Entrevista con Ignacio Ramonet:

“La mala información produce ciudadanos dóciles”

Rubén Martín

Rebelión

15 de mayo del 2004


Ramonet combina el ejercicio del periodismo, la reflexión teórica y la militancia política. En abril fue invitado por la Universidad de Guadalajara a la ciudad, a participar en la Cátedra Cortazar que patrocinan Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. Ahí propuso la organización de los ciudadanos, en cuanto consumidores, para exigir información de más calidad. Al mismo tiempo llamó al movimiento altermundista a afinar sus ideas y el combate político en contra del directorio del poder económico y político mundial Es uno de los pensadores más prolíficos del actual movimiento social mundial que critica la globalización. De su reflexión teórica, su ejercicio del periodismo y militancia política han surgido ideas que han sido asumidas por miles de ciudadanos en el planeta inconformes con el capitalismo. Ignacio Ramonet (Redondela, España, 1943) fue el creador de la noción de "pensamiento único", expresión acuñada para criticar el predominio incuestionado de las ideas neoliberales. Fue uno de los animadores del surgimiento de los Foros de Porto Alegre, uno de los creadores del movimiento internacional ATTAC que promueve un impuesto mundial al flujo global de capitales.

Durante cuatro días expuso, en Guadalajara, de modo amable y generoso, sus ideas sobre el estado de la comunicación. Por las páginas de Le Monde Diplomatique, que dirige desde 1991, han pasado algunos de los pensadores críticos más importantes de la actualidad.

Ha dicho que hay una infantilización de la información, ¿qué consecuencias tiene esto?La consecuencia que tiene es que el ciudadano se imagina que la vida política, la vida económica, la vida social, que todo eso es muy sencillo, que basta con querer para las cosas se hagan. Los medios tienen la tendencia a no evocar la complejidad y por otra parte a fuerza de querer ver las cosas muy en detalle, pues ven la pieza del mosaico, pero son incapaces de dar el mosaico entero. Es muy difícil para una persona que consume medios sintetizar una problemática. Si usted le pregunta a alguien 'explíqueme la crisis de Irak, qué es lo que pasa ahí' y esa persona está consumiendo todos los días información sobre Irak, va a tener una dificultad increíble en poder organizarlo, en poder contarlo.

Estamos viendo el adormecimiento de los últimos años o es resultado deliberado de ciertos grupos de medios para lograr eso.

Mire, no creo que sea deliberado en el sentido de que hay la voluntad de realizar una manipulación. Pienso que la motivación principal es una motivación de rentabilidad. Si hablásemos de un país, digamos con un partido único, como podía ser la Unión Soviética, entonces ahí si hay una decisión de controlar la información, pero en nuestras sociedades eso no existe, pero eso ha sido sustituido por el interés de que eso sea rentable. Por otra parte hay el interés de que desestructurando los espíritus, pues la gente será mucho más dócil en definitiva, y se le van a poder vender productos que son de mala calidad, se le van a poder vender sin resistencia, sin que el consumidor resista. Es lo que hemos visto en otros aspectos del consumo, digamos en aparatos electrodomésticos, en alimentación (...) entramos en preocupación de tipo de calidad. Con la libertad de expresión ocurre igual. En la mayoría de los países la libertad es algo nuevo. De unos 50 años para acá o diez años en los países del Este. Entonces estamos tan contentos de eso que por el momento aun no somos más exigentes, pero esa exigencia va a llegar porque nos vamos a dar cuanta porque esto que estamos consumiendo con tanta alegría, con tanta dicha que es la libertad de expresión, en realidad no está produciendo en nosotros lo que podríamos esperar, que no nos está permitiendo entender lo que es difícil.

Antes de llegar a esta exigencia de mayor calidad, ¿no podría ocurrir algo más grave? Hay como una atrofia del intelecto con la baja calidad de la información.

Si porque no hay la conciencia de lo que ocurre. El hecho de consumir mucha información satisface una especie de deseo goloso de consumir información, pero al mismo tiempo, no tenemos aún conciencia de que hay un problema. Creemos que es una solución, decimos:

'menos mal que ahora tenemos esta posibilidad'. Y como las máquinas de comunicar se han multiplicado, ahora tenemos celulares, correo electrónico, estamos todo el día comunicando.

Nos parece que la actividad de comunicar en ya sí suficiente. No es suficiente en la medida en que tengo que darme cuenta de que el mundo se ha hecho mucho más complejo que antes y la manera de presentarlo es mucho más simplificadora que nunca. Ahí hay algo que no funciona, pero de eso no todos estamos conscientes.

