado y los supuestos sistemas democráticos prostituidos, como bien hace referencia en la denominación de este encuentro, es la Humanidad lo que nos estamos jugando.

Ciudad de México, 24 de octubre de 2003

 

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