Parece que hay muchos más motivos para ser pesimista que optimista. Usted proponía un quinto poder que son los ciudadanos vigilando a los medios, pero ¿ verdaderamente se puede?

Creo que sí, yo soy pesimista en el análisis pero no soy pesimista en la medida que hay soluciones. Hoy los medios han llegado a tal dimensión de abuso, y a veces inconsciente, porque la motivación que se hace es diferente. Yo parto del principio que el sistema mediático funciona con buena fe. No parto del principio de que el sistema quiere mentir, que quiere manipular. Lo que pasa es que lo hace. Bueno, creo que no hay ninguna profesión actualmente en el que haya tanta voluntad de corregirse como en la profesión periodística.

Al hablar de consumidores hablamos de un tercio del planeta, ¿su propuesta no es más bien para una clase media planetaria pero no para el conjunto de las sociedades?

Es posible, pero hay que empezar por el principio. En nuestras sociedades de gran consumo mediático, de gran equipamiento, como son las nuestras o en todo caso nuestras profesiones. En América Latina hay unas desigualdades abismales, pero si tomamos el sector de profesores de universidades, estudiantes, profesionales, periodistas ahí encontramos (...) un grupo tan limitado como en cualquier país, que tiene la responsabilidad de decir 'es necesario como grupo de presión, somos los clientes, los que consumimos, los que en definitiva garantizamos el mercado' entonces tenemos derecho a decir nuestra opinión sobre lo que consumimos. No es normal que quien consume maíz o agua embotellada, tenga derecho a hablar frente al productor y que el que consume información no tenga nada que decir frente al industrial.

¿Qué experiencias podría mencionar donde algo así está ocurriendo, donde sí se está poniendo un control o exigiendo calidad a los medios?

El país donde la situación mediática es más conflictiva, donde los medios han asumido de manera casi arrogante y explícita sus ambiciones de dirigir la vida política, es Venezuela (...) los medios de comunicación dominantes privados, han asumido el papel de oposición y han ido hasta el golpe de estado el 11 de abril de 2002. En Venezuela hay una profunda irritación, en un sector de la población, que considera que los medios han franqueado la línea roja y se han asumido una función que no es la de los medios. La función de los medios es dar información, y en la medida de lo posible, verificada, justa. Y ahí los medios no hacen eso, hacen propaganda.

Se ha constituido un observatorio nacional de los medios, con enormes polémicas como se puede imaginar, es un país muy dividido, pero se ha conseguido que muchos universitarios, muchos periodistas que han denunciado la presión de sus patronos y se ha constituido un observatorio muy rico, que ha ido hasta la constitución de un tribunal mediático internacional, el primero en su tipo, presidido por Naomi Klein. Pero existen observatorios en muchos países. En Italia hay un observatorio que denuncia los abusos de Berlusconi, en Argentina, en Brasil. Yo creo que estos observatorios cometerían un grave error si se politizaran.

No se trata de estar en contra de Berlusconi, ni a favor de él, se trata esencialmente de fijar, de dar una normativa en términos de calidad de información.

Ahora, los retos son demasiados altos, porque usted mencionaba la autocrítica de los periodistas, sin embargo las propietarios de los medios parece que apuntan en otro sentido.

Claro, esa es una dificultad en la que se encuentran muchos compañeros periodistas, que evidentemente están conscientes de todo lo que está pasando pero que no tienen la libertad de decirlo. Durante mucho tiempo esa fue la realidad de los periodistas que no pudieron oponerse al gobierno o al partido, porque dependían de la línea política fijada por el partido; ahora lo que existe es la línea editorial o comercial fijada por los patrones de prensa. Muchos periodistas se sienten muy mal porque no pueden decir lo que saben sobre tal empresa, sobre tal organización, no pueden decir lo que saben sobre tal gobierno o partido porque los patrones de los periódicos tienen acuerdos. En muchas empresas, como han constituido estos grupos multimedia, sólo pueden hablar de los libros que editan las editoriales del grupo, todo eso deforma completamente, no sólo la política, la vida económica, sino también la vida cultural, porque se funciona en términos de clanes.

La era digital apenas es una fracción de la historia y vemos sus consecuencias que ha tenido, toda esta baja calidad en la información, toda esta cultura de masas infantilizada, ¿tenemos precedentes en la historia?

La situación en la que nos encontramos siempre es singular, pero creo que lo que hoy nos escandaliza es esta diferencia: nunca existió una población más educada. Tomemos México:

nunca ha habido tantos estudiantes en la universidad, nunca ha habido tantos egresados de la universidad; hay en este país, como en la mayoría de los países, muchas más personas educadas y en principio cultas. Bien, si observamos solo ese parámetro nos damos cuenta de que esa situación normalmente debería ir acompañada de una producción mediática del mismo nivel, en cambio la producción mediática es más mediocre que nunca. En realidad los periódicos nunca han sido muy buenos, yo no creo en la edad de oro del periodismo, pero lo que digo es que con respecto a la formación de hoy, podíamos por lo menos esperar que en nuestros países hubiese algunos medios de gran calidad. Pero mire, hay muchos países de gran cultura donde ya no hay un periódico que se pueda leer.

El enjambre

¿Pudiéramos hacer una analogía con la ley de la evolución sobre los movimientos de quienes se oponen a la globalización? ¿estamos en un periodo de diversas ideas que están compitiendo para ver cuál puede convertirse en una militancia más eficaz?

En este momento lo que se está planteando, quizá de manera inconsciente, desordenada, desorganizada, pero globalmente, es cómo hacer política de otra manera, cómo hacer una política que sea más real, más articulada a las necesidades e inquietudes de los ciudadanos, cómo hacer una política que no dependa de organizaciones políticas que están en todos los países totalmente desacreditados. Lo que llamamos el movimiento social nos ha permitido avanzar bastante en la definición de lo que es la goblalización, hacernos tomar conciencia que lo que vive un indígena o un maestro mexicano o un empleado de banco no tiene que ver sólo con la realidad mexicana, un campesino o un maestro de África tienen exactamente los mismos problemas que el productor de maíz en México. Hay una especie de mecánica general que se está aplicando a todos los países del mundo y que soporta la ciudadanía; entonces intervenir sólo sobre la dirigencia política local, no tiene consecuencias más arriba. Porque haya el señor Fox, o el señor Salinas o el señor Zedillo, la situación es prácticamente la misma. Porque el punto de inflexión no se encuentra a nivel de palacio de gobierno de nuestro país, probablemente se encuentra más allá. El señor Fox lo que está haciendo es tratando de aplicar unas consignas generales a un marco local, y esto nos ha permitido tratar de reflexionar sobre lo global y sobre lo local. Pero no como se decía antes, pensar global y actual local, yo creo que se ha invertido, ahora es pensar local y actuar global. Si no actuamos global no podemos hacer... si cada uno se queda en su rincón, esto no cambia.

¿Sigue otro ciclo?, Arundhati Roy [escritora india] hacía ahora en Bombay una crítica de que no bastaba con las manifestaciones...

No, claro, yo no fui esta vez, Chomski, tampoco fue. Hemos sido varios que hemos dicho no, 'foros, muy bien que se hagan', pero ya no se puede ir constantemente. Ahora la proposición tiene que tener un aspecto más concreto. Hay que darse lo que yo llamé oponer el Consenso de Porto Alegre al Consenso de Washington, y que esto empiece a aplicarse en todas partes. Ya hay un embrión de opinión pública internacional. Ellos tienen muchos millones de dólares, pero nosotros tenemos muchos millones de personas, nosotros tenemos seis mil millones de personas. Y ellos son 400 o 500 millones, por consiguiente hay que ver que no se puede ser muy pesimista, porque si fuésemos cuatro pelagatos sí, pero no. El problema es que todo el mundo no ha tomado conciencia de lo que se puede obtener, pero hay 4500 millones de personas en la pobreza total.

Entonces, en su opinión ¿está consolidándose un movimiento antisistémico?

Si, pienso que si, que eso no ha parado de consolidarse. Es decir, nadie está pretendiendo construir una organización, nadie está pretendiendo construir un partido; se está construyendo una especie de galaxia, una especie de constelación en el que va haber márgenes de libertad, de iniciativa, de autonomía, pero en realidad la idea es funcionar como un enjambre, en un enjambre cada uno es autónomo, tiene su margen, pero el enjambre funciona unido. Y por consiguiente la idea es un enjambre de enjambres.

¿Dónde debe golpear ese enjambre?

Debe golpear, ahí precisamente donde está el control del poder hoy. En esa estructura cuartipartita constituida por el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización de Cooperación para el Desarrollo (OCDE). Es decir lo que el G-8 ejecuta y lo que se expresa en Davos. El enjambre debe golpear ahí, golpear evidentemente pacífica y políticamente, en términos de discusión de ideas.


